La Colección Casacuberta Marsans incorpora esta semana a su fondo una obra inédita de Doménikos Theotokópoulos, El Greco: un imponente “Cristo en la Cruz” datado hacia 1585-1590. La pieza, que se presenta al público por primera vez en el Hospital de Sant Saver, eleva a cuatro el número de pinturas del maestro cretense accesibles en la ciudad y se convierte en el eje de una renovada selección expositiva de 46 obras. Esta crucifixión solitaria, con Cristo aún vivo elevando la mirada al Padre, es considerada la versión más antigua del modelo iconográfico que el Greco desarrollaría en Toledo. Su precedente más directo es la “Crucifixión con dos donantes” del Museo del Louvre, procedente del Convento de la Reina de Toledo. La obra procede de una colección particular vinculada al Marquesado de La Motilla y tiene su origen probable en Miguel Espinosa Maldonado de Saavedra, segundo conde del Águila, bibliófilo y coleccionista sevillano que la exhibía en el oratorio de su palacio.. La primera mención documentada data de 1908, cuando Manuel Bartolomé Cossío, uno de los grandes estudiosos del pintor y nombre de referencia de la Institución Libre de Enseñanza, la citó en su mítica monografía sobre El Greco tras conocerla por el crítico alemán Julius Meier-Graefe, quien la había visto años antes en Sevilla junto al pedagogo José de Castillejo. En aquel momento, los propietarios la tenían “en un rincón oscuro de la capilla” y, según anotó Meier-Graefe, “siguen sin comprender que aquello pueda valer, con la cabeza tan chiquitilla y el cuerpo tan largo, tan largo”.. La presentación en el Hospital de Sant Saver articula la dramática espiritualidad del Greco con la tradición de la “España negra” y, especialmente, con el modernismo catalán que lo reivindicó como precursor de la primacía de la emoción sobre el realismo. La obra dialoga directamente con pinturas de José Gutiérrez Solana (“La Dolorosa”, 1921), Ignacio Zuloaga (“Juez de Zamarramala”), Joaquim Mir, Santiago Rusiñol y Ramón Casas, todas presentes en la colección.. “Estamos ante una de las obras de este modelo más interesantes de toda la producción del Greco, completamente autógrafa”, afirma el historiador del arte Juan Antonio García Castro en el dossier de prensa. “Su cuerpo extremadamente alargado, el rostro sereno pero de dramática intensidad, el horizonte bajo y la perspectiva di sotto in sù concentran toda la mirada del espectador sobre el crucificado, acentuando su monumentalidad espiritual”.. La nueva instalación ocupa la antigua nave central de la iglesia del Hospital de Sant Saver, donde el Cristo del Greco preside un diálogo con la arquitectura histórica y otras adquisiciones recientes: una custodia de asiento zaragozana del siglo XVI, un báculo del taller de Silos del siglo XII y la citada Dolorosa de Solana. Se trata de la segunda gran presentación de la Colección Casacuberta Marsans en este espacio, que apenas cumple un año como sede expositiva. “Las piezas dialogan entre sí y con la arquitectura que las envuelve, generando nuevos relatos y ambientes para su contemplación”.. La presentación de la obra es un verdadero acontecimiento por lo que sería deseable que en el futuro quienes se ocupan de la comunicación de esta colección no marginaran a algunos medios en beneficio de otros, como ha podido constatar con pesar estos días quien esto escribe.
La Colección Casacuberta Marsans incorpora una obra inédita del gran pintor
La Colección Casacuberta Marsans incorpora esta semana a su fondo una obra inédita de Doménikos Theotokópoulos, El Greco: un imponente “Cristo en la Cruz” datado hacia 1585-1590. La pieza, que se presenta al público por primera vez en el Hospital de Sant Saver, eleva a cuatro el número de pinturas del maestro cretense accesibles en la ciudad y se convierte en el eje de una renovada selección expositiva de 46 obras. Esta crucifixión solitaria, con Cristo aún vivo elevando la mirada al Padre, es considerada la versión más antigua del modelo iconográfico que el Greco desarrollaría en Toledo. Su precedente más directo es la “Crucifixión con dos donantes” del Museo del Louvre, procedente del Convento de la Reina de Toledo. La obra procede de una colección particular vinculada al Marquesado de La Motilla y tiene su origen probable en Miguel Espinosa Maldonado de Saavedra, segundo conde del Águila, bibliófilo y coleccionista sevillano que la exhibía en el oratorio de su palacio.. La primera mención documentada data de 1908, cuando Manuel Bartolomé Cossío, uno de los grandes estudiosos del pintor y nombre de referencia de la Institución Libre de Enseñanza, la citó en su mítica monografía sobre El Greco tras conocerla por el crítico alemán Julius Meier-Graefe, quien la había visto años antes en Sevilla junto al pedagogo José de Castillejo. En aquel momento, los propietarios la tenían “en un rincón oscuro de la capilla” y, según anotó Meier-Graefe, “siguen sin comprender que aquello pueda valer, con la cabeza tan chiquitilla y el cuerpo tan largo, tan largo”.. La presentación en el Hospital de Sant Saver articula la dramática espiritualidad del Greco con la tradición de la “España negra” y, especialmente, con el modernismo catalán que lo reivindicó como precursor de la primacía de la emoción sobre el realismo. La obra dialoga directamente con pinturas de José Gutiérrez Solana (“La Dolorosa”, 1921), Ignacio Zuloaga (“Juez de Zamarramala”), Joaquim Mir, Santiago Rusiñol y Ramón Casas, todas presentes en la colección.. “Estamos ante una de las obras de este modelo más interesantes de toda la producción del Greco, completamente autógrafa”, afirma el historiador del arte Juan Antonio García Castro en el dossier de prensa. “Su cuerpo extremadamente alargado, el rostro sereno pero de dramática intensidad, el horizonte bajo y la perspectiva di sotto in sù concentran toda la mirada del espectador sobre el crucificado, acentuando su monumentalidad espiritual”.. La nueva instalación ocupa la antigua nave central de la iglesia del Hospital de Sant Saver, donde el Cristo del Greco preside un diálogo con la arquitectura histórica y otras adquisiciones recientes: una custodia de asiento zaragozana del siglo XVI, un báculo del taller de Silos del siglo XII y la citada Dolorosa de Solana. Se trata de la segunda gran presentación de la Colección Casacuberta Marsans en este espacio, que apenas cumple un año como sede expositiva. “Las piezas dialogan entre sí y con la arquitectura que las envuelve, generando nuevos relatos y ambientes para su contemplación”.. La presentación de la obra es un verdadero acontecimiento por lo que sería deseable que en el futuro quienes se ocupan de la comunicación de esta colección no marginaran a algunos medios en beneficio de otros, como ha podido constatar con pesar estos días quien esto escribe.
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