El concierto de Queen en Wembley en 1985 se menciona a menudo como el mejor de la historia, sobre todo por aquellos que no tuvieron la suerte de asistir al de Extremoduro—con Tabletom y Platero y tú de teloneros—en Coín en 1996. Pero todo ranking incorpora una cierta dosis de subjetividad, algo que ocurre también cuando intentamos clasificar las crisis energéticas del último siglo. ¿Cuál fue más importante y cuál es el mejor criterio para medirlo? ¿Incremento de precios del petróleo, impacto en el PIB, duración, impacto en bolsas?. Seguir leyendo
2026 puede convertirse en otro 2022, un año para olvidar
El concierto de Queen en Wembley en 1985 se menciona a menudo como el mejor de la historia, sobre todo por aquellos que no tuvieron la suerte de asistir al de Extremoduro—con Tabletom y Platero y tú de teloneros—en Coín en 1996. Pero todo ranking incorpora una cierta dosis de subjetividad, algo que ocurre también cuando intentamos clasificar las crisis energéticas del último siglo. ¿Cuál fue más importante y cuál es el mejor criterio para medirlo? ¿Incremento de precios del petróleo, impacto en el PIB, duración, impacto en bolsas?. De acuerdo con varias de estas métricas la victoria se la llevan, ex aequo, las dos crisis del petróleo de los años setenta. En 1973 llega la primera. Los países del Golfo deciden castigar a Occidente por apoyar a Israel, reduciendo las exportaciones en unos 5 millones de barriles diarios, casi el 10% de los 60 millones que se consumían entonces. Aunque menor que la disrupción actual, el nivel de dependencia de los países afectados era mucho más elevado y su impacto fue gigantesco. En pocas semanas el precio del petróleo se multiplicó por cuatro y llegaría a multiplicarse por 15 durante la década. Unos meses más tarde el mundo occidental estaba en una recesión agravada por una inflación galopante que tardaría una década en ser controlada. La revolución de Irán de 1979 puso la puntilla a un mundo debilitado.. El daño fue tal que se crearon nuevas instituciones—la Agencia Internacional de la Enregía, un lobby de países consumidores—y se rediseñaron los bancos centrales para poner la inflación en el centro de la política monetaria. Como Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, Occidente juraría que nunca más volvería a pasar hambre (energética) y se adoptaron estrategias para acumular petróleo, diversificar la provisión de energía y buscar fuentes alternativas. De hecho, allí empezó el declive de la Opep.. El impacto en los mercados financieros fue enorme. Las Bolsas cayeron casi un 50% en los seis meses posteriores al embargo, a medida que las expectativas de beneficios se iban destruyendo. La inflación también destruyó los bonos, cuya rentabilidad subió durante esa década del 7 al 15%. Sólo el oro funcionó como refugio, multiplicando por 15 su precio en los 70.. Sin embargo, la mayoría de las crisis energéticas han hecho más ruido que daño. Tienden a ser breves, el porcentaje de la oferta mundial afectado suele ser limitado y fijo, y los mecanismos para compensar la producción perdida con alternativas suelen funcionar. En este grupo se hallan las dos guerras del Golfo, la primavera árabe libia, el bloqueo del canal de Suez en 1959, la guerra entre Irak e Irán—que no fue breve pero sí todo lo demás—y las grandes fases de destrucción de demanda que provocaron la pandemia y la crisis de 2008.. En todos estos casos las bolsas cayeron entre un 10 y un 20% en las primeras semanas, para recuperarlos en cuanto se empieza a tener visibilidad sobre alcance y duración. A menudo los bonos funcionan como refugio ya que los inversores buscan protegerse de la recesión, no de la inflación. El bono americano a 10 años bajó del 8 al 5% durante la primera guerra del Golfo, por ejemplo. El segundo refugio al que acuden los inversores es el oro, que en la fase inicial suele acompañar al petróleo en la subida.. ¿Dónde encaja la crisis actual? De momento sólo tenemos el primer capítulo, pero la mayoría de los analistas la comparan con la provocada por la guerra de Ucrania en 2022, por su origen bélico y porque la economía mundial ha cambiado tanto desde las guerras del Golfo que han dejado de ser patrones válidos. Los mercados confirman esta visión: caen las Bolsas ante la incertidumbre aunque, de momento, de manera moderada, menos de un 4% desde el inicio de la guerra. Cae también la renta fija por el fantasma de la inflación. ¿Qué activos funcionaron entonces y están funcionando ahora para los inversores, además del petróleo? Primero el dólar, que tras haber perdido su estatus de activo seguro durante más de un año, ha vuelto a recuperar la confianza de los inversores con subidas del 5% desde el inicio de la guerra, como también lo hizo en 2022. Otros rincones en los que protegerse fueron y son las energías renovables y las inversiones en infraestructuras, más ajenas al ciclo económico. Y poco más. El oro, que protegió a muchos inversores al inicio de la guerra en 2022, subiendo más de un 10%, está cayendo con fuerza hoy, sobre todo porque la guerra lo ha pillado en máximos históricos, con los inversores preguntándose cuanto recorrido le queda.. 2026 puede convertirse en otro 2022, un año para olvidar. Eso requeriría sobre todo que la guerra durase varios meses, algo improbable con las elecciones americanas a finales de año. Pero incluso si ese fuera el caso, su impacto sobre la economía y los mercados sería, al menos para Europa, menos pronunciado. Primero porque cortar relaciones energéticas con Rusia fue una medida estructural. El gas ruso no va a volver a ser el pilar central de la industria alemana, aunque se firmara la paz en Ucrania mañana. Cuando la guerra en Irán se estabilice, se recuperará la situación anterior. Segundo, un conjunto de factores apunta a que el impacto de esta disrupción sobre la inflación será menor que en 2022. Por ejemplo, gracias al crecimiento de las renovables, el gas ha perdido mucho peso a la hora de determinar los precios de la electricidad en Europa (aún más en España). Además, la guerra no llega en un momento en el que la política fiscal esté a pleno funcionamiento ni en el que los mercados de trabajo estén estresados, como ocurrió con Ucrania. Y, por último, tanto los Gobiernos como los bancos centrales han aprendido algunas lecciones y ya se mueven para evitar que los precios se desanclen.. Nadie sabe si estamos ante una especie de Tercera Guerra del Golfo o ante una crisis energética prolongada pero incluso en ese caso es improbable que el impacto en los mercados sea tan pronunciado como en 2022.. Francisco Quintana es director de estrategias de inversión de ING.
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