En un mundo preocupado por el envejecimiento cerebral, repleto de conocimientos y tecnología médica que buscan entender y descifrarlo, parece improbable que la solución sea la observación de aves. Pero, lo cierto, es que un estudio reciente ha confirmado que esta simple y paciente actividad en la naturaleza tiene un efecto antienvejecimiento en el cerebro.. Se estima que en el mundo hay más de 10.000 especies y 22.000 subespecies de aves según la base de datos Avibase – The World Bird Database, y muchas de ellas conviven en el día a día con los seres humanos. Sin embargo, con el peso de la rutina es posible que para muchos pasen desapercibidas.. Una situación que quizás cambie tras conocer el último estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience, que recoge la investigación del neurocientífico Erik Wing, quien ha descubierto que observar aves a través de prismáticos tiene el mismo efecto positivo en el cerebro que aprender idiomas o realizar creaciones artísticas.. El estudio halló un efecto en la neuroplasticidad. En la investigación liderada por Wing, el científico descubrió que aquellos observadores más experimentados de aves presentan una estructura cerebral más densa y compleja. Un cambio o transformación que sucede precisamente en las regiones cerebrales que se vinculan con la atención o la percepción visual. Para llegar a este hallazgo, el neurocientífico ha desvelado que «la medida que utilizamos es la difusión de las moléculas de agua en el cerebro. Una forma sencilla de explicar este fenómeno es que hay menos restricciones sobre dónde va el agua en los cerebros de los expertos».. En este sentido, para el estudio se realizaron resonancias magnéticas sobre 58 sujetos equiparados en edad y nivel educativo. La única diferencia fue que mientras 29 de ellos eran expertos en la observación de aves, los otros 29 nunca habían realizado esta actividad. Y así fue como pudieron observar que en el caso de los primeros había modificaciones cerebrales.. La investigación pudo desvelar que aquellos que observan aves mejoran el rendimiento cognitivo de forma selectiva. Un hecho que se pudo demostrar tras mostrar imágenes de aves desconocidas, que dio como resultado una actividad intensa en las áreas cerebrales para identificarlas. Es decir, habría un impacto en la neuroplasticidad, concepto que procede de la teoría de que el sistema nervioso puede modificar su estructura y crecer según aprende y se esfuerza mentalmente.. Un efecto positivo en el deterioro cognitivo. Este hallazgo ha llevado al neurocientífico a pensar que de cierta forma esta exposición prolongada a la observación, la concentración y el aprendizaje, cumple igual que la evidencia de otros estudios sobre los efectos positivos en el cerebro para frenar el deterioro cognitivo de aprender a tocar unos instrumentos musicales, idiomas u otras creaciones artísticas. «La adquisición de habilidades a través de la observación de aves parece ser beneficiosa para la cognición a medida que las personas envejecen», explicó Erik Wing.. Referencia del estudio. Wing, E. A., Chad, J. A., Mariotti, G., Ryan, J. D., & Gilboa, A. (2026). The tuned cortex: Convergent expertise-related structural and functional remodeling across the adult lifespan. Journal Of Neuroscience, e1307252026. https://doi.org/10.1523/jneurosci.1307-25.2026
Un estudio liderado por el neurocientífico Erik Wing iguala en efectos positivos cerebrales la observación de aves y el aprendizaje de idiomas.
En un mundo preocupado por el envejecimiento cerebral, repleto de conocimientos y tecnología médica que buscan entender y descifrarlo, parece improbable que la solución sea la observación de aves. Pero, lo cierto, es que un estudio reciente ha confirmado que esta simple y paciente actividad en la naturaleza tiene un efecto antienvejecimiento en el cerebro.. Se estima que en el mundo hay más de 10.000 especies y 22.000 subespecies de aves según la base de datos Avibase – The World Bird Database, y muchas de ellas conviven en el día a día con los seres humanos. Sin embargo, con el peso de la rutina es posible que para muchos pasen desapercibidas.. Una situación que quizás cambie tras conocer el último estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience, que recoge la investigación del neurocientífico Erik Wing, quien ha descubierto que observar aves a través de prismáticos tiene el mismo efecto positivo en el cerebro que aprender idiomas o realizar creaciones artísticas.. El estudio halló un efecto en la neuroplasticidad. La observación de aves tiene efectos en la neuroplasticidad.Pixabay/fotoblend. En la investigación liderada por Wing, el científico descubrió que aquellos observadores más experimentados de aves presentan una estructura cerebral más densa y compleja. Un cambio o transformación que sucede precisamente en las regiones cerebrales que se vinculan con la atención o la percepción visual. Para llegar a este hallazgo, el neurocientífico ha desvelado que «la medida que utilizamos es la difusión de las moléculas de agua en el cerebro. Una forma sencilla de explicar este fenómeno es que hay menos restricciones sobre dónde va el agua en los cerebros de los expertos».. En este sentido, para el estudio se realizaron resonancias magnéticas sobre 58 sujetos equiparados en edad y nivel educativo. La única diferencia fue que mientras 29 de ellos eran expertos en la observación de aves, los otros 29 nunca habían realizado esta actividad. Y así fue como pudieron observar que en el caso de los primeros había modificaciones cerebrales.. La investigación pudo desvelar que aquellos que observan aves mejoran el rendimiento cognitivo de forma selectiva. Un hecho que se pudo demostrar tras mostrar imágenes de aves desconocidas, que dio como resultado una actividad intensa en las áreas cerebrales para identificarlas. Es decir, habría un impacto en la neuroplasticidad, concepto que procede de la teoría de que el sistema nervioso puede modificar su estructura y crecer según aprende y se esfuerza mentalmente.. Un efecto positivo en el deterioro cognitivo. Estudio del cerebro.Getty Images. Este hallazgo ha llevado al neurocientífico a pensar que de cierta forma esta exposición prolongada a la observación, la concentración y el aprendizaje, cumple igual que la evidencia de otros estudios sobre los efectos positivos en el cerebro para frenar el deterioro cognitivo de aprender a tocar unos instrumentos musicales, idiomas u otras creaciones artísticas. «La adquisición de habilidades a través de la observación de aves parece ser beneficiosa para la cognición a medida que las personas envejecen», explicó Erik Wing.. Referencia del estudio. Wing, E. A., Chad, J. A., Mariotti, G., Ryan, J. D., & Gilboa, A. (2026). The tuned cortex: Convergent expertise-related structural and functional remodeling across the adult lifespan. Journal Of Neuroscience, e1307252026. https://doi.org/10.1523/jneurosci.1307-25.2026
