Deslizar. Elegir. Descartar. Las aplicaciones de citas han convertido el amor en un gesto casi automático. En cuestión de segundos, una persona decide si le interesa otra basándose en unas pocas fotos y unas líneas de texto. Y, en ese proceso, millones de perfiles terminan pareciéndose entre sí: altura, aficiones, trabajo, alguna frase ingeniosa. Pero hay un problema.. Cada vez más usuarios manifiestan fatiga, hastío o indiferencia. Según distintos informes de plataformas como Tinder o Bumble, una parte creciente de quienes utilizan estas aplicaciones reconoce sentirse agotada por la superficialidad y la repetición. A nivel global, 350 millones de personas usan apps de citas, pero el éxito real, las conexiones significativas, no siempre acompaña.. En ese contexto, un nuevo estudio ofrece una idea tan simple como contraintuitiva: el problema no es quién eres, sino cómo lo cuentas. El análisis, publicado en Psychology of Popular Media, parte de una observación casi obvia, pero poco aplicada: los humanos conectamos a través de historias.. “Nos fascinan las historias, pero escribimos nuestros perfiles como listas de compra – explica Gurit Birnbaum, profesora de psicología en la Reichman University y líder del estudio -. No es la altura o la ambición lo que hace que alguien se enamore, es toda tu historia. Pero eso no se puede sentir en una lista de puntos”.. La metáfora es certera. En muchas apps, las personas se presentan como productos: rasgos, características, ventajas competitivas. Pero el cerebro humano no está diseñado para enamorarse de fichas técnicas. Para demostrarlo, el equipo de Birnbaum, realizó experimentos con casi 600 participantes.. La clave era sencilla: mostrar perfiles con exactamente la misma información, pero presentada de dos formas distintas. En una versión, los datos aparecían como una lista: toca la guitarra, estudia economía, le gusta viajar. En la otra, esos mismos elementos se integraban en una narrativa: la guitarra como regalo de un abuelo, la música como hilo conductor de su vida, los viajes como una forma de explorar el mundo.. El resultado fue consistente en todos los casos. Los perfiles narrativos generaban más empatía. Y esa empatía, a su vez, aumentaba el interés romántico. No importaba solo qué se decía, sino cómo se construía la identidad de la persona.. El hallazgo tiene implicaciones interesantes. Las aplicaciones de citas funcionan como sistemas de filtrado rápido, casi mecánico. Pero la atracción humana no sigue ese ritmo. Necesita contexto, matices, pequeñas historias que permitan imaginar a la otra persona. Cuando un perfil introduce narrativa, en el texto o incluso en las fotos, activa algo distinto: la capacidad de proyectarse en la vida del otro. De pronto, ya no es “alguien que viaja”, sino alguien con quien puedes imaginar un viaje.. “Al humanizar los perfiles y fomentar una conexión emocional genuina, el storytelling contrarresta la naturaleza objetificante de las apps – añade Birnbaum -. Ayuda a ver a los demás como personas, no como productos”.. Luego, el estudio también analizó imágenes. Las fotos neutras (posando en un parque o en la calle) resultaban menos efectivas que aquellas que mostraban a la persona en acción: haciendo deporte, estudiando, compartiendo tiempo con amigos.. No es una cuestión estética, sino narrativa. Un retrato no es tan fuerte como una escena. El estudio no promete fórmulas mágicas ni perfiles infalibles. Pero sí desmonta una idea muy extendida: que optimizar un perfil consiste en resaltar cualidades aisladas. La ciencia sugiere lo contrario.
Un estudio analizó centenares de perfiles para llegar a la clave para señalar el más indicado.
Deslizar. Elegir. Descartar. Las aplicaciones de citas han convertido el amor en un gesto casi automático. En cuestión de segundos, una persona decide si le interesa otra basándose en unas pocas fotos y unas líneas de texto. Y, en ese proceso, millones de perfiles terminan pareciéndose entre sí: altura, aficiones, trabajo, alguna frase ingeniosa. Pero hay un problema.. Cada vez más usuarios manifiestan fatiga, hastío o indiferencia. Según distintos informes de plataformas como Tinder o Bumble, una parte creciente de quienes utilizan estas aplicaciones reconoce sentirse agotada por la superficialidad y la repetición. A nivel global, 350 millones de personas usan apps de citas, pero el éxito real, las conexiones significativas, no siempre acompaña.. En ese contexto, un nuevo estudio ofrece una idea tan simple como contraintuitiva: el problema no es quién eres, sino cómo lo cuentas. El análisis, publicado en Psychology of Popular Media, parte de una observación casi obvia, pero poco aplicada: los humanos conectamos a través de historias.. “Nos fascinan las historias, pero escribimos nuestros perfiles como listas de compra – explica Gurit Birnbaum, profesora de psicología en la Reichman University y líder del estudio -. No es la altura o la ambición lo que hace que alguien se enamore, es toda tu historia. Pero eso no se puede sentir en una lista de puntos”.. La metáfora es certera. En muchas apps, las personas se presentan como productos: rasgos, características, ventajas competitivas. Pero el cerebro humano no está diseñado para enamorarse de fichas técnicas. Para demostrarlo, el equipo de Birnbaum, realizó experimentos con casi 600 participantes.. La clave era sencilla: mostrar perfiles con exactamente la misma información, pero presentada de dos formas distintas. En una versión, los datos aparecían como una lista: toca la guitarra, estudia economía, le gusta viajar. En la otra, esos mismos elementos se integraban en una narrativa: la guitarra como regalo de un abuelo, la música como hilo conductor de su vida, los viajes como una forma de explorar el mundo.. El resultado fue consistente en todos los casos. Los perfiles narrativos generaban más empatía. Y esa empatía, a su vez, aumentaba el interés romántico. No importaba solo qué se decía, sino cómo se construía la identidad de la persona.. El hallazgo tiene implicaciones interesantes. Las aplicaciones de citas funcionan como sistemas de filtrado rápido, casi mecánico. Pero la atracción humana no sigue ese ritmo. Necesita contexto, matices, pequeñas historias que permitan imaginar a la otra persona. Cuando un perfil introduce narrativa, en el texto o incluso en las fotos, activa algo distinto: la capacidad de proyectarse en la vida del otro. De pronto, ya no es “alguien que viaja”, sino alguien con quien puedes imaginar un viaje.. “Al humanizar los perfiles y fomentar una conexión emocional genuina, el storytelling contrarresta la naturaleza objetificante de las apps – añade Birnbaum -. Ayuda a ver a los demás como personas, no como productos”.. Luego, el estudio también analizó imágenes. Las fotos neutras (posando en un parque o en la calle) resultaban menos efectivas que aquellas que mostraban a la persona en acción: haciendo deporte, estudiando, compartiendo tiempo con amigos.. No es una cuestión estética, sino narrativa. Un retrato no es tan fuerte como una escena. El estudio no promete fórmulas mágicas ni perfiles infalibles. Pero sí desmonta una idea muy extendida:que optimizar un perfil consiste en resaltar cualidades aisladas. La ciencia sugiere lo contrario.
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