Las montañas albergan dioses. También esconden tesoros defendidos por hadas, nibelungos o dragones que no deben ser despertados. En las montañas se esconde el Ñuberu o el Basajaun o la Pesanta. El Olimpo, el Anboto, el Etna, el Ararat, el Elburz. Cambia el nombre de las divinidades, pero el altar permanece. Y, abajo, los seres humanos miran las moles y dicen: mientras estén allí, seguiremos aquí. La montaña es la necesidad de que todo esconda algo. Todo debe ser otra cosa. Somos porque creemos juntos.. Seguir leyendo
Las montañas albergan dioses. También esconden tesoros defendidos por hadas, nibelungos o dragones que no deben ser despertados. En las montañas se esconde el Ñuberu o el Basajaun o la Pesanta. El Olimpo, el Anboto, el Etna, el Ararat, el Elburz. Cambia el nombre de las divinidades, pero el altar permanece. Y, abajo, los seres humanos miran las moles y dicen: mientras estén allí, seguiremos aquí. La montaña es la necesidad de que todo esconda algo. Todo debe ser otra cosa. Somos porque creemos juntos. Seguir leyendo
Las montañas albergan dioses. También esconden tesoros defendidos por hadas, nibelungos o dragones que no deben ser despertados. En las montañas se esconde el Ñuberu o el Basajaun o la Pesanta. El Olimpo, el Anboto, el Etna, el Ararat, el Elburz. Cambia el nombre de las divinidades, pero el altar permanece. Y, abajo, los seres humanos miran las moles y dicen: mientras estén allí, seguiremos aquí. La montaña es la necesidad de que todo esconda algo. Todo debe ser otra cosa. Somos porque creemos juntos.. Más información. La editorial Errata Naturae ha recuperado Historia de una montaña, un clásico de la escritura de la naturaleza (nature writing), un género muy popular hace siglos, cuando el viaje y la imagen no estaban al alcance de todo el mundo. El geógrafo y anarquista Élisée Reclus, cuya biografía ya es una novela, escribió el libro en sus años de destierro en Suiza tras su participación en la Comuna de París. Podría haber sido peor. La intervención de personalidades de la ciencia y la cultura impidió su deportación perpetua a Nueva Caledonia.. “Estaba triste, cansado de la vida. El destino había sido duro conmigo. Me había arrebatado a seres queridos, había arruinado mis proyectos, había reducido a la nada mis esperanzas”. A la derrota de la Comuna se sumaba el fallecimiento con cinco años de diferencia de sus dos parejas y el libro parte de un poso de tristeza que contrasta con otras obras del autor donde late esa confianza en el ser humano del anarquismo.. Para comprender en su totalidad la arquitectura de la montaña, dice Reclus, hay que estudiarla, recorrerla en todas las direcciones porque, como cada cosa, conforma un infinito para quien pretende conocerla en su totalidad. Maravillosa definición del amor. El libro hace ese recorrido exhaustivo por todos los elementos: las rocas, la vegetación, los animales, los fósiles o las nubes. El autor insiste en la idea de que el tiempo humano es ínfimo comparado con el geológico, al que hoy día cabría añadir el virtual, más acelerado y desechable.. El estilo minucioso, lento como un paseo sin cámara de fotos, puede ser incómodo para la mirada actual no sólo por la pausa que propone, sino por la ausencia de elementos productivos. No es una guía de viajes, no es un manual de senderismo y tampoco hay grandes digresiones porque la primera persona se diluye de una manera a la que estamos poco acostumbrados. Aparece al principio, en algunos momentos concretos, como la tormenta, donde la narración se tensa, y al final, para decirnos que, pese a que tenga que volver a la ciudad, lo escrito le permitirá disfrutar de la intimidad de la roca, el insecto y la brizna de hierba. Esa es su propuesta. Es un libro al que entregarse como a un placer lento. Sofá y manta.. El arco del invisible protagonista es claro: la soledad de la que parte al inicio le permite sentir el abrazo de lo vivo y mirar todo con detenimiento, demorarse en cada pequeño elemento de la montaña y sentir que eso no es todo. Hay algo. El libro acaba con varios capítulos dedicados a la capacidad que han tenido las montañas de despertar la imaginación humana y, de ahí, vuelve a una nueva confianza en el ser humano. Todavía no, pero quizá algún día.. Élisée Reclus. Ilustraciones de Clément Vuillier. Traducción de Marcos Nava. Errata Naturae, 2026. 224 páginas. 27 euros. Búsquelo en su librería
