El mundo se está convirtiendo cada vez más en un lugar hostil. La nueva escalada de tensión en Oriente Medio entre Estados Unidos, Israel e Irán se suma a años de guerras y crisis internacionales que han ido multiplicándose en distintas regiones del planeta. En medio de este escenario de creciente inestabilidad, a menudo se pasa por alto el papel de quienes figuran entre las principales víctimas de la guerra: las mujeres.. Como apunta la ONG Manos Unidas, los conflictos armados multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y niñas y aumentan en un 87% la violencia sexual contra ellas, una realidad que se repite de forma sistemática. El contexto global refleja una tendencia preocupante. Según el Índice Global de Paz 2025, el mundo no solo es hoy menos pacífico, sino también menos capaz de construir la paz. Actualmente, más de 78 países están involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras, lo que evidencia un progresivo debilitamiento de los mecanismos multilaterales destinados a prevenir o resolver conflictos.. En total, el planeta registra más de 59 conflictos activos, la cifra más elevada desde la Segunda Guerra Mundial. Y, en la mayoría de ellos, las mujeres y las niñas se encuentran entre las primeras víctimas. «En general, su acceso a los servicios de socorro queda limitado. Sufren desplazamientos forzosos, pérdida de familiares, destrucción de hogares y falta de acceso a educación, empleo y servicios de salud. Son reclutadas en conflictos armados y, en muchos casos, víctimas de matrimonios forzados, embarazos no deseados y de violencia sexual», explica Fidele Podga, coordinador de estudios y documentación de Manos Unidas.. A pesar de que el impacto de la guerra sobre ellas es desproporcionado, su participación en los procesos que buscan poner fin a los conflictos sigue siendo mínima. Solo una de cada diez negociaciones de paz incluyó mujeres en 2024, según recuerda nuevamente Manos Unidas. Esta exclusión contrasta con el reconocimiento internacional de su papel en la construcción de paz. La Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, adoptada en el año 2000, insta a los Estados a garantizar la participación de las mujeres en la prevención y resolución de conflictos, así como en los procesos de reconstrucción posteriores.. Sin embargo, más de dos décadas después, la presencia femenina en las negociaciones sigue siendo marginal. En un momento en el que el número de conflictos no deja de aumentar y los mecanismos internacionales muestran signos de debilidad, organizaciones humanitarias y expertos insisten en que ignorar el papel de las mujeres no solo perpetúa desigualdades, sino que también dificulta la construcción de una paz duradera.
El mundo se está convirtiendo cada vez más en un lugar hostil. La nueva escalada de tensión en Oriente Medio entre Estados Unidos, Israel e Irán se suma a años de guerras y crisis internacionales que han ido multiplicándose en distintas regiones del planeta. En medio de este escenario de creciente inestabilidad, a menudo se pasa por alto el papel de quienes figuran entre las principales víctimas de la guerra: las mujeres.. Como apunta la ONG Manos Unidas, los conflictos armados multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y niñas y aumentan en un 87% la violencia sexual contra ellas, una realidad que se repite de forma sistemática. El contexto global refleja una tendencia preocupante. Según el Índice Global de Paz 2025, el mundo no solo es hoy menos pacífico, sino también menos capaz de construir la paz. Actualmente, más de 78 países están involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras, lo que evidencia un progresivo debilitamiento de los mecanismos multilaterales destinados a prevenir o resolver conflictos.. En total, el planeta registra más de 59 conflictos activos, la cifra más elevada desde la Segunda Guerra Mundial. Y, en la mayoría de ellos, las mujeres y las niñas se encuentran entre las primeras víctimas. «En general, su acceso a los servicios de socorro queda limitado. Sufren desplazamientos forzosos, pérdida de familiares, destrucción de hogares y falta de acceso a educación, empleo y servicios de salud. Son reclutadas en conflictos armados y, en muchos casos, víctimas de matrimonios forzados, embarazos no deseados y de violencia sexual», explica Fidele Podga, coordinador de estudios y documentación de Manos Unidas.. Una de cada diez negociaciones de paz. A pesar de que el impacto de la guerra sobre ellas es desproporcionado, su participación en los procesos que buscan poner fin a los conflictos sigue siendo mínima. Solo una de cada diez negociaciones de paz incluyó mujeres en 2024, según recuerda nuevamente Manos Unidas. Esta exclusión contrasta con el reconocimiento internacional de su papel en la construcción de paz. La Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, adoptada en el año 2000, insta a los Estados a garantizar la participación de las mujeres en la prevención y resolución de conflictos, así como en los procesos de reconstrucción posteriores.. Sin embargo, más de dos décadas después, la presencia femenina en las negociaciones sigue siendo marginal. En un momento en el que el número de conflictos no deja de aumentar y los mecanismos internacionales muestran signos de debilidad, organizaciones humanitarias y expertos insisten en que ignorar el papel de las mujeres no solo perpetúa desigualdades, sino que también dificulta la construcción de una paz duradera.
Los conflictos armados multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y niñas y aumentan en un 87% la violencia sexual contra ellas, según Manos Unidas.
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