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  Cultura  Peter Frampton: La noche que le convirtió en estrella y luego le devastó
Cultura

Peter Frampton: La noche que le convirtió en estrella y luego le devastó

8 de marzo de 2026
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Aquellos años 70 fueron extraordinarios para la música. También fueron pródigos en historias legendarias y propias de esa tragicomedia que siempre ha sido el rock and roll. Una de las más memorables fue la de «Frampton comes alive!», un fenómeno capaz de convertirse en el álbum en directo más vendido de toda la historia con sus 16 millones de copias. Fue uno de los grandes documentos sonoros de aquellos tiempos y ayudó a definir en qué parámetros comerciales se movía la industria. Fue más que un simple álbum de éxito. Así se construía una estrella… y así se destruía. Ocurrió hace justo 50 años.. Aquel fue un álbum que logró capturar lo que fue la «era del rock en estadios» y el emergente formato de música orientada a la FM, la banda sonora que acompañaba la película de la vida de cualquier adolescente de la época. Había un chiste en «Wayne’s World II» que decía que este disco se entregaba al nacer a todos los niños estadounidenses que nacían. Alcanzó el número uno el 10 de abril de 1976, permaneció allí durante 10 semanas no consecutivas y se mantuvo en las listas de éxitos durante casi dos años.. Su protagonista, Peter Frampton, era un niño prodigio que antes de lanzarse como solista había formado parte de la superbanda de hard rock Humble Pie y luego de Camel. Alentado por sus virtudes como compositor y tremendo guitarrista, decidió volar solo, pero no salió como pensaba. Sus tres primeros álbumes en solitario ni siquiera lograron entrar en el top 100 y todo eran dudas cuando con 25 años se embarcó la gira de «Frampton comes alive!». A partir de aquí llega el cúmulo de casualidades.. Lo primero: la mitad del álbum en directo se grabó en el Winterland de San Francisco, un recinto de dimensiones muy modestas, y la otra mitad no se registraría hasta seis meses después, ya con todo más rodado. Lo segundo: la primera versión del álbum se programó para que fuera un solo disco, y no dos, y no incluía la pegadiza «Show me the way» ni la balada «Baby I love your way», dos de los mayores éxitos del producto final y canciones que los fans de Peter Frampton le pedirían a gritos cada noche hasta hoy.. Jerry Moss, la M de A&M Records, había fichado al muchacho para su sello cuando este apenas tenía 19 años. Según Moss, «tenía una cara muy agradable, no le importaba trabajar y tenía una actitud genial». Más allá de su atractivo físico para adolescentes, lo cierto es que Peter Frampton era lo que se podría considerar como una «antiestrella», alguien alejado de clichés como la vanidad, la presuntuosidad y la ambición. Así que Moss voló a Nueva York para asistir a las sesiones de mezcla y se quedó de piedra al descubrir que faltaban «Show me the way» y «Baby I love your way» en la primera versión. No se lo podía creer. Con la visión de los viejos tiempos, exigió la edición de un álbum doble y pidió grabar media docena de conciertos más durante la gira.. La escalada y la caída. Para entonces, Peter Frampton ya estaba de vacaciones mientras se replanteaba su carrera. En ese momento, recibió la llamada de su representante: «Vuelves a salir de gira». A la carrera, se programaron nuevas fechas con un motivo principal: obtener nuevas canciones para arropar «Show me the way» y «Baby I love your way» en un álbum doble que estaría listo para su lanzamiento a comienzos de 1976. «Recuerdo que fue una de las primeras noches que encabezamos en San Francisco, o en cualquier otro lugar. No me preocupaba que el camión de grabación estuviera afuera, me preocupaba que tuviéramos suficiente material para hacer una hora y media. Estábamos acostumbrados a hacer 50 minutos», suscribiría años después el propio guitarrista.. El disco se publicaría sin gran impacto inicial en listas y en medio del desánimo general. Pero para Moss ya era una cuestión personal. Tiró de contactos, llamó a las principales radios de FM y sus dos canciones estandarte empezaron a sonar por todas las emisoras principales del país. «Frampton comes alive!» saltaría al puesto 51 en su segunda semana, luego al 22, después al 6, a continuación al 4 y finalmente el representante del propio Peter Frampton le llamaría para anunciarle: «Somos el número 1». Era abril de 1976.. La versión de estudio de «Show me the way» se había lanzado como sencillo en 1975, pero no tuvo ningún éxito. La toma en vivo se grabó en el Island Music Center de Commack, Long Island, y conseguiría el efecto que Moss había imaginado: el sonido del público era parte fundamental del efecto de una canción en vivo. Solo hacía falta subir un poco el volumen en partes muy concretas. Esa era parte fundamental del poder de seducción de «Frampton comes alive!»: permitir que cualquiera en su coche pudiera sentirse parte de aquella audiencia masiva que se excitaba hasta el paroxismo en mitad de una canción.. Después vendría la destrucción. Peter Frampton llevaba más de una década en el negocio cuando se convirtió en estrella y cuando prácticamente ya había arrojado la toalla. Con su directo, no solo había pasado a ser un guitarrista y compositor admirado a nivel planetario, sino que se había convertido en un ídolo adolescente, portada de «Rolling Stone» y reclamo comercial. Con toda la sobreexposición que aquello conllevaba. Y todo se fue de las manos. El siguiente álbum, «I’m In You», tendría una buena acogida éxito comercial, pero notoriamente menor a lo imaginado. Se montaría en la nube de la fama, las fiestas, el hedonismo, el vino y la harina. En 1978 protagonizaría la adaptación cinematográfica de «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band», un desastre crítico que esencialmente aplastaría su fase de ídolo adolescente y su futuro.. Nunca más lograría –ni de lejos– el éxito comercial de su disco en directo y comenzaría una abrupta decadencia como pocas veces se ha visto. Y acabaría como había pensado en sus horas más bajas antes de sacar su famoso directo: como guitarrista de otro. Así, en 1987 se enrolaría como músico de David Bowie para la gira Glass Spider World Tour. Nadie le reconocía como aquel hermoso muchacho que tocaba «Show me the way». Y poco más. Ahora tiene 75 años y padece miositis por cuerpos de inclusión, una enfermedad muscular degenerativa e incurable que causa debilidad y fatiga. Le cuesta sostener la guitarra y anda con dificultad. La vida.. El ejemplo de Django Reinhardt. «Voy a seguir mientras mis dedos… Bueno, ya sabes… Y cada vez es más difícil, tengo que admitirlo. Pero lo peor de tocar para mí es que, cuando hago un solo, tengo que pensar en lo que estoy tocando. No quiero pensar, quiero que me salga del corazón. Así es como siempre he tocado», se lamentaba Peter Frampton por los efectos de su enfermedad. Pero recordaba al maestro Django Reinhardt, legendario guitarrista de jazz que perdió la sensibilidad en los dedos anular y meñique en el incendio de la caravana donde vivía. Todavía hoy, al escucharle tocar «Exactly like you», «Tears» o «Minor swing» hay que preguntarse cómo lograba aquello, y Frampton toma su ejemplo. «Eso es lo que hago, porque disfruto mucho con la música. Suena raro: estás perdiendo el poder de tocar. Sí, pero estoy elaborando, y disfrutando, una forma diferente de tocar para poder seguir haciéndolo».

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Se cumplen 50 años del álbum en vivo más vendido de toda la historia tras un increíble cúmulo de casualidades y que definió una época

  

Aquellos años 70 fueron extraordinarios para la música. También fueron pródigos en historias legendarias y propias de esa tragicomedia que siempre ha sido el rock and roll. Una de las más memorables fue la de «Frampton comes alive!», un fenómeno capaz de convertirse en el álbum en directo más vendido de toda la historia con sus 16 millones de copias. Fue uno de los grandes documentos sonoros de aquellos tiempos y ayudó a definir en qué parámetros comerciales se movía la industria. Fue más que un simple álbum de éxito. Así se construía una estrella… y así se destruía. Ocurrió hace justo 50 años.. Aquel fue un álbum que logró capturar lo que fue la «era del rock en estadios» y el emergente formato de música orientada a la FM, la banda sonora que acompañaba la película de la vida de cualquier adolescente de la época. Había un chiste en «Wayne’s World II» que decía que este disco se entregaba al nacer a todos los niños estadounidenses que nacían. Alcanzó el número uno el 10 de abril de 1976, permaneció allí durante 10 semanas no consecutivas y se mantuvo en las listas de éxitos durante casi dos años.. Su protagonista, Peter Frampton, era un niño prodigio que antes de lanzarse como solista había formado parte de la superbanda de hard rock Humble Pie y luego de Camel. Alentado por sus virtudes como compositor y tremendo guitarrista, decidió volar solo, pero no salió como pensaba. Sus tres primeros álbumes en solitario ni siquiera lograron entrar en el top 100 y todo eran dudas cuando con 25 años se embarcó la gira de «Frampton comes alive!». A partir de aquí llega el cúmulo de casualidades.. Lo primero: la mitad del álbum en directo se grabó en el Winterland de San Francisco, un recinto de dimensiones muy modestas, y la otra mitad no se registraría hasta seis meses después, ya con todo más rodado. Lo segundo: la primera versión del álbum se programó para que fuera un solo disco, y no dos, y no incluía la pegadiza «Show me the way» ni la balada «Baby I love your way», dos de los mayores éxitos del producto final y canciones que los fans de Peter Frampton le pedirían a gritos cada noche hasta hoy.. Jerry Moss, la M de A&M Records, había fichado al muchacho para su sello cuando este apenas tenía 19 años. Según Moss, «tenía una cara muy agradable, no le importaba trabajar y tenía una actitud genial». Más allá de su atractivo físico para adolescentes, lo cierto es que Peter Frampton era lo que se podría considerar como una «antiestrella», alguien alejado de clichés como la vanidad, la presuntuosidad y la ambición. Así que Moss voló a Nueva York para asistir a las sesiones de mezcla y se quedó de piedra al descubrir que faltaban «Show me the way» y «Baby I love your way» en la primera versión. No se lo podía creer. Con la visión de los viejos tiempos, exigió la edición de un álbum doble y pidió grabar media docena de conciertos más durante la gira.. Para entonces, Peter Frampton ya estaba de vacaciones mientras se replanteaba su carrera. En ese momento, recibió la llamada de su representante: «Vuelves a salir de gira». A la carrera, se programaron nuevas fechas con un motivo principal: obtener nuevas canciones para arropar «Show me the way» y «Baby I love your way» en un álbum doble que estaría listo para su lanzamiento a comienzos de 1976. «Recuerdo que fue una de las primeras noches que encabezamos en San Francisco, o en cualquier otro lugar. No me preocupaba que el camión de grabación estuviera afuera, me preocupaba que tuviéramos suficiente material para hacer una hora y media. Estábamos acostumbrados a hacer 50 minutos», suscribiría años después el propio guitarrista.. El disco se publicaría sin gran impacto inicial en listas y en medio del desánimo general. Pero para Moss ya era una cuestión personal. Tiró de contactos, llamó a las principales radios de FM y sus dos canciones estandarte empezaron a sonar por todas las emisoras principales del país. «Frampton comes alive!» saltaría al puesto 51 en su segunda semana, luego al 22, después al 6, a continuación al 4 y finalmente el representante del propio Peter Frampton le llamaría para anunciarle: «Somos el número 1». Era abril de 1976.. La versión de estudio de «Show me the way» se había lanzado como sencillo en 1975, pero no tuvo ningún éxito. La toma en vivo se grabó en el Island Music Center de Commack, Long Island, y conseguiría el efecto que Moss había imaginado: el sonido del público era parte fundamental del efecto de una canción en vivo. Solo hacía falta subir un poco el volumen en partes muy concretas. Esa era parte fundamental del poder de seducción de «Frampton comes alive!»: permitir que cualquiera en su coche pudiera sentirse parte de aquella audiencia masiva que se excitaba hasta el paroxismo en mitad de una canción.. Después vendría la destrucción. Peter Frampton llevaba más de una década en el negocio cuando se convirtió en estrella y cuando prácticamente ya había arrojado la toalla. Con su directo, no solo había pasado a ser un guitarrista y compositor admirado a nivel planetario, sino que se había convertido en un ídolo adolescente, portada de «Rolling Stone» y reclamo comercial. Con toda la sobreexposición que aquello conllevaba. Y todo se fue de las manos. El siguiente álbum, «I’m In You», tendría una buena acogida éxito comercial, pero notoriamente menor a lo imaginado. Se montaría en la nube de la fama, las fiestas, el hedonismo, el vino y la harina. En 1978 protagonizaría la adaptación cinematográfica de «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band», un desastre crítico que esencialmente aplastaría su fase de ídolo adolescente y su futuro.. Nunca más lograría –ni de lejos– el éxito comercial de su disco en directo y comenzaría una abrupta decadencia como pocas veces se ha visto. Y acabaría como había pensado en sus horas más bajas antes de sacar su famoso directo: como guitarrista de otro. Así, en 1987 se enrolaría como músico de David Bowie para la gira Glass Spider World Tour. Nadie le reconocía como aquel hermoso muchacho que tocaba «Show me the way». Y poco más. Ahora tiene 75 años y padece miositis por cuerpos de inclusión, una enfermedad muscular degenerativa e incurable que causa debilidad y fatiga. Le cuesta sostener la guitarra y anda con dificultad. La vida.. El ejemplo de Django Reinhardt. ► «Voy a seguir mientras mis dedos… Bueno, ya sabes… Y cada vez es más difícil, tengo que admitirlo. Pero lo peor de tocar para mí es que, cuando hago un solo, tengo que pensar en lo que estoy tocando. No quiero pensar, quiero que me salga del corazón. Así es como siempre he tocado», se lamentaba Peter Frampton por los efectos de su enfermedad. Pero recordaba al maestro Django Reinhardt, legendario guitarrista de jazz que perdió la sensibilidad en los dedos anular y meñique en el incendio de la caravana donde vivía. Todavía hoy, al escucharle tocar «Exactly like you», «Tears» o «Minor swing» hay que preguntarse cómo lograba aquello, y Frampton toma su ejemplo. «Eso es lo que hago, porque disfruto mucho con la música. Suena raro: estás perdiendo el poder de tocar. Sí, pero estoy elaborando, y disfrutando, una forma diferente de tocar para poder seguir haciéndolo».

 

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