Aunque Málaga y Tánger están separadas por distancias transcontinentales, marítimas e internacionales, un rincón de la laberíntica medina de la ciudad marroquí evoca su vínculo compartido. Así, entre vendedores, aromas exóticos y, en ciertas horas del día, llamadas a la oración, la calle Málaga cobra vida. «La influencia de España es evidente en la gente y la arquitectura de Tánger, y aunque la comunidad española ha disminuido, el español sigue siendo más frecuente que el francés», explica Maryam Touzani, directora de la película que dio inicio a esta nueva edición del concurso ayer. Ella recuerda vívidamente la calle que lleva el nombre de la ciudad andaluza, ya que su familia alguna vez vivió allí. Elogió el «carácter vibrante» infundido en sus aceras, de modo que, aunque ya no disfrutó del privilegio de vivir allí, si dejó el periodismo para dedicarse al cine, se debió a ese impulso de proyectar lo que le cautivó en una simbiosis perfecta entre las dos profesiones. Su película, titulada «Calle Málaga», marca la primera vez que su cineasta no filma en «darija» (el dialecto árabe hablado en el Magreb) sino en español. Y no podría haber una mejor manera, ya que la obra es sobre Maura. «No escribí el guión pensando en Carmen, pero cuando la conocí, la elección era obvia». «Se enamoró de su personaje, y cuando la visité, me cautivó su expresión en los ojos y su entusiasmo por la vida», dice el director.
Es la estrella de la película que lanzó ayer el 29o Festival de Málaga.
Aunque Málaga y Tánger están separadas por distancias transcontinentales, marítimas e internacionales, un rincón de la laberíntica medina de la ciudad marroquí evoca su vínculo compartido. Así, entre vendedores, aromas exóticos y, en ciertas horas del día, llamadas a la oración, la calle Málaga cobra vida. «La influencia de España es evidente en la gente y la arquitectura de Tánger, y aunque la comunidad española ha disminuido, el español sigue siendo más frecuente que el francés», explica Maryam Touzani, directora de la película que dio inicio a esta nueva edición del concurso ayer. Ella recuerda vívidamente la calle que lleva el nombre de la ciudad andaluza, ya que su familia alguna vez vivió allí. Elogió el «carácter vibrante» infundido en sus aceras, de modo que, aunque ya no disfrutó del privilegio de vivir allí, si dejó el periodismo para dedicarse al cine, se debió a ese impulso de proyectar lo que le cautivó en una simbiosis perfecta entre las dos profesiones. Su película, titulada «Calle Málaga», marca la primera vez que su cineasta no filma en «darija» (el dialecto árabe hablado en el Magreb) sino en español. Y no podría haber una mejor manera, ya que la obra es sobre Maura. «No escribí el guión pensando en Carmen, pero cuando la conocí, la elección era obvia». «Se enamoró de su personaje, y cuando la visité, me cautivó su expresión en los ojos y su entusiasmo por la vida», dice el director.
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