Tras su «Pequeño cúmulo de abismos» (2023), Cris Blanco regresa al Centro Dramático Nacional con «Casi ninguna verdad» para hablar de la mentira. Asegura la responsable del texto y la dirección del montaje (y también parte del reparto) que en 2018 alguien le mintió estrepitosamente «y desde entonces he vivido horrorizada y fascinada a partes iguales con la mentira. Todo lo enfocaba hacia este lugar». Incluso impartía talleres «para aprender a mentir mejor». Desde ese momento, explica, «mi confianza en la gente ha cambiado. He perdido la inocencia».. Así lo defiende la artista en mitad de un mundo en el que todo son «bulos»: «El otro leía un artículo que decía que el nuevo fascismo no se vale tanto de contar mentiras, sino de que creamos que todo es mentira. Lo que más funciona es el vídeo, que con la inteligencia artificial ya no sabes si es falso o no. La gran victoria es que no sepamos qué es mentira. Y ahí la verdad ya da igual porque ni siquiera sabes a qué agarrarte», comenta Blanco.. La delgada línea entre realidad y ficción. La autora siempre -continúa- ha estado interesada por la delgada línea entre la realidad y la ficción, sin embargo, desde hace unos años esa atracción se ha vuelto más intensa… O no. «Espera…», se detiene en la propia sinopsis de la obra: «¿Eso me pasó a mí o a otra persona? Pasó hace muchos años, no lo recuerdo con claridad… De repente estas líneas se vuelven borrosas, una niebla espesa empieza a cubrirlas y ya solo pueden verse algunas palabras… Mentira… línea… espera…», deja en el aire.. De esta forma, la creadora invita al espectador a «apartar el humo con la mano» para seguir leyendo el programa de mano: «¿Me pasó a mí? ¿No me lo contó esa actriz miope? Las palabras se vuelven a desvanecer en el fondo blanco, están demasiado en cursiva, a punto de tumbarse… entre eso y la neblina no consigues ver bien la sinopsis…». Y llegados a este punto, el «mirón», desde su butaca, se hará la pregunta de qué va esta obra. Se hará preguntas, le llegarán frases desde el escenario y deberá descifrar el puzle que propone Blanco en una función llena de mentiras: «¿Cómo sé yo todo esto? ¿Quién soy yo? ¿Quién está escribiendo este texto? ¿Has asumido que soy Cris Blanco, la autora de ‘Casi ninguna verdad’? Quizá es mejor no fiarse de las apariencias».. La Pelusa que viajó en Blanca Portillo. Ni siquiera la autora se atreve (deliberadamente) a contar la verdadera sinopsis de una obra surrealista en la que Cris Blanco también es personaje. Hasta una Pelusa cobra vida en esta pieza en la que se engancha en el bajo del pantalón de Blanca Portillo para pasar del escenario de «1936» a los camerinos. Un título sobre «las cosas que le pasan a Cris», generaliza su equipo.. «Contar de qué va la obra sería traicionar su espíritu -añade la directora-. Queremos que el espectador juegue. Ver qué se puede hacer con la mentira y con todas las caras que tiene. Reflexionar y reapropiarnos de las estrategias de reestructuración del relato, de manipulación». Un pacto en el que Blanco quiere que el público solo le pida que le mienta, «pero bien», matiza de una obra en la que «el error tiene que ser parte de la representación».. Dónde: Teatro Valle-Inclán, Madrid. Cuándo: hasta el 12 de abril. Cuánto: desde 12,50 euros.
La creadora presenta en el CDN ‘Casi ninguna verdad’, donde desarrolla una obra surrealista a partir de un engaño que sufrió en 2018
Tras su «Pequeño cúmulo de abismos» (2023), Cris Blanco regresa al Centro Dramático Nacional con «Casi ninguna verdad» para hablar de la mentira. Asegura la responsable del texto y la dirección del montaje (y también parte del reparto) que en 2018 alguien le mintió estrepitosamente «y desde entonces he vivido horrorizada y fascinada a partes iguales con la mentira. Todo lo enfocaba hacia este lugar». Incluso impartía talleres «para aprender a mentir mejor». Desde ese momento, explica,«mi confianza en la gente ha cambiado. He perdido la inocencia».. Así lo defiende la artista en mitad de un mundo en el que todo son «bulos»: «El otro leía un artículo que decía que el nuevo fascismo no se vale tanto de contar mentiras, sino de que creamos que todo es mentira. Lo que más funciona es el vídeo, que con la inteligencia artificial ya no sabes si es falso o no. La gran victoria es que no sepamos qué es mentira. Y ahí la verdad ya da igual porque ni siquiera sabes a qué agarrarte», comenta Blanco.. La delgada línea entre realidad y ficción. La autora siempre -continúa- ha estado interesada por la delgada línea entre la realidad y la ficción, sin embargo, desde hace unos años esa atracción se ha vuelto más intensa… O no. «Espera…», se detiene en la propia sinopsis de la obra: «¿Eso me pasó a mí o a otra persona? Pasó hace muchos años, no lo recuerdo con claridad… De repente estas líneas se vuelven borrosas, una niebla espesa empieza a cubrirlas y ya solo pueden verse algunas palabras… Mentira… línea… espera…», deja en el aire.. De esta forma, la creadora invita al espectador a «apartar el humo con la mano» para seguir leyendo el programa de mano: «¿Me pasó a mí? ¿No me lo contó esa actriz miope? Las palabras se vuelven a desvanecer en el fondo blanco, están demasiado en cursiva, a punto de tumbarse… entre eso y la neblina no consigues ver bien la sinopsis…». Y llegados a este punto, el «mirón», desde su butaca, se hará la pregunta de qué va esta obra. Se hará preguntas, le llegarán frases desde el escenario y deberá descifrar el puzle que propone Blanco en una función llena de mentiras: «¿Cómo sé yo todo esto? ¿Quién soy yo? ¿Quién está escribiendo este texto? ¿Has asumido que soy Cris Blanco, la autora de ‘Casi ninguna verdad’? Quizá es mejor no fiarse de las apariencias».. La Pelusa que viajó en Blanca Portillo. Ni siquiera la autora se atreve (deliberadamente) a contar la verdadera sinopsis de una obra surrealista en la que Cris Blanco también es personaje. Hasta una Pelusa cobra vida en esta pieza en la que se engancha en el bajo del pantalón de Blanca Portillo para pasar del escenario de «1936» a los camerinos. Un título sobre «las cosas que le pasan a Cris», generaliza su equipo.. «Contar de qué va la obra sería traicionar su espíritu -añade la directora-. Queremos que el espectador juegue. Ver qué se puede hacer con la mentira y con todas las caras que tiene. Reflexionar y reapropiarnos de las estrategias de reestructuración del relato, de manipulación». Un pacto en el que Blanco quiere que el público solo le pida que le mienta, «pero bien», matiza de una obra en la que «el error tiene que ser parte de la representación».. Dónde: Teatro Valle-Inclán, Madrid. Cuándo: hasta el 12 de abril. Cuánto: desde 12,50 euros.
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