En medio de la creciente inestabilidad en Irán y ante la posibilidad de una transición en el liderazgo supremo, el profesor Pierre Pahlavi, Subdirector del Departamento de Estudios de Defensa en el Canadian Forces College, analiza los riesgos de fractura interna, el papel de la Guardia Revolucionaria y el margen de maniobra de Europa en un escenario de escalada regional.. De cara a la sucesión del líder supremo tras el asesinato de Ali Jamenei, y ante el desgaste del modelo teocrático, ¿tiene realmente la Asamblea de Expertos formada por clérigos la capacidad para garantizar una transición ordenada que preserve la cohesión del sistema?. Formalmente, la Asamblea de Expertos conserva la autoridad constitucional para nombrar al sucesor del líder supremo. Existe un grupo de candidatos y circulan varios nombres, algunos vinculados al linaje revolucionario fundador. Sin embargo, lo que en el papel parece un mecanismo institucional ordenado se asemeja cada vez más a un “corredor de la muerte” político. Los precedentes de purgas internas y muertes sospechosas de figuras que estuvieron cerca del poder evidencian lo arriesgada que se ha vuelto la política de sucesión. Más profundamente, podríamos estar asistiendo al ocaso del modelo teocrático iraní. La legitimidad ideológica del régimen se ha erosionado de forma notable en la última década, especialmente entre los jóvenes y en las grandes ciudades. En ese contexto, la Asamblea podría nombrar a un sucesor, pero mantener la cohesión es otra cuestión. La verdadera fractura no es tanto entre “leales” y “pragmáticos”, sino entre quienes desean preservar la arquitectura del velayat-e faqih y quienes buscan una recalibración interna que vacíe progresivamente su esencia teocrática para salvar el sistema. El desenlace podría ir desde una mutación controlada hasta una ruptura estructural.. Teniendo en cuenta el enorme peso de la Guardia Revolucionaria en la política y la economía iraníes, ¿podría consolidarse como un régimen de facto militar y qué implicaría eso para la relación con Occidente?. En la práctica, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) controla los resortes decisivos del poder al menos desde 2005. Durante la Primavera Árabe, la entonces secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton habló de un “golpe blando”, en alusión a la consolidación progresiva de la autoridad por parte de los Guardianes. Hoy el IRGC domina amplios sectores de la economía, el aparato de seguridad, industrias estratégicas y redes regionales de aliados armados. Si el liderazgo clerical se debilita aún más, no sería sorprendente que la Guardia formalizara una realidad ya existente, relegando el marco del velayat-e faqih. Eso no conduciría necesariamente a un régimen liberal secular, sino probablemente a un orden nacionalista-militar centrado en la supervivencia del régimen y la disuasión estratégica.En política exterior, una dirección abiertamente militarizada reforzaría la doctrina de disuasión asimétrica. Irán no ha diseñado su defensa para ganar una guerra convencional contra una superpotencia, sino para desgastar mediante guerra híbrida, redes aliadas, misiles y profundidad estratégica regional. Un sistema plenamente controlado por el IRGC podría adoptar una postura más transaccional y securitaria, incluso escalar a corto plazo para establecer disuasión, evitando al mismo tiempo una confrontación convencional directa con Occidente.. ¿Es posible un cierre de filas de la juventud iraní en torno al régimen en esta guerra o cree que podría aprovechar la crisis para desafiarlo si es que sigue en pie tras el final de la guerra?. No cabe esperar un fuerte efecto de “unidad nacional” en las condiciones actuales. Aunque el nacionalismo sigue siendo una fuerza poderosa en Irán, la legitimidad del régimen entre las nuevas generaciones es históricamente baja. Diversos indicadores sugieren que solo un núcleo duro —quizá entre el 15% y el 20% de la población— mantiene un compromiso ideológico firme con el sistema, y una fracción aún menor estaría dispuesta a movilizarse activamente en su defensa. La mayoría de los jóvenes iraníes son socialmente liberales, económicamente frustrados y políticamente alienados. Las olas de protestas recientes evidenciaron no solo descontento, sino una profunda desconexión generacional con la narrativa revolucionaria. Ante una agresión externa, podría surgir un reflejo patriótico, especialmente si hubiera víctimas civiles. Pero también es plausible que sectores de la sociedad interpreten la crisis como una oportunidad para acelerar cambios estructurales más que para defender el statu quo.. ¿Tiene la Unión Europea margen para actuar como mediador en esta guerra o se verá arrastrada a una implicación más directa?. Vivimos un momento histórico no solo para Irán, sino para Oriente Medio y el sistema internacional. La Unión Europea ha mantenido durante años una postura ambigua hacia Teherán: crítica en el discurso, cautelosa en la acción y a menudo dividida internamente. Las autoridades iraníes han explotado esas divergencias y lo que perciben como vacilación europea. En un escenario de escalada posterior al actual liderazgo, el margen de maniobra europeo se reduciría considerablemente. La seguridad energética, la movilización de las diásporas, la coordinación transatlántica y la inestabilidad regional limitarían la flexibilidad estratégica de Bruselas. Capitales como París, Berlín, Londres, Madrid y Roma enfrentarían una disyuntiva clara: definir una posición política más firme o arriesgarse a la marginalización estratégica. Con todo, la principal ventaja comparativa de Europa sigue siendo la diplomacia y la desescalada. Que pueda ejercer ese papel dependerá menos de su capacidad institucional que de su voluntad política y cohesión interna.
En plena escalada en la nueva guerra de Oriente Medio contra Irán, y ante la posibilidad de una transición tras el asesinato de Ali Jamenei como líder supremo de Irán, el profesor Pierre Pahlavi, subdirector del Departamento de Estudios de Defensa en el Canadian Forces College, analiza en un intercambio de correos electrónicos los riesgos de una fractura interna en el país, el papel de la Guardia Revolucionaria y el margen de maniobra de Europa en un escenario de caos e incertidumbre.. De cara a la sucesión del líder supremo tras el asesinato de Ali Jamenei, y ante el desgaste del modelo teocrático, ¿tiene realmente la Asamblea de Expertos formada por clérigos la capacidad para garantizar una transición ordenada que preserve la cohesión del sistema?. En teoría, la Asamblea de Expertos conserva la autoridad constitucional para nombrar al sucesor del líder supremo. Existe un grupo de candidatos y circulan varios nombres, algunos vinculados al linaje revolucionario fundador. Sin embargo, lo que en el papel parece un mecanismo institucional ordenado se asemeja cada vez más a un “corredor de la muerte” político. Los precedentes de purgas internas y muertes sospechosas de figuras que estuvieron cerca del poder evidencian lo arriesgada que se ha vuelto la política de sucesión. Más profundamente, podríamos estar asistiendo al ocaso del modelo teocrático iraní. La legitimidad ideológica del régimen se ha erosionado de forma notable en la última década, especialmente entre los jóvenes y en las grandes ciudades. En ese contexto, la Asamblea podría nombrar a un sucesor, pero mantener la cohesión es otra cuestión. La verdadera fractura no es tanto entre “leales” y “pragmáticos”, sino entre quienes desean preservar la arquitectura del velayat-e faqih y quienes buscan un reajuste interno que vacíe progresivamente su esencia teocrática para salvar el sistema. El desenlace podría ir desde una mutación controlada hasta una ruptura estructural.. Teniendo en cuenta el enorme peso de la Guardia Revolucionaria en la política y la economía iraníes, ¿podría consolidarse como un régimen de facto militar y qué implicaría eso para la relación con Occidente?. En la práctica, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) controla los resortes decisivos del poder al menos desde 2005. Durante la Primavera Árabe, la entonces secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton habló de un “golpe blando”, en alusión a la consolidación de la autoridad por parte de los Guardianes. Hoy el IRGC domina amplios sectores de la economía, el aparato de seguridad, industrias estratégicas y redes regionales de aliados armados. Si el liderazgo clerical se debilita aún más, no sería sorprendente que la Guardia formalizara una realidad ya existente, relegando el marco del velayat-e faqih (gobernanza del jurista islámico, el principio por el cual un líder religioso supremo controla la política y la religión en Irán). Eso no conduciría necesariamente a un régimen liberal secular, sino probablemente a un orden nacionalista-militar centrado en la supervivencia del régimen y la disuasión estratégica. En política exterior, una dirección abiertamente militarizada reforzaría la doctrina de disuasión asimétrica. Irán no ha diseñado su defensa para ganar una guerra convencional contra una superpotencia, sino para desgastar mediante guerra híbrida, redes aliadas, misiles y profundidad estratégica regional. Un sistema plenamente controlado por el IRGC podría adoptar una postura más transaccional, incluso escalar a corto plazo para establecer disuasión, evitando al mismo tiempo una confrontación convencional directa con Occidente.. ¿Es posible un cierre de filas de la juventud iraní en torno al régimen en esta guerra o cree que podría aprovechar la crisis para desafiarlo si es que sigue en pie tras el final de la guerra?. No cabe esperar un fuerte efecto de “unidad nacional” en las condiciones actuales. Aunque el nacionalismo sigue siendo una fuerza poderosa en Irán, la legitimidad del régimen entre las nuevas generaciones es históricamente baja. Diversos indicadores sugieren que solo un núcleo duro -quizá entre el 15% y el 20% de la población- mantiene un compromiso ideológico firme con el régimen, y una fracción aún menor estaría dispuesta a movilizarse activamente en su defensa. La mayoría de los jóvenes iraníes son socialmente liberales, económicamente frustrados y políticamente alienados. Las olas de protestas recientes evidenciaron no solo descontento, sino una profunda desconexión generacional con la narrativa revolucionaria. Ante la agresión externa, podría surgir una respuesta patriótica, especialmente con víctimas civiles. Pero también es plausible que sectores de la sociedad interpreten la crisis como una oportunidad para acelerar cambios estructurales más que para defender el statu quo.. ¿Tiene la Unión Europea margen para actuar como mediador en esta guerra o se verá arrastrada a una implicación más directa?. Vivimos un momento histórico no solo para Irán, sino para Oriente Medio y el sistema internacional. La Unión Europea ha mantenido durante años una postura ambigua hacia Teherán: crítica en el discurso, cautelosa en la acción y a menudo dividida internamente. Las autoridades iraníes han explotado esas divergencias y lo que perciben como vacilación europea. En un escenario de escalada posterior al actual liderazgo, el margen de maniobra europeo se reduciría considerablemente. La seguridad energética, la movilización de las diásporas, la coordinación transatlántica y la inestabilidad regional limitarían la flexibilidad estratégica de Bruselas. Capitales como París, Berlín, Londres, Madrid y Roma enfrentarían una disyuntiva clara: definir una posición política más firme o arriesgarse a la marginalización estratégica. Con todo, la principal ventaja comparativa de Europa sigue siendo la diplomacia y la desescalada. Que pueda ejercer ese papel dependerá menos de su capacidad institucional que de su voluntad política y cohesión interna.
“Podríamos estar asistiendo al ocaso del modelo teocrático iraní”, advierte el profesor del Canadian Forces College
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