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  Cultura  Historia de los durmientes de la KGB
Cultura

Historia de los durmientes de la KGB

25 de febrero de 2026
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Incluso las historias de espías más fantásticas suelen tener una base real. La historia de «Kim» (1901), la novela de Rudyard Kipling, narra el conflicto político en Asia entre el Imperio Ruso y el Imperio Británico llamado «El gran Juego». Kim era un joven espía, correo del servicio secreto británico.. Otra de las más afamadas historias, la de un espía británico, de nombre en clave «Cicerón», estaba basada en el libro del diplomático nazi Ludwig Carl Moyzisch «Operación Cicerón». El filme de Joseph L. Mankiewicz titulado «5 Fingers» (1952) cuenta la historia real de Elyesa Bazna, «valet de chambre» del embajador británico en Turquía, que logró fotografiar documentos de alto secreto para vendérselos a Franz von Papen, embajador nazi en Ankara. El filme sentó las bases de las historias de espías modernos.. El cambio se había operado con la «guerra fría». Durante los años 50 aparece un nuevo tipo de novelas de espías escritas por británicos que incidían en el factor humano, título de una novela de Graham Greene –que ingresó en el servicio secreto británico supervisado por Kim Philby, un agente doble al servicio de Moscú–. Seguido por los dos mayores impulsores de la novela de espías: Ian Fleming y John le Carré.. Aunque habían trabajado para el servicio de inteligencia británico, el MI5 y MI6, los protagonistas de sus novelas no pueden ser más antagónicos: James Bond encarna el héroe fantasioso, el glamour de los bellos héroes de acción, mientras que George Smiley es un funcionario gordo, depresivo y dipsomaníaco, un brillante analista abrumado por la amenaza nuclear.. Ambos han conformado la idea del espía durante la Guerra Fría. El protagonista es siempre un espía occidental, ora del MI6 británico, ora de la CIA, y su oponente no es otro que el malvado espía del KGB, su némesis a batir. Unos más realistas como Karla oficial de inteligencia ruso, tan despiadado como manipulador de espías dobles, y el otro el Doctor No, variante de megalómano que quiere dominar el Mundo. Hasta la caída del muro de Berlín y el derrumbe de URSS, las historias de espías se modelaron con estas dos características, dejando en una nebulosa la realidad del espía ruso.. El encanto novelesco de estas historias de intriga internacional lo ha roto el libro de Shaun Walker «Los Ilegales», subtitulado «La historia nunca contada del programa de espionaje más secreto de Rusia». Con él se da cuerpo al espía ruso que hasta ahora no era más que un estereotipo sin consistencia real.. Shaun Walker es un estudioso de la historia rusa y soviética en la Universidad de Oxford. Periodista británico especializado en Europa Central y Oriental, que vive a caballo entre Kiev, Londres y Varsovia. Su trabajo en «Los ilegales» es monumental por la exhaustiva información sobre los servicios secretos soviéticos desde sus inicios hasta el ascenso de Vladímir Putin.. El autor ha estructurado su estudio, a veces novelado, sobre el espionaje ruso históricamente. En la primera parte, analiza las raíces de los ilegales durante la clandestinidad bolchevique hasta las purgas de Stalin durante los años de «el Gran Terror». En dos años, Stalin fusiló a más de 680.000 personas.. En la segunda parte, estudia la introducción de los primeros ilegales que se infiltraron en Estados Unidos y el sonado caso del asesinato de Lev Trotski, la invasión de la Unión Soviética por los ejércitos de Hitler y la Guerra Fría. Alargando su estudio hasta el «derrumbe y resurrección de Rusia» y la revitalización del espionaje de los ilegales rusos bajo la Rusia de Putin.. Siendo apasionante el trabajo de Sahun Walker sobre el entrenamiento, vida cotidiana e infiltración de ilegales en Occidente, lo más llamativo por poco conocido son los ilegales durmientes o «sleepers» y la terminología aquí pormenorizada de los buzones muertos, las leyendas con las que se sustentaban las falsas identidades y el reclutamiento de bandera falsa. Para el ilegal, era esencial fluctuar entre distintas identidades falsas e idiomas foráneos que había que dominar como los nativos. Solía utilizarse tanto el «doble vivo», el ilegal que adopta la identidad de una persona real viva, como el «doble muerto», que se hacía pasar por una fallecida en la infancia.. Para enviar mensajes, se utilizaba el método del «buzón vivo», en el que se escribían cartas con tinta invisible y varios destinatarios hasta llegar al KGB, y el «buzón muerto», típico de las series cómicas como «Superagente 86» (1965), podían estar en árboles, ladrillos sueltos o farolas.. Resulta paradójico leer el exhaustivo capítulo dedicado a la Primaveras de Praga y la infiltración de agentes ilegales de Andrópov para socavar el intento de los checoslovacos de alcanzar un «socialismo con rostro humano», mientras que en Mayo del 68 la juventud rebelde abrazaba el maoísmo más extremo, pero con consecuencias menos trágicas.. Los ilegales cumplían metódicas funciones operativas: reclutar a informantes del lugar adonde los enviaban y asesinar a objetivos señalados por el KGB. El intento fracasado de asesinar al mariscal Tito le siguió el de Trotski. Para ello se envió a Méjico a Ramón Mercader después del intento fallido de Pavel Sudoplatov, un ilegal especializado en asesinatos encargado por Stalin en persona de asesinar a Konovalets, al que Sudoplatov le regaló una caja de bombones que hizo volar un café de Róterdam. Para Stalin que Trotski siguiera con vida suponía una afrenta personal, pues socavaba la unidad del comunismo.. Las candidatas. El primer atentado se planeó para una noche de mayo de 1940. Grigulévich, acompañado del pintor Siqueiros acribillaron el dormitorio de Trotski y su esposa, pero ambos lograron tirarse al suelo y salvar sus vidas. Para el segundo intento se habló con la desquiciada comunista catalana Caridad Mercader y su apuesto hijo Ramón. Éste se hizo amigo de los Trotski y una vez ganada su confianza lo apioló hiriéndole en la cabeza. Murió al día siguiente.. Walker describe con detenimiento la captación y el entrenamiento de los futuros ilegales, poniendo especial atención en las mujeres. En el expediente de Galina Linítskaya consta la observación de que era «demasiado sexual», algo que no se consideraba un problema en los hombres. De entre todo el material consultado sólo aparece un homosexual.. A Linov, el KGB le buscó una esposa ad hoc. Tras tantear a varias candidatas, Linov escogió a una estudiante de alemán: Tamara Kovalenko, que le dijo que no mantendría relaciones hasta que se hubieran casado. Una vez infiltrados, Tamara no pudo resistir la tensión de vivir una doble vida y volvió a Kiev. En cuanto a los hombres, la mayoría de ellos acabaron alcoholizados. En su biografía, Bystrolyotov dice que los engaños comenzaron a pesarle en la conciencia. Y el veterano Bazárov escribió en 1935: «Nuestra vida es antinatural, pero debemos soportarla por el bien de la humanidad».. Las fuentes consultadas por Walker no contaron con el archivo sobre ilegales del KGB. Sus fuentes principales provienen de biografías de antiguos espías infiltrados rusos y entrevistas con numerosos ilegales que accedieron a hablar con el autor, algunos tan importantes como Yuri Linov y su esposa Tamara y Peter Herrmann. Una fuente esencial es el «archivo Mitrojin», recopilación de material de operaciones de inteligencia por el KGB durante la Guerra Fría, y los archivos desclasificados del FBI y el MI5.

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El periodista Shaun Walker ofrece en «Los Ilegales» un exhaustivo estudio sobre los servicios secretos soviéticos, desde sus orígenes hasta el ascenso de Putin

  

Incluso las historias de espías más fantásticas suelen tener una base real. La historia de «Kim» (1901), la novela de Rudyard Kipling, narra el conflicto político en Asia entre el Imperio Ruso y el Imperio Británico llamado «El gran Juego». Kim era un joven espía, correo del servicio secreto británico.. Otra de las más afamadas historias, la de un espía británico, de nombre en clave «Cicerón», estaba basada en el libro del diplomático nazi Ludwig Carl Moyzisch «Operación Cicerón». El filme de Joseph L. Mankiewicz titulado «5 Fingers» (1952) cuenta la historia real de Elyesa Bazna, «valet de chambre» del embajador británico en Turquía, que logró fotografiar documentos de alto secreto para vendérselos a Franz von Papen, embajador nazi en Ankara. El filme sentó las bases de las historias de espías modernos.. El cambio se había operado con la «guerra fría». Durante los años 50 aparece un nuevo tipo de novelas de espías escritas por británicos que incidían en el factor humano, título de una novela de Graham Greene –que ingresó en el servicio secreto británico supervisado por Kim Philby, un agente doble al servicio de Moscú–. Seguido por los dos mayores impulsores de la novela de espías: Ian Fleming y John le Carré.. Aunque habían trabajado para el servicio de inteligencia británico, el MI5 y MI6, los protagonistas de sus novelas no pueden ser más antagónicos: James Bond encarna el héroe fantasioso, el glamour de los bellos héroes de acción, mientras que George Smiley es un funcionario gordo, depresivo y dipsomaníaco, un brillante analista abrumado por la amenaza nuclear.. Ambos han conformado la idea del espía durante la Guerra Fría. El protagonista es siempre un espía occidental, ora del MI6 británico, ora de la CIA, y su oponente no es otro que el malvado espía del KGB, su némesis a batir. Unos más realistas como Karla oficial de inteligencia ruso, tan despiadado como manipulador de espías dobles, y el otro el Doctor No, variante de megalómano que quiere dominar el Mundo. Hasta la caída del muro de Berlín y el derrumbe de URSS, las historias de espías se modelaron con estas dos características, dejando en una nebulosa la realidad del espía ruso.. El encanto novelesco de estas historias de intriga internacional lo ha roto el libro de Shaun Walker «Los Ilegales», subtitulado «La historia nunca contada del programa de espionaje más secreto de Rusia». Con él se da cuerpo al espía ruso que hasta ahora no era más que un estereotipo sin consistencia real.. Shaun Walker es un estudioso de la historia rusa y soviética en la Universidad de Oxford. Periodista británico especializado en Europa Central y Oriental, que vive a caballo entre Kiev, Londres y Varsovia. Su trabajo en «Los ilegales» es monumental por la exhaustiva información sobre los servicios secretos soviéticos desde sus inicios hasta el ascenso de Vladímir Putin.. El autor ha estructurado su estudio, a veces novelado, sobre el espionaje ruso históricamente. En la primera parte, analiza las raíces de los ilegales durante la clandestinidad bolchevique hasta las purgas de Stalin durante los años de «el Gran Terror». En dos años, Stalin fusiló a más de 680.000 personas.. En la segunda parte, estudia la introducción de los primeros ilegales que se infiltraron en Estados Unidos y el sonado caso del asesinato de Lev Trotski, la invasión de la Unión Soviética por los ejércitos de Hitler y la Guerra Fría. Alargando su estudio hasta el «derrumbe y resurrección de Rusia» y la revitalización del espionaje de los ilegales rusos bajo la Rusia de Putin.. Siendo apasionante el trabajo de Sahun Walker sobre el entrenamiento, vida cotidiana e infiltración de ilegales en Occidente, lo más llamativo por poco conocido son los ilegales durmientes o «sleepers» y la terminología aquí pormenorizada de los buzones muertos, las leyendas con las que se sustentaban las falsas identidades y el reclutamiento de bandera falsa. Para el ilegal, era esencial fluctuar entre distintas identidades falsas e idiomas foráneos que había que dominar como los nativos. Solía utilizarse tanto el «doble vivo», el ilegal que adopta la identidad de una persona real viva, como el «doble muerto», que se hacía pasar por una fallecida en la infancia.. Para enviar mensajes, se utilizaba el método del «buzón vivo», en el que se escribían cartas con tinta invisible y varios destinatarios hasta llegar al KGB, y el «buzón muerto», típico de las series cómicas como «Superagente 86» (1965), podían estar en árboles, ladrillos sueltos o farolas.. Resulta paradójico leer el exhaustivo capítulo dedicado a la Primaveras de Praga y la infiltración de agentes ilegales de Andrópov para socavar el intento de los checoslovacos de alcanzar un «socialismo con rostro humano», mientras que en Mayo del 68 la juventud rebelde abrazaba el maoísmo más extremo, pero con consecuencias menos trágicas.. Los ilegales cumplían metódicas funciones operativas: reclutar a informantes del lugar adonde los enviaban y asesinar a objetivos señalados por el KGB. El intento fracasado de asesinar al mariscal Tito le siguió el de Trotski. Para ello se envió a Méjico a Ramón Mercader después del intento fallido de Pavel Sudoplatov, un ilegal especializado en asesinatos encargado por Stalin en persona de asesinar a Konovalets, al que Sudoplatov le regaló una caja de bombones que hizo volar un café de Róterdam. Para Stalin que Trotski siguiera con vida suponía una afrenta personal, pues socavaba la unidad del comunismo.. 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Tras tantear a varias candidatas, Linov escogió a una estudiante de alemán: Tamara Kovalenko, que le dijo que no mantendría relaciones hasta que se hubieran casado. Una vez infiltrados, Tamara no pudo resistir la tensión de vivir una doble vida y volvió a Kiev. En cuanto a los hombres, la mayoría de ellos acabaron alcoholizados. En su biografía, Bystrolyotov dice que los engaños comenzaron a pesarle en la conciencia. Y el veterano Bazárov escribió en 1935: «Nuestra vida es antinatural, pero debemos soportarla por el bien de la humanidad».. Las fuentes consultadas por Walker no contaron con el archivo sobre ilegales del KGB. Sus fuentes principales provienen de biografías de antiguos espías infiltrados rusos y entrevistas con numerosos ilegales que accedieron a hablar con el autor, algunos tan importantes como Yuri Linov y su esposa Tamara y Peter Herrmann. Una fuente esencial es el «archivo Mitrojin», recopilación de material de operaciones de inteligencia por el KGB durante la Guerra Fría, y los archivos desclasificados del FBI y el MI5.

 

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