A lo tonto a lo tonto, Andalucía se ha chupado las dos peores catástrofes del arranque de este 2026 que se las prometía tan buenas en Nochevieja. El accidente ferroviario de Adamuz junto con las inundaciones en la sierra de Grazalema y la campiña jerezana, ya digo, inauguraron este invierno. Allí, al pie del cañón el inefable super consejero Antonio Sanz dando la cara y organizando al personal, allí insisto, dieran igual las horas que fueran. En Cartuja, donde el Guadalete se salió de madre, aguantó con el pantalón vaquero dentro del agua hasta la rodilla y sin botas para coordinar las emergencias que han evitado que sólo se hayan perdido cosas y casas, pero no personas. Sanz con el chaleco a las tres de la mañana en Canal Sur ofreciendo explicaciones por la radio desde Córdoba, Sanz en la Ina dando la cara. Como Johnny cogió su fusil, ya digo, Sanz cogió su chaleco para achicar agua en el Gobierno andaluz, nunca mejor dicho, cuando la triste crisis de los cribados que al final no fue tanto. Sanz dando una entrevista tras otra sin perder el norte, Sanz en estado puro. El mismo que en la sombra se dedicó a mover Roma con Santiago durante la pandemia desde Presidencia, porque fue él y no otros el que se amarró los machos. Llegan las elecciones andaluzas en nada, cuando pasen las procesiones y las ferias importantes, y habrá que escuchar la matraca de siempre en tertulias, foros y cenáculos. Que si encuestas, que si sondeos, que si cuentos chinos. Al final, lo que de verdad funciona y lo que los andaluces entienden es que cuando hace falta uno se moja hasta las rodillas, sin dudarlo, por quien te paga el sueldo y te arregla el problema. El éxito de Juanma Moreno no es la moderación, que suena a anuncio contra el alcoholismo o de la DGT en verano: «Beba con moderación». Mire, se trata de ponerse el chaleco, de hacer su trabajo y no dar problemas.
«Aguantó con el pantalón vaquero dentro del agua hasta la rodilla y sin botas para coordinar las emergencias»
A lo tonto a lo tonto, Andalucía se ha chupado las dos peores catástrofes del arranque de este 2026 que se las prometía tan buenas en Nochevieja. El accidente ferroviario de Adamuz junto con las inundaciones en la sierra de Grazalema y la campiña jerezana, ya digo, inauguraron este invierno. Allí, al pie del cañón el inefable super consejero Antonio Sanz dando la cara y organizando al personal, allí insisto, dieran igual las horas que fueran. En Cartuja, donde el Guadalete se salió de madre, aguantó con el pantalón vaquero dentro del agua hasta la rodilla y sin botas para coordinar las emergencias que han evitado que sólo se hayan perdido cosas y casas, pero no personas. Sanz con el chaleco a las tres de la mañana en Canal Sur ofreciendo explicaciones por la radio desde Córdoba, Sanz en la Ina dando la cara. Como Johnny cogió su fusil, ya digo, Sanz cogió su chaleco para achicar agua en el Gobierno andaluz, nunca mejor dicho, cuando la triste crisis de los cribados que al final no fue tanto. Sanz dando una entrevista tras otra sin perder el norte, Sanz en estado puro. El mismo que en la sombra se dedicó a mover Roma con Santiago durante la pandemia desde Presidencia, porque fue él y no otros el que se amarró los machos. Llegan las elecciones andaluzas en nada, cuando pasen las procesiones y las ferias importantes, y habrá que escuchar la matraca de siempre en tertulias, foros y cenáculos. Que si encuestas, que si sondeos, que si cuentos chinos. Al final, lo que de verdad funciona y lo que los andaluces entienden es que cuando hace falta uno se moja hasta las rodillas, sin dudarlo, por quien te paga el sueldo y te arregla el problema. El éxito de Juanma Moreno no es la moderación, que suena a anuncio contra el alcoholismo o de la DGT en verano: «Beba con moderación». Mire, se trata de ponerse el chaleco, de hacer su trabajo y no dar problemas.
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