En el oeste de la parroquia de Santa María, en el municipio pontevedrés de Caldas de Reis, se alza una de esas formaciones que obligan a detener el paso y replantearse certezas. A un lado de una pista forestal que serpentea entre carballos y eucaliptos, emerge una estructura pétrea de proporciones descomunales que parece salida de un relato mitológico. Se llama Pedra Filga y, aunque no es especialmente conocida fuera de los círculos senderistas, su impacto visual es difícil de olvidar.. Tres gigantescas moles de granito ensambladas con una precisión casi arquitectónica componen esta suerte de “mesa” ciclópea que algunos no dudan en comparar con un dolmen. Otros, más prudentes, prefieren verla como lo que probablemente es: el resultado de millones de años de procesos geológicos que han esculpido uno de los bolos graníticos más sorprendentes de Galicia.. Un capricho de la geología… o algo más. Galicia está sembrada de penedos y berrocales, esas grandes masas graníticas redondeadas fruto del enfriamiento del magma y la posterior erosión. Son las llamadas pedras cabaleiras, formaciones que parecen desafiar la gravedad y que forman parte del imaginario colectivo gallego.. Pedra Filga sería, según la explicación más aceptada, el resultado de procesos físicos y químicos que actuaron durante millones de años sobre las diaclasas formadas en el enfriamiento de la masa magmática. La descompresión y la hidrólisis de determinados minerales acabaron dando lugar a tres grandes rocas inalteradas que, apoyadas entre sí, configuran esa inconfundible “mesa” pétrea.. Sin embargo, la disposición de las piezas —engarzadas como si respondieran a un diseño deliberado— alimenta desde hace décadas una hipótesis alternativa: ¿y si fuese un monumento megalítico?. Algunos cálculos estiman que el conjunto podría superar las 3.800 toneladas y, de ser obra humana, se remontaría al Neolítico (6000-3000 a.C.). De confirmarse, estaríamos ante uno de los mayores monumentos megalíticos de la Península. Pero, hasta la fecha, no consta ninguna prospección arqueológica concluyente que avale esta teoría.. Altar en mitad del bosque. Quien llega por primera vez a Pedra Filga comprende rápidamente por qué la duda persiste. Sus diez metros de altura y su apariencia de altar descomunal evocan la entrada a un dolmen desaparecido, el vestigio de una civilización olvidada o incluso el juguete petrificado de gigantes mitológicos.. Pedra Filga, sin necesidad de leyendas oficiales, se sostiene en ese delicado equilibrio entre ciencia y mito que tan bien define el paisaje gallego. Paradójicamente, no es un enclave masificado.. Cómo llegar a Pedra Filga. El acceso exige un pequeño esfuerzo, lo que añade encanto a la experiencia. Una de las rutas más habituales parte del lugar de A Ceboleira. Desde allí, se sigue una pista forestal hacia el norte durante algo más de 500 metros, se toma un cruce a la izquierda y, en menos de 200 metros, aparece a mano izquierda el imponente conjunto rocoso.. Otra opción consiste en salir de la N-525 a la altura del kilómetro 101, en dirección a Arcos da Condesa, y continuar hasta A Ceboleira. Desde allí, lo recomendable es dejar el vehículo y recorrer a pie unos 650 metros por pista forestal, atentos a las indicaciones.. Sea fruto exclusivo de la naturaleza o vestigio de una intervención humana milenaria, Pedra Filga impone. No solo por sus dimensiones, sino por la sensación de estar ante algo que no encaja del todo en los esquemas convencionales.. En una Galicia donde la piedra es memoria, frontera y leyenda, este coloso granítico de Caldas de Reis se erige como uno de los escenarios más fascinantes y enigmáticos del sur de la comunidad. Un lugar donde la geología dialoga con la mitología y donde, quizá, la verdadera respuesta no importe tanto como la emoción de contemplarlo.
Este coloso granítico de más de 3.800 toneladas parece un dolmen imposible y emerge como un altar prehistórico en plena naturaleza pontevedresa
En el oeste de la parroquia de Santa María, en el municipio pontevedrés de Caldas de Reis, se alza una de esas formaciones que obligan a detener el paso y replantearse certezas. A un lado de una pista forestal que serpentea entre carballos y eucaliptos, emerge una estructura pétrea de proporciones descomunales que parece salida de un relato mitológico. Se llama Pedra Filga y, aunque no es especialmente conocida fuera de los círculos senderistas, su impacto visual es difícil de olvidar.. Tres gigantescas moles de granito ensambladas con una precisión casi arquitectónica componen esta suerte de “mesa” ciclópea que algunos no dudan en comparar con un dolmen. Otros, más prudentes, prefieren verla como lo que probablemente es: el resultado de millones de años de procesos geológicos que han esculpido uno de los bolos graníticos más sorprendentes de Galicia.. Un capricho de la geología… o algo más. Galicia está sembrada de penedos y berrocales, esas grandes masas graníticas redondeadas fruto del enfriamiento del magma y la posterior erosión. Son las llamadas pedras cabaleiras, formaciones que parecen desafiar la gravedad y que forman parte del imaginario colectivo gallego.. Pedra Filga sería, según la explicación más aceptada, el resultado de procesos físicos y químicos que actuaron durante millones de años sobre las diaclasas formadas en el enfriamiento de la masa magmática. La descompresión y la hidrólisis de determinados minerales acabaron dando lugar a tres grandes rocas inalteradas que, apoyadas entre sí, configuran esa inconfundible “mesa” pétrea.. Sin embargo, la disposición de las piezas —engarzadas como si respondieran a un diseño deliberado— alimenta desde hace décadas una hipótesis alternativa: ¿y si fuese un monumento megalítico?. Algunos cálculos estiman que el conjunto podría superar las 3.800 toneladas y, de ser obra humana, se remontaría al Neolítico (6000-3000 a.C.). De confirmarse, estaríamos ante uno de los mayores monumentos megalíticos de la Península. Pero, hasta la fecha, no consta ninguna prospección arqueológica concluyente que avale esta teoría.. Altar en mitad del bosque. Quien llega por primera vez a Pedra Filga comprende rápidamente por qué la duda persiste. Sus diez metros de altura y su apariencia de altar descomunal evocan la entrada a un dolmen desaparecido, el vestigio de una civilización olvidada o incluso el juguete petrificado de gigantes mitológicos.. Pedra Filga, sin necesidad de leyendas oficiales, se sostiene en ese delicado equilibrio entre ciencia y mito que tan bien define el paisaje gallego. Paradójicamente, no es un enclave masificado.. Cómo llegar a Pedra Filga. El acceso exige un pequeño esfuerzo, lo que añade encanto a la experiencia. Una de las rutas más habituales parte del lugar de A Ceboleira. Desde allí, se sigue una pista forestal hacia el norte durante algo más de 500 metros, se toma un cruce a la izquierda y, en menos de 200 metros, aparece a mano izquierda el imponente conjunto rocoso.. Otra opción consiste en salir de la N-525 a la altura del kilómetro 101, en dirección a Arcos da Condesa, y continuar hasta A Ceboleira. Desde allí, lo recomendable es dejar el vehículo y recorrer a pie unos 650 metros por pista forestal, atentos a las indicaciones.. Sea fruto exclusivo de la naturaleza o vestigio de una intervención humana milenaria, Pedra Filga impone. No solo por sus dimensiones, sino por la sensación de estar ante algo que no encaja del todo en los esquemas convencionales.. En una Galicia donde la piedra es memoria, frontera y leyenda, este coloso granítico de Caldas de Reis se erige como uno de los escenarios más fascinantes y enigmáticos del sur de la comunidad. Un lugar donde la geología dialoga con la mitología y donde, quizá, la verdadera respuesta no importe tanto como la emoción de contemplarlo.
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