Skip to content
Crónica Actual
  sábado 7 marzo 2026
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Tendencias
7 de marzo de 2026Moody’s rebaja la calificación de Virgin Media O2 ante la caída de la rentabilidad 7 de marzo de 2026Los dueños de Mayoral superan el 5% del capital en trece sociedades cotizadas 7 de marzo de 2026La gran banca recorta el uso de las líneas ICO y hunde su importe en un 40% 7 de marzo de 2026Los fondos canadienses congelan la venta de la plataforma de renovables Cubico a Qualitas por desacuerdos en el precio 7 de marzo de 2026«Calle Málaga»: Carmen Maura, una historia de amor en Tánger 7 de marzo de 2026Los libros de la semana: del universo amputado de Fernanda Trías a una imprescindible variante de «cozy mystery» 7 de marzo de 2026«Fuera de plano», el Festival de Málaga inunda la calle Larios 7 de marzo de 2026La inteligencia artificial se mete en el cerebro 7 de marzo de 2026La diplomacia de la fuerza estadounidense pone a prueba la legendaria paciencia estratégica de China 7 de marzo de 2026Montero enfría el ‘Superdomingo’ electoral
Crónica Actual
Crónica Actual
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Crónica Actual
  Cultura  «I LOVE PUCCINI»: cuando el amor suena a verdad (y no a azúcar)
Cultura

«I LOVE PUCCINI»: cuando el amor suena a verdad (y no a azúcar)

16 de febrero de 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Hay conciertos que se anuncian como celebración y acaban siendo, en realidad, una especie de confesión colectiva. «I LOVE PUCCINI», escuchado el pasado 14 de febrero en el Teatro Bulevar, fue uno de ellos. Angélica de la Riva nos ofreció un “recital de San Valentín” al uso: construyó una velada con pulso teatral, con idea —y con ese sentido del detalle que distingue a los artistas que no solo cantan, sino que cuentan.. Puccini, que tantas veces se reduce a tópico romántico, apareció aquí como lo que es: un músico de intuición casi cruel para localizar la emoción exacta. No idealiza; describe. Y en esa descripción, la fragilidad humana se vuelve música. De la Riva entendió perfectamente ese territorio: evitó el subrayado fácil y apostó por una lectura de fraseo cuidado, colores bien elegidos y un control del tiempo musical que sostuvo la tensión de principio a fin.. Desde el primer minuto, además, hubo algo evidente: De la Riva ilumina el escenario en cuanto entra. No es un efecto buscado, sino una presencia natural, una autoridad tranquila. A esa cualidad escénica se suma una técnica impecable que, en su caso, no se exhibe: se pone al servicio de la música con absoluta naturalidad. El legato —amplio, sostenido— y un fraseo muy pucciniano, de respiración larga y sentido teatral, fueron el hilo conductor de toda la noche.. El concierto, además, tuvo una intención especialmente noble: abrir con el Puccini menos conocido. No fue un gesto “para entendidos”, ni una coartada de erudición, sino una invitación franca a mirar al compositor desde otro ángulo. La primera parte —la de las canzoni— tuvo un encanto particular por su aparente sencillez y por la ausencia total de pretensión. Con gracia y humildad, De la Riva condujo al público por ese Puccini de cámara, de teatro en miniatura, y acabó aportando una posibilidad casi académica (en el mejor sentido: curiosidad, contexto, escucha atenta) a una noche festiva. Un equilibrio difícil: celebrar sin vaciar de contenido.. «Sole e amore» sonó como un presagio: esa melodía que más tarde vuelve en «La Bohème» se escuchó aquí con intimidad, sin artificios, con una línea natural que parecía dicho “al oído”. En «Ad una morta» la soprano desplegó su mejor arma: canto sostenido, legato generoso y una melancolía contenida que llegó sin necesidad de dramatizar. «Avanti, Urania!» aportó luz y brío, y «Morire» —más sobria, más áspera— se resolvió con una seriedad casi desnuda, sin convertirla en “número bonito”, sino en un pensamiento.. El maestro Sergio Kuhlmann fue un compañero de escena en el sentido literal del término. En el «Piccolo Valzer» tocó con elegancia y con estilo; sin pintarlo de azúcar, dejando que esa miniatura anunciara con gracia el futuro vals de Musetta. Durante toda la velada sostuvo el relato con un acompañamiento atento, flexible, de oído fino para respirar con la voz.. La segunda parte abrió, ya sin disimulo, el gran Puccini teatral. Los «intermezzi» (de «Suor Angelica» y «Manon Lescaut») funcionaron como esos instantes en que la emoción se prepara antes de hablar. Y cuando llegó «La Bohème», con el dúo O soave fanciulla junto a Miguel Borrallo, se notó la química: dos voces que se buscan sin competir. Borrallo cantó con entrega, proyección segura y un instinto lírico que encaja con naturalidad en este repertorio. El adiós de «Donde lieta uscì» fue uno de los puntos altos: De la Riva lo dijo con una tristeza limpia, sin exhibición, apoyada en un fraseo noble que sostuvo —de esos que dejan la sala en silencio.. Uno de los grandes apogeos dramáticos de la noche: «Sola, perduta, abbandonata» (Manon Lescaut), donde Angélica de la Riva se entregó con total abandono, llevando el aria al límite emocional con un dominio absoluto de sus medios —la voz de pecho sostenida con inteligencia y sin dureza, y los agudos firmes, libres, igual de presentes en la tragedia que en la belleza del sonido, logrando ese tipo de drama que no se actúa: se habita.. Mención aparte mereció el tenor en sus momentos más exigentes. La reconosidisima «Nessun dorma» fue abordada por Borrallo con valentía y sentido de progresión, creciendo frase a frase hasta el clímax sin precipitarse. Y en «Tosca» mostró su mejor versión: en «Recondita armonia» hubo canto de línea, gusto y una dicción clara; en «E lucevan le stelle» supo encontrar el punto justo de lirismo sin caer en el exceso, dejando que el aria respirara con verdad. Más allá de la potencia, lo interesante fue el control: un tenor que no confunde intensidad con volumen, y que entiende que Puccini necesita tanto músculo como matiz.. «Tosca» trajo también uno de los momentos más especiales de la noche con en el dúo «Mario, Mario»: De la Riva rompió la frontalidad del concierto y recorrió el teatro cantando en movimiento, acercándose a la platea y haciendo del espacio una extensión del drama. El efecto fue inmediato: teatro inmersivo sin artificio, una escena viva que obligó al público a entrar, no solo a mirar. Despues, el cambio de atmósfera, también visual, acompañó un «Vissi d’arte» bien planteado por De la Riva, con progresión emocional y sin precipitaciones, sostenido en un legato de manual y una musicalidad de gran intensidad dramática que no se quiebra cuando la emoción aprieta.. El cierre con «O mio babbino» caro tuvo la medida exacta: ni postal ni exhibición, sino esa mezcla de gracia y pellizco que Puccini firma mejor que nadie. Con el aforo lleno y el público rendido, «I LOVE PUCCINI» confirmó algo sencillo: cuando el repertorio se aborda con criterio, la emoción no necesita trucos. Y la emoción estuvo —y se quedó.. -Angelica, este concierto es una celebración de las grandes historias de amor del repertorio operístico. Cuéntanos como te sientes interpretando a Puccini.. -Para mí es un programa muy especial, es un privilegio poder servir de instrumento a este genio. En 2024 tuve la oportunidad de dedicar varios conciertos a Puccini con motivo del centenario de su muerte, y ese camino me llevó a investigar su música con más calma y con más profundidad. Ahí descubrí estas canciones, que son menos conocidas pero pequeñas joyas, muchas de ellas compuestas en su etapa de estudiante en el Conservatorio de Milán. Me emociona especialmente ver cómo Puccini trabaja con sus propias ideas: algunas melodías reaparecen después transformadas en sus óperas. Es algo muy humano y muy natural: volver a una idea musical que te pertenece, desarrollarla, llevarla a otro lugar… Muchos compositores lo han hecho siempre. Y también me parece precioso comprobar hasta qué punto Puccini ha dejado huella en otros creadores. Hay momentos en los que, por ejemplo, uno reconoce ecos de su lenguaje en obras posteriores, como ocurre a veces en «El fantasma de la ópera» de Andrew Lloyd Webber, donde se perciben ciertas atmósferas que recuerdan a Manon Lescaut. Al final, Puccini sigue acompañándonos: de forma directa o indirecta, pero siempre vivo.. -En esta velada compartiste el escenario con el tenor Miguel Borrallo y, al piano, con el maestro Sergio Kuhlmann. ¿Cómo fue trabajar juntos?. -Me hizo muchísima ilusión. Miguel es un tenor estupendo; además es un gran amigo, y en el escenario siempre hubo una energía muy bonita entre nosotros. Y tener al piano al maestro Sergio Kuhlmann fue una alegría enorme. Es un músico de sensibilidad extraordinaria, con una cultura musical inmensa y, sobre todo, con una generosidad artística que se notó desde el primer ensayo. Aunque él es brasileño, lo conocí aquí en Madrid gracias a la recomendación de otro gran músico y amigo, el maestro Pascual. -¿Cuándo descubriste que la lírica era tu vocación y cómo reaccionaron tus padres?. -Vengo de una familia muy melómana, y me siento una privilegiada por haber crecido en un entorno donde la cultura —la música, la literatura, el arte en general— era parte natural de la vida cotidiana. Yo no empecé estudiando música de manera formal desde el principio, pero mi casa fue, de algún modo, una escuela permanente. La verdad es que primero hice derecho, teatro y fui atleta profesional. Con relación a mis padres, siempre me han apoyado y cuando “anuncie” que me iba a Nueva York estudiar, no se han sorprendido mucho, y me han apoyado. Siempre! Lo único es que, como mi padre tiene gran conocimiento musical operístico, el es mi peor critico, jaja.. -Nacida en Brasil, con raíces cubanas y españolas, ¿cómo influyeron estas culturas en tu identidad artística y personal?. -Creo que fui, en muchos sentidos, la suma de esas culturas que llevo en la sangre. Esa mezcla apareció en todo: en cómo siento, en cómo miro el mundo y, por supuesto, en cómo canto. Brasil y Cuba se parecieron en muchas cosas, sobre todo en el terreno artístico. Tuvimos una herencia europea muy marcada, pero también una raíz afrodescendiente fundamental. Hubo una riqueza rítmica tan profunda que a veces pienso que incluso se notó en la forma de caminar, como si una melodía o una síncopa marcaran, sin darnos cuenta, nuestro propio lenguaje corporal. Y existió una relación muy natural con la música popular y el folclore: no fue algo “ajeno”, formó parte íntima de nuestra identidad. Y lo español siempre estuvo presente en casa: pasando por Cuba y llegando a Brasil como un hilo que no se rompió. Una tradición cultural riquísima, valores que me formaron, y también una herencia lírica muy fuerte: la intensidad emocional, esa manera de vivir la pasión… y una alegría de vivir que, en el fondo, también se canta.. -¿De dónde te sientes realmente?. -Nueva York me ha moldeado muchísimo. Con el tiempo me he dado cuenta de que me he sentido neoyorquina, con origen brasileño-cubano y raíces españolas muy profundas. Es una mezcla peculiar, sí, pero es la mía, y la llevo con orgullo y con gratitud.. -Después de una noche como la de hoy —San Valentín, Puccini, el teatro lleno—, ¿qué te llevas contigo y qué le pedirías al futuro?. -Me llevo, sobre todo, gratitud. Por el público, por mis compañeros, por el silencio atento y por ese instante tan raro en el que notas que la sala respira contigo. Y al futuro… le pediría tiempo y salud para seguir aprendiendo. Me siento afortunada de haber comprendido, hace muchos años, que la perfección no existe. Con esta lección bastante bien digerida, sigo buscándola con devoción, amor, disciplina y respeto. Es un honor y un privilegio ser instrumento de la buena música. Deseo poder compartirla con todo aquel que quiera escucharme, las veces que Dios me lo permita.

Más noticias

Menú, menúes, menuses: ¿cuál es el plural correcto de «menú»?

26 de enero de 2026

La mística en las patatas bravas: el delirio literario de Constantino Molina, poeta y tendero del Thyssen

3 de marzo de 2026

Sonia y Selena ya no quieren bailar toda la noche: por qué se han separado

28 de noviembre de 2025

Crítica de «El último vikingo»: ABBA y Mads Mikkelsen pueden con lo que le echen ★★★ 1/2

6 de marzo de 2026

 

Angélica de la Riva ofreció en el Teatro Bulevar el pasado 14 de febrero un «recital de San Valentín»

  

Hay conciertos que se anuncian como celebración y acaban siendo, en realidad, una especie de confesión colectiva. «I LOVE PUCCINI», escuchado el pasado 14 de febrero en el Teatro Bulevar, fue uno de ellos. Angélica de la Riva nos ofreció un “recital de San Valentín” al uso: construyó una velada con pulso teatral, con idea —y con ese sentido del detalle que distingue a los artistas que no solo cantan, sino que cuentan.. Puccini, que tantas veces se reduce a tópico romántico, apareció aquí como lo que es: un músico de intuición casi cruel para localizar la emoción exacta. No idealiza; describe. Y en esa descripción, la fragilidad humana se vuelve música. De la Riva entendió perfectamente ese territorio: evitó el subrayado fácil y apostó por una lectura de fraseo cuidado, colores bien elegidos y un control del tiempo musical que sostuvo la tensión de principio a fin.. Desde el primer minuto, además, hubo algo evidente: De la Riva ilumina el escenario en cuanto entra. No es un efecto buscado, sino una presencia natural, una autoridad tranquila. A esa cualidad escénica se suma una técnica impecable que, en su caso, no se exhibe: se pone al servicio de la música con absoluta naturalidad. El legato —amplio, sostenido— y un fraseo muy pucciniano, de respiración larga y sentido teatral, fueron el hilo conductor de toda la noche.. El concierto, además, tuvo una intención especialmente noble: abrir con el Puccini menos conocido. No fue un gesto “para entendidos”, ni una coartada de erudición, sino una invitación franca a mirar al compositor desde otro ángulo. La primera parte —la de las canzoni— tuvo un encanto particular por su aparente sencillez y por la ausencia total de pretensión. Con gracia y humildad, De la Riva condujo al público por ese Puccini de cámara, de teatro en miniatura, y acabó aportando una posibilidad casi académica (en el mejor sentido: curiosidad, contexto, escucha atenta) a una noche festiva. Un equilibrio difícil: celebrar sin vaciar de contenido.. «Sole e amore» sonó como un presagio: esa melodía que más tarde vuelve en «La Bohème» se escuchó aquí con intimidad, sin artificios, con una línea natural que parecía dicho “al oído”. En «Ad una morta» la soprano desplegó su mejor arma: canto sostenido, legato generoso y una melancolía contenida que llegó sin necesidad de dramatizar. «Avanti, Urania!» aportó luz y brío, y «Morire» —más sobria, más áspera— se resolvió con una seriedad casi desnuda, sin convertirla en “número bonito”, sino en un pensamiento.. El maestro Sergio Kuhlmann fue un compañero de escena en el sentido literal del término. En el «Piccolo Valzer» tocó con elegancia y con estilo; sin pintarlo de azúcar, dejando que esa miniatura anunciara con gracia el futuro vals de Musetta. Durante toda la velada sostuvo el relato con un acompañamiento atento, flexible, de oído fino para respirar con la voz.. La segunda parte abrió, ya sin disimulo, el gran Puccini teatral. Los «intermezzi» (de «Suor Angelica» y «Manon Lescaut») funcionaron como esos instantes en que la emoción se prepara antes de hablar. Y cuando llegó «La Bohème», con el dúo O soave fanciulla junto a Miguel Borrallo, se notó la química: dos voces que se buscan sin competir. Borrallo cantó con entrega, proyección segura y un instinto lírico que encaja con naturalidad en este repertorio. El adiós de «Donde lieta uscì» fue uno de los puntos altos: De la Riva lo dijo con una tristeza limpia, sin exhibición, apoyada en un fraseo noble que sostuvo —de esos que dejan la sala en silencio.. Uno de los grandes apogeos dramáticos de la noche: «Sola, perduta, abbandonata» (Manon Lescaut), donde Angélica de la Riva se entregó con total abandono, llevando el aria al límite emocional con un dominio absoluto de sus medios —la voz de pecho sostenida con inteligencia y sin dureza, y los agudos firmes, libres, igual de presentes en la tragedia que en la belleza del sonido, logrando ese tipo de drama que no se actúa: se habita.. Mención aparte mereció el tenor en sus momentos más exigentes. La reconosidisima «Nessun dorma» fue abordada por Borrallo con valentía y sentido de progresión, creciendo frase a frase hasta el clímax sin precipitarse. Y en «Tosca» mostró su mejor versión: en «Recondita armonia» hubo canto de línea, gusto y una dicción clara; en «E lucevan le stelle» supo encontrar el punto justo de lirismo sin caer en el exceso, dejando que el aria respirara con verdad. Más allá de la potencia, lo interesante fue el control: un tenor que no confunde intensidad con volumen, y que entiende que Puccini necesita tanto músculo como matiz.. «Tosca» trajo también uno de los momentos más especiales de la noche con en el dúo «Mario, Mario»: De la Riva rompió la frontalidad del concierto y recorrió el teatro cantando en movimiento, acercándose a la platea y haciendo del espacio una extensión del drama. El efecto fue inmediato: teatro inmersivo sin artificio, una escena viva que obligó al público a entrar, no solo a mirar. Despues, el cambio de atmósfera, también visual, acompañó un «Vissi d’arte» bien planteado por De la Riva, con progresión emocional y sin precipitaciones, sostenido en un legato de manual y una musicalidad de gran intensidad dramática que no se quiebra cuando la emoción aprieta.. El cierre con «O mio babbino» caro tuvo la medida exacta: ni postal ni exhibición, sino esa mezcla de gracia y pellizco que Puccini firma mejor que nadie. Con el aforo lleno y el público rendido, «I LOVE PUCCINI» confirmó algo sencillo: cuando el repertorio se aborda con criterio, la emoción no necesita trucos. Y la emoción estuvo —y se quedó.. -Angelica, este concierto es una celebración de las grandes historias de amor del repertorio operístico. Cuéntanos como te sientes interpretando a Puccini.. -Para mí es un programa muy especial, es un privilegio poder servir de instrumento a este genio. En 2024 tuve la oportunidad de dedicar varios conciertos a Puccini con motivo del centenario de su muerte, y ese camino me llevó a investigar su música con más calma y con más profundidad. Ahí descubrí estas canciones, que son menos conocidas pero pequeñas joyas, muchas de ellas compuestas en su etapa de estudiante en el Conservatorio de Milán. Me emociona especialmente ver cómo Puccini trabaja con sus propias ideas: algunas melodías reaparecen después transformadas en sus óperas. Es algo muy humano y muy natural: volver a una idea musical que te pertenece, desarrollarla, llevarla a otro lugar… Muchos compositores lo han hecho siempre. Y también me parece precioso comprobar hasta qué punto Puccini ha dejado huella en otros creadores. Hay momentos en los que, por ejemplo, uno reconoce ecos de su lenguaje en obras posteriores, como ocurre a veces en «El fantasma de la ópera» de Andrew Lloyd Webber, donde se perciben ciertas atmósferas que recuerdan a Manon Lescaut. Al final, Puccini sigue acompañándonos: de forma directa o indirecta, pero siempre vivo.. -En esta velada compartiste el escenario con el tenor Miguel Borrallo y, al piano, con el maestro Sergio Kuhlmann. ¿Cómo fue trabajar juntos?. -Me hizo muchísima ilusión. Miguel es un tenor estupendo; además es un gran amigo, y en el escenario siempre hubo una energía muy bonita entre nosotros. Y tener al piano al maestro Sergio Kuhlmann fue una alegría enorme. Es un músico de sensibilidad extraordinaria, con una cultura musical inmensa y, sobre todo, con una generosidad artística que se notó desde el primer ensayo. Aunque él es brasileño, lo conocí aquí en Madrid gracias a la recomendación de otro gran músico y amigo, el maestro Pascual. -¿Cuándo descubriste que la lírica era tu vocación y cómo reaccionaron tus padres?. -Vengo de una familia muy melómana, y me siento una privilegiada por haber crecido en un entorno donde la cultura —la música, la literatura, el arte en general— era parte natural de la vida cotidiana. Yo no empecé estudiando música de manera formal desde el principio, pero mi casa fue, de algún modo, una escuela permanente. La verdad es que primero hice derecho, teatro y fui atleta profesional. Con relación a mis padres, siempre me han apoyado y cuando “anuncie” que me iba a Nueva York estudiar, no se han sorprendido mucho, y me han apoyado. Siempre! Lo único es que, como mi padre tiene gran conocimiento musical operístico, el es mi peor critico, jaja.. -Nacida en Brasil, con raíces cubanas y españolas, ¿cómo influyeron estas culturas en tu identidad artística y personal?. -Creo que fui, en muchos sentidos, la suma de esas culturas que llevo en la sangre. Esa mezcla apareció en todo: en cómo siento, en cómo miro el mundo y, por supuesto, en cómo canto. Brasil y Cuba se parecieron en muchas cosas, sobre todo en el terreno artístico. Tuvimos una herencia europea muy marcada, pero también una raíz afrodescendiente fundamental. Hubo una riqueza rítmica tan profunda que a veces pienso que incluso se notó en la forma de caminar, como si una melodía o una síncopa marcaran, sin darnos cuenta, nuestro propio lenguaje corporal. Y existió una relación muy natural con la música popular y el folclore: no fue algo “ajeno”, formó parte íntima de nuestra identidad. Y lo español siempre estuvo presente en casa: pasando por Cuba y llegando a Brasil como un hilo que no se rompió. Una tradición cultural riquísima, valores que me formaron, y también una herencia lírica muy fuerte: la intensidad emocional, esa manera de vivir la pasión… y una alegría de vivir que, en el fondo, también se canta.. -¿De dónde te sientes realmente?. -Nueva York me ha moldeado muchísimo. Con el tiempo me he dado cuenta de que me he sentido neoyorquina, con origen brasileño-cubano y raíces españolas muy profundas. Es una mezcla peculiar, sí, pero es la mía, y la llevo con orgullo y con gratitud.. -Después de una noche como la de hoy —San Valentín, Puccini, el teatro lleno—, ¿qué te llevas contigo y qué le pedirías al futuro?. -Me llevo, sobre todo, gratitud. Por el público, por mis compañeros, por el silencio atento y por ese instante tan raro en el que notas que la sala respira contigo. Y al futuro… le pediría tiempo y salud para seguir aprendiendo. Me siento afortunada de haber comprendido, hace muchos años, que la perfección no existe. Con esta lección bastante bien digerida, sigo buscándola con devoción, amor, disciplina y respeto. Es un honor y un privilegio ser instrumento de la buena música. Deseo poder compartirla con todo aquel que quiera escucharme, las veces que Dios me lo permita.

 

​Noticias de cultura en La Razón

ERC retira ahora su ley para recaudar el IRPF en Cataluña para presionar a Sánchez en la negociación sobre financiación
‘La Gioconda’ desde un palco del Liceu
Leer también
Economía

Moody’s rebaja la calificación de Virgin Media O2 ante la caída de la rentabilidad

7 de marzo de 2026 533
Economía

Los dueños de Mayoral superan el 5% del capital en trece sociedades cotizadas

7 de marzo de 2026 6575
Economía

La gran banca recorta el uso de las líneas ICO y hunde su importe en un 40%

7 de marzo de 2026 1244
Economía

Los fondos canadienses congelan la venta de la plataforma de renovables Cubico a Qualitas por desacuerdos en el precio

7 de marzo de 2026 9288
Cultura

«Calle Málaga»: Carmen Maura, una historia de amor en Tánger

7 de marzo de 2026 13511
Cultura

Los libros de la semana: del universo amputado de Fernanda Trías a una imprescindible variante de «cozy mystery»

7 de marzo de 2026 13960
Cargar más
Entradas Recientes

Moody’s rebaja la calificación de Virgin Media O2 ante la caída de la rentabilidad

7 de marzo de 2026

Los dueños de Mayoral superan el 5% del capital en trece sociedades cotizadas

7 de marzo de 2026

La gran banca recorta el uso de las líneas ICO y hunde su importe en un 40%

7 de marzo de 2026

Los fondos canadienses congelan la venta de la plataforma de renovables Cubico a Qualitas por desacuerdos en el precio

7 de marzo de 2026

«Calle Málaga»: Carmen Maura, una historia de amor en Tánger

7 de marzo de 2026

Los libros de la semana: del universo amputado de Fernanda Trías a una imprescindible variante de «cozy mystery»

7 de marzo de 2026
    Crónica Actual
    En ‘Crónica Actual’, nos dedicamos a la búsqueda incansable de la verdad y la precisión en el periodismo. Con un equipo de reporteros experimentados y una red de corresponsales en todo el mundo, ofrecemos cobertura en tiempo real de los eventos más importantes. Nuestra misión es informar a nuestros lectores con reportajes detallados, análisis profundos y una narrativa que conecta los puntos en el complejo tapiz de la sociedad. Desde conflictos internacionales hasta avances científicos, pasando por las últimas tendencias culturales, ‘Crónica Actual’ es su fuente confiable de noticias que importan.
    CRONICAACTUAL.COM © 2025 | Todos los derechos reservados.
    • Contacto
    • Sobre Nosotros
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad