Cómo afrontar el final de la vida. Cómo reflexionar, sin miedo, sobre el más allá. ¿Qué nos espera después de está vida? Alguna vez, necesariamente, tenemos que hacernos estas preguntas. El secreto está en afrontarlas sin miedo.. En el mundo mueren cada año alrededor de 60 millones de personas, más de 7200 por hora y unas 170.000 al día; con una salvedad: la muerte no es cuestión de edad.. Nos acompaña, día tras día, pero olvidamos que es un hecho tan natural como el nacer. Nada vemos tan a diario y nada olvidamos tan fácilmente. Ya no es necesario leer las esquelas de los periódicos -algo que solemos hacer-, basta con seguir los informativos para encontrarse con catástrofes, guerras, asesinatos, suicidios o esa insoportable tagedia de la violencia machista. Es un hecho y, sin embargo, nunca nos acostumbramos. Como dice mi amigo Ramiro Calle «el que se muere es el otro, no yo».. Convengamos, para empezar, que la muerte nunca es bienvenida. Al contrario: es siempre inoportuna. Me decía un amigo terminal: «es que ahora mismo no me viene bien morirme. En otro momento tal vez, pero ahora no» . ¿Y cuándo si? En un tiempo en el que todo provoca hilaridad, la muerte es lo único serio que va quedando. Más que nada, por lo que canta Gardel: «sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando».. Y así será para mí y para ti, amable lector. La muerte ha suscitado un buen número de libros. Los mejor armados, los de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, pionera en la necesidad de acompañar humanamente el proceso de morir. De ella es esta frase: «cuando concluímos la tarea que hemos venido ha realizar en la tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma, al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa».. Desde luego que, no se trata de vivir pensando a toda hora en nuestra propia fragilidad y, menos todavía, en negar esperanza a los que están al final de sus días. Por eso vale la pena adecuar el modo de vivir para ese momento único. Es lo que hacen escritores como Susanna Tamaro en su novela ‘Anima mundi’, donde asegura: «sé que puede resultar macabro, decir que hace falta vivir con la idea de la muerte. Sin embargo, sólo la conciencia del final, puede dar plenitud a nuestra existencia».. Para millones de mujeres y hombres, la muerte no interrumpe nada. Epicuro lo tenía claro: «la muerte no es nada porque, mientras vivimos, no hay muerte y cuando la muerte está ahí nosotros ya no estamos».. Lo cierto es que la muerte es un gran misterio; el máximo enigma de la vida. Nadie nos puede quitar esa semilla de eternidad que llevamos en el interior, que es irreductible y que se alza contra la finitud de todo.. Los esfuerzos por demostrar que no hay nada después de la vida, se estrellan contra la mayor ansiedad del hombre: ese deseo de más allá que surge imparable del corazón humano
Epicuro lo tenía claro: «la muerte no es nada porque, mientras vivimos, no hay muerte y cuando la muerte está ahí nosotros ya no estamos»
Cómo afrontar el final de la vida. Cómo reflexionar, sin miedo, sobre el más allá. ¿Qué nos espera después de está vida? Alguna vez, necesariamente, tenemos que hacernos estas preguntas. El secreto está en afrontarlas sin miedo.. En el mundo mueren cada año alrededor de 60 millones de personas, más de 7200 por hora y unas 170.000 al día; con una salvedad: la muerte no es cuestión de edad.. Nos acompaña, día tras día, pero olvidamos que es un hecho tan natural como el nacer. Nada vemos tan a diario y nada olvidamos tan fácilmente. Ya no es necesario leer las esquelas de los periódicos -algo que solemos hacer-, basta con seguir los informativos para encontrarse con catástrofes, guerras, asesinatos, suicidios o esa insoportable tagedia de la violencia machista. Es un hecho y, sin embargo, nunca nos acostumbramos. Como dice mi amigo Ramiro Calle «el que se muere es el otro, no yo».. Convengamos, para empezar, que la muerte nunca es bienvenida. Al contrario: es siempre inoportuna. Me decía un amigo terminal: «es que ahora mismo no me viene bien morirme. En otro momento tal vez, pero ahora no» . ¿Y cuándo si? En un tiempo en el que todo provoca hilaridad, la muerte es lo único serio que va quedando. Más que nada, por lo que canta Gardel: «sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando».. Y así será para mí y para ti, amable lector. La muerte ha suscitado un buen número de libros. Los mejor armados, los de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, pionera en la necesidad de acompañar humanamente el proceso de morir. De ella es esta frase: «cuando concluímos la tarea que hemos venido ha realizar en la tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma, al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa».. Desde luego que, no se trata de vivir pensando a toda hora en nuestra propia fragilidad y, menos todavía, en negar esperanza a los que están al final de sus días. Por eso vale la pena adecuar el modo de vivir para ese momento único. Es lo que hacen escritores como Susanna Tamaro en su novela ‘Anima mundi’, donde asegura: «sé que puede resultar macabro, decir que hace falta vivir con la idea de la muerte. Sin embargo, sólo la conciencia del final, puede dar plenitud a nuestra existencia».. Para millones de mujeres y hombres, la muerte no interrumpe nada. Epicuro lo tenía claro: «la muerte no es nada porque, mientras vivimos, no hay muerte y cuando la muerte está ahí nosotros ya no estamos».. Lo cierto es que la muerte es un gran misterio; el máximo enigma de la vida. Nadie nos puede quitar esa semilla de eternidad que llevamos en el interior, que es irreductible y que se alza contra la finitud de todo.. Los esfuerzos por demostrar que no hay nada después de la vida, se estrellan contra la mayor ansiedad del hombre: ese deseo de más allá que surge imparable del corazón humano
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