Hoy es viernes 13… Un día muy de peli de terror. Pero yo prefiero pensar que mañana es 14 de febrero: San Valentín. Y aunque el calendario nos empuje a pensar en parejas, cenas con velitas y corazones baratos de escaparate, yo te quiero hablar del amor que empieza antes de cualquier cita, antes de un ‘para siempre y antes incluso de cualquier historia compartida: el amor propio.. Se está bien ennoviado, en una relación LAT, cada uno en su casa y el amor en el centro. Se está bien casado, con cien mil hijos correteando por el pasillo, con uno o sin ninguno. Se está muy bien soltero. Y se está fenomenal cuando uno aprende a estar bien consigo mismo. Porque ningún vínculo florece si antes no hemos hecho las paces con el doloroso reflejo del espejo.. Nos venden la idea de que el amor es encontrar una media naranja que nos complete y la revolución es otra: somos naranjas completas con ganas de compartir zumo. Quererse mucho. Respetarse. No mendigar cariño. No conformarse con migajas. Amar sin dejar de ser. He aprendido que los amores más sólidos no siempre son románticos. Mi familia es un amor que sostiene. Mis amigos son amores que celebran, escuchan, y que aparecen sin avisar cuando el mundo aprieta. Son hogar y latido compartido. También vosotros, lectores de 20minutos, y mis compis de redacción sois parte de ese mapa afectivo.. Porque el amor no es solo pareja; es comunidad y saber que no caminas solo. El amor del bueno no es perfecto y a veces duele. Pero si duele, que sea de lo fuerte que late el corazón. Que duela de emoción, gratitud y presencia. No de ausencia ni de miedo. Así que mañana, celebres lo que celebres… ¡quiérete mucho! ¡Pero mucho, mucho! Y ama con valentía. Porque cuando uno se quiere bien, el amor (sea cual sea su forma) siempre encuentra sitio.
Hoy es viernes 13… Un día muy de peli de terror. Pero yo prefiero pensar que mañana es 14 de febrero: San Valentín. Y aunque el calendario nos empuje a pensar en parejas, cenas con velitas y corazones baratos de escaparate, yo te quiero hablar del amor que empieza antes de cualquier cita, antes de un ‘para siempre y antes incluso de cualquier historia compartida: el amor propio.. Se está bien ennoviado, en una relación LAT, cada uno en su casa y el amor en el centro. Se está bien casado, con cien mil hijos correteando por el pasillo, con uno o sin ninguno. Se está muy bien soltero. Y se está fenomenal cuando uno aprende a estar bien consigo mismo. Porque ningún vínculo florece si antes no hemos hecho las paces con el doloroso reflejo del espejo.. Nos venden la idea de que el amor es encontrar una media naranja que nos complete y la revolución es otra: somos naranjas completas con ganas de compartir zumo. Quererse mucho. Respetarse. No mendigar cariño. No conformarse con migajas. Amar sin dejar de ser. He aprendido que los amores más sólidos no siempre son románticos. Mi familia es un amor que sostiene. Mis amigos son amores que celebran, escuchan, y que aparecen sin avisar cuando el mundo aprieta. Son hogar y latido compartido. También vosotros, lectores de 20minutos, y mis compis de redacción sois parte de ese mapa afectivo.. Porque el amor no es solo pareja; es comunidad y saber que no caminas solo. El amor del bueno no es perfecto y a veces duele. Pero si duele, que sea de lo fuerte que late el corazón. Que duela de emoción, gratitud y presencia. No de ausencia ni de miedo. Así que mañana, celebres lo que celebres… ¡quiérete mucho! ¡Pero mucho, mucho! Y ama con valentía. Porque cuando uno se quiere bien, el amor (sea cual sea su forma) siempre encuentra sitio.
