La bobal es una uva que durante siglos vivió a la sombra de otras variedades más famosas, pero que hoy reclama, con argumentos sólidos, su lugar en el panorama del vino español. Autóctona del sureste de la península ibérica, la bobal es mucho más que una uva rústica: es la columna vertebral de una identidad vitivinícola profundamente ligada al interior valenciano, especialmente a la Denominación de Origen Utiel-Requena.. Su nombre, según la teoría más extendida, procede del latín bovale, en referencia a la forma redondeada de sus racimos, similares a una cabeza de buey. Los primeros registros documentales se remontan a la Edad Media, aunque su cultivo probablemente sea anterior. Durante generaciones fue una variedad orientada a la cantidad más que a la calidad: productiva, resistente a la sequía y al calor extremo, y capaz de ofrecer vinos con buen color y acidez, ideales para el consumo local o para reforzar mezclas en otras regiones.. Sin embargo, el cambio de mentalidad llegó a finales del siglo XX y se consolidó en el XXI. Viticultores y enólogos empezaron a mirar de otra forma a los viejos viñedos de bobal en vaso, muchos de ellos con más de 60 y 80 años, plantados a altitudes que superan los 700 metros. Allí, con rendimientos bajos y una viticultura más precisa, la bobal mostró una cara inesperada: elegancia, frescura y una expresión honesta del territorio.. ¿Y qué vinos da la bobal? Tradicionalmente ha sido conocida por sus tintos intensos, de color profundo, tanino firme y una acidez natural elevada, algo poco habitual en climas cálidos. En nariz suelen aparecer notas de fruta negra, ciruela, mora, hierbas secas y, con crianza, toques especiados y balsámicos. Bien trabajada, la bobal puede dar vinos estructurados pero equilibrados, con una notable capacidad de envejecimiento.. Pero su versatilidad va más allá. En los últimos años ha brillado especialmente en rosados, donde se ha convertido casi en una referencia nacional. Son vinos frescos, fragantes, con aromas de fresa, granada y flores, y una boca vibrante que los hace muy gastronómicos. También comienzan a verse espumosos y vinos de mínima intervención que exploran su lado más ligero y jugoso.. Todo este renacimiento no se entiende sin la D.O. Utiel-Requena, un territorio situado al oeste de la provincia de Valencia, con clima continental, fuertes contrastes térmicos y suelos mayoritariamente calizos y arcillosos. Es una de las pocas denominaciones españolas donde una variedad tinta autóctona —la bobal— ocupa más del 70% del viñedo. La D.O. ha apostado en los últimos años por la calidad, la zonificación y la puesta en valor de los viñedos viejos, posicionando a la bobal como un activo diferencial.. Hoy, la bobal ya no es solo una uva “de la zona”. Es una variedad con discurso propio, capaz de competir en mercados internacionales y de contar, copa en mano, la historia de una tierra austera, luminosa y auténtica. Una historia que, por fin, empieza a ser escuchada.
La variedad bobal se cultiva en la Denominación de Origen Utiel-Requena
La bobal es una uva que durante siglos vivió a la sombra de otras variedades más famosas, pero que hoy reclama, con argumentos sólidos, su lugar en el panorama del vino español. Autóctona del sureste de la península ibérica, la bobal es mucho más que una uva rústica: es la columna vertebral de una identidad vitivinícola profundamente ligada al interior valenciano, especialmente a la Denominación de Origen Utiel-Requena.. Su nombre, según la teoría más extendida, procede del latín bovale, en referencia a la forma redondeada de sus racimos, similares a una cabeza de buey. Los primeros registros documentales se remontan a la Edad Media, aunque su cultivo probablemente sea anterior. Durante generaciones fue una variedad orientada a la cantidad más que a la calidad: productiva, resistente a la sequía y al calor extremo, y capaz de ofrecer vinos con buen color y acidez, ideales para el consumo local o para reforzar mezclas en otras regiones.. Sin embargo, el cambio de mentalidad llegó a finales del siglo XX y se consolidó en el XXI. Viticultores y enólogos empezaron a mirar de otra forma a los viejos viñedos de bobal en vaso, muchos de ellos con más de 60 y 80 años, plantados a altitudes que superan los 700 metros. Allí, con rendimientos bajos y una viticultura más precisa, la bobal mostró una cara inesperada: elegancia, frescura y una expresión honesta del territorio.. ¿Y qué vinos da la bobal? Tradicionalmente ha sido conocida por sus tintos intensos, de color profundo, tanino firme y una acidez natural elevada, algo poco habitual en climas cálidos. En nariz suelen aparecer notas de fruta negra, ciruela, mora, hierbas secas y, con crianza, toques especiados y balsámicos. Bien trabajada, la bobal puede dar vinos estructurados pero equilibrados, con una notable capacidad de envejecimiento.. Pero su versatilidad va más allá. En los últimos años ha brillado especialmente en rosados, donde se ha convertido casi en una referencia nacional. Son vinos frescos, fragantes, con aromas de fresa, granada y flores, y una boca vibrante que los hace muy gastronómicos. También comienzan a verse espumosos y vinos de mínima intervención que exploran su lado más ligero y jugoso.. Todo este renacimiento no se entiende sin la D.O. Utiel-Requena, un territorio situado al oeste de la provincia de Valencia, con clima continental, fuertes contrastes térmicos y suelos mayoritariamente calizos y arcillosos. Es una de las pocas denominaciones españolas donde una variedad tinta autóctona —la bobal— ocupa más del 70% del viñedo. La D.O. ha apostado en los últimos años por la calidad, la zonificación y la puesta en valor de los viñedos viejos, posicionando a la bobal como un activo diferencial.. Hoy, la bobal ya no es solo una uva “de la zona”. Es una variedad con discurso propio, capaz de competir en mercados internacionales y de contar, copa en mano, la historia de una tierra austera, luminosa y auténtica. Una historia que, por fin, empieza a ser escuchada.
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