La capacidad de reinvención de las bandas organizadas nunca deja de sorprender a los investigadores policiales. Si algo caracteriza al narcotráfico es su perversa habilidad para buscar rendijas por las que colar su mercancía. En Galicia, un territorio históricamente sensible a esta problemática, se ha consolidado un cambio de paradigma en la venta al por menor.. De hecho, las organizaciones criminales han incorporado a su flota logística un elemento tan cotidiano como inesperado: los patinetes eléctricos. Lo que antaño se gestionaba mediante vehículos a motor convencionales, mucho más ruidosos y visibles, ahora se desliza silenciosamente sobre dos ruedas por el asfalto urbano. Es el triunfo de la funcionalidad sobre la ostentación en el mundo del hampa.. Ante este escenario, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han dado la voz de alarma tras detectar un incremento considerable en la utilización de estos dispositivos para el trapicheo callejero. Los agentes encaran un nuevo perfil de distribuidor, mucho más escurridizo, que explota las ventajas de la micromovilidad para operar con total soltura. No hablamos de casos aislados, sino de una tendencia clara.. Esta elección no responde a una cuestión de moda, sino a una lógica operativa aplastante. La estructura de muchas ciudades gallegas, caracterizadas por sus cascos históricos de calles estrechas y empedradas, dificultaba el acceso rápido en coche. El patinete ha venido a solucionar esa papeleta técnica logística.. Una agilidad sin precedentes. En este sentido, el vehículo eléctrico permite una maniobrabilidad imposible de igualar por un turismo en estos escenarios complejos. Los delincuentes pueden sortear obstáculos, acceder a callejones angostos y moverse con rapidez por áreas vetadas al tráfico rodado habitual. Son lugares donde un coche patrulla tendría muy difícil el acceso o la maniobra de persecución.. Asimismo, el factor de la discreción resulta fundamental en esta renovada estrategia de distribución de estupefacientes. Mientras que un coche dando vueltas erráticas suele levantar sospechas inmediatas entre los vecinos y la Policía, un individuo en patinete se camufla a la perfección en el paisaje urbano actual. Pasan desapercibidos entre el resto de ciudadanos mientras transportan las sustancias.. Por último, esta adaptación demuestra cómo el crimen organizado sabe aprovechar las infraestructuras modernas y la tecnología de consumo en su propio beneficio. La versatilidad del patinete eléctrico lo ha convertido en la herramienta predilecta para capilarizar la venta de droga en el corazón de las ciudades, planteando un reto distinto y complejo para la seguridad en las zonas céntricas.
Las autoridades analizan el uso de estos vehículos que gracias a su su agilidad en las calles estrechas de los cascos históricos, emplean para moverse con rapidez y pasar desapercibidos frente a los coches patrulla
La capacidad de reinvención de las bandas organizadas nunca deja de sorprender a los investigadores policiales. Si algo caracteriza al narcotráfico es su perversa habilidad para buscar rendijas por las que colar su mercancía. En Galicia, un territorio históricamente sensible a esta problemática, se ha consolidado un cambio de paradigma en la venta al por menor.. De hecho, las organizaciones criminales han incorporado a su flota logística un elemento tan cotidiano como inesperado: los patinetes eléctricos. Lo que antaño se gestionaba mediante vehículos a motor convencionales, mucho más ruidosos y visibles, ahora se desliza silenciosamente sobre dos ruedas por el asfalto urbano. Es el triunfo de la funcionalidad sobre la ostentación en el mundo del hampa.. Ante este escenario, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han dado la voz de alarma tras detectar un incremento considerable en la utilización de estos dispositivos para el trapicheo callejero. Los agentes encaran un nuevo perfil de distribuidor, mucho más escurridizo, que explota las ventajas de la micromovilidad para operar con total soltura. No hablamos de casos aislados, sino de una tendencia clara.. Esta elección no responde a una cuestión de moda, sino a una lógica operativa aplastante. La estructura de muchas ciudades gallegas, caracterizadas por sus cascos históricos de calles estrechas y empedradas, dificultaba el acceso rápido en coche. El patinete ha venido a solucionar esa papeleta técnica logística.. En este sentido, el vehículo eléctrico permite una maniobrabilidad imposible de igualar por un turismo en estos escenarios complejos. Los delincuentes pueden sortear obstáculos, acceder a callejones angostos y moverse con rapidez por áreas vetadas al tráfico rodado habitual. Son lugares donde un coche patrulla tendría muy difícil el acceso o la maniobra de persecución.. Asimismo, el factor de la discreción resulta fundamental en esta renovada estrategia de distribución de estupefacientes. Mientras que un coche dando vueltas erráticas suele levantar sospechas inmediatas entre los vecinos y la Policía, un individuo en patinete se camufla a la perfección en el paisaje urbano actual. Pasan desapercibidos entre el resto de ciudadanos mientras transportan las sustancias.. Por último, esta adaptación demuestra cómo el crimen organizado sabe aprovechar las infraestructuras modernas y la tecnología de consumo en su propio beneficio. La versatilidad del patinete eléctrico lo ha convertido en la herramienta predilecta para capilarizar la venta de droga en el corazón de las ciudades, planteando un reto distinto y complejo para la seguridad en las zonas céntricas.
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