Año 1829, un terremoto devasta Torrevieja, al sur de la provincia de Alicante, y otros municipios de la comarca de la Vega Baja. Fue uno de los seísmos más graves en la historia de España, de 6,6 grados de intensidad, solo superado por el de Granada de 1884. Año 2025, la Universidad de Alicante, UA, instala en Orihuela, que también sufrió graves daños por aquel seísmo, una estación de alerta temprana de terremotos.. De hecho, la UA ha ubicado un dispositivo en la Vega Baja, en la pedanía oriolana La Matanza, y en Alicante, otro en la facultad de Ciencias.. Se trata de dispositivos permiten la recopilación continua de datos meteorológicos y ambientales que se integran en redes de observación abiertas y de acceso público.. Esos datos se reciben y almacenan en los servidores de la Red Sísmica de la Comunidad Valenciana, SISCOVA.. Tal y como explicó al diario LA RAZÓN Pedro Alfaro, coordinador científico de la Red Sísmica de la Comunidad Valenciana, SISCOVA, «la Vega Baja es una de las zonas de riesgo de seísmo en la Comunidad Valenciana junto al sur de la provincia de Valencia y el interior de la provincia de Alicante, Alcoy, en concreto». Por eso, es importante contar con estacione para predecir terremotos, destacó.. Alfaro añadió que la Comunidad Valenciana es zona de riesgo sísmico, matizando que se trata de un riesgo moderado. «Las fallas que provocan los terremotos son fisuras en la corteza de la tierra, pero, a diferencia de las grandes fallas de Japón o California, en la Comunidad se mueven muy lentamente». De hecho, mientras en Japón se mueven 80 milímetros al año, en la Comunidad Valenciana lo hacen apenas unas décimas de milímetros al año.. No obstante, hay que tener información sobre el riesgo y las dos estaciones instaladas en Orihuela y Alicante ofrecen información sobre cómo se comportarían edificios especiales como, por ejemplo, hospitales, colegios o edificios históricos en caso de producirse un terremoto.. Zona de riesgo. Hay que tener en cuenta que en la Comunidad Valenciana se registran 500 terremotos al año, pero «afortunadamente son de baja magnitud». Por eso, precisó Alfaro, es «importante medir el riesgo, no por crear alarma entre la población, sino para que el impacto de un terremoto sea menor, en caso de que se produzca».. Con casi 400 muertos en 1829, el terremoto de Torrevieja dejó una huella que aún se recuerda en la Vega Baja. En la comarca hay dos fallas, la del Bajo Segura y la de Crevillente, cuyos movimientos se controlan. En total, en toda la Comunidad Valenciana existen una veintena de estaciones para medir el riesgo de seísmo. «Es fundamental la prevención -añadió Alfaro- porque, si se produce un seísmo, salva vidas y ahorra dinero, al evitar daños».. El seísmo del siglo XIX fue de tal impacto que condicionó el urbanismo de localidades como Almoradí, municipio en el que existe el Museo del Terremoto. «Almoradí tuvo que reconstruirse por completo y por eso su trazado es diferente al del resto de pueblos de la Vega Baja y tiene calles más anchas», agregó Alfaro.. Al instalar una de las estaciones de alerta de terremotos se controla un territorio sensible a fenómenos naturales, mejorando la capacidad de anticipación de los mismos. En esa comarca se produjo en septiembre de 2019 una que anegó pueblos enteros, y causó una víctima mortal.. Además de la Comunidad Valenciana, Murcia y el sur de Andalucía también son zonas de riesgo sísmico.
La Comunidad Valenciana registra 500 seísmos al año de baja intensidad
Año 1829, un terremoto devasta Torrevieja, al sur de la provincia de Alicante, y otros municipios de la comarca de la Vega Baja. Fue uno de los seísmos más graves en la historia de España, de 6,6 grados de intensidad, solo superado por el de Granada de 1884. Año 2025, la Universidad de Alicante, UA, instala en Orihuela, que también sufrió graves daños por aquel seísmo, una estación de alerta temprana de terremotos.. De hecho, la UA ha ubicado un dispositivo en la Vega Baja, en la pedanía oriolana La Matanza, y en Alicante, otro en la facultad de Ciencias.. Se trata de dispositivos permiten la recopilación continua de datos meteorológicos y ambientales que se integran en redes de observación abiertas y de acceso público.. Esos datos se reciben y almacenan en los servidores de la Red Sísmica de la Comunidad Valenciana, SISCOVA.. Tal y como explicó al diario LA RAZÓN Pedro Alfaro, coordinador científico de la Red Sísmica de la Comunidad Valenciana, SISCOVA, «la Vega Baja es una de las zonas de riesgo de seísmo en la Comunidad Valenciana junto al sur de la provincia de Valencia y el interior de la provincia de Alicante, Alcoy, en concreto». Por eso, es importante contar con estacione para predecir terremotos, destacó.. Alfaro añadió que la Comunidad Valenciana es zona de riesgo sísmico, matizando que se trata de un riesgo moderado. «Las fallas que provocan los terremotos son fisuras en la corteza de la tierra, pero, a diferencia de las grandes fallas de Japón o California, en la Comunidad se mueven muy lentamente». De hecho, mientras en Japón se mueven 80 milímetros al año, en la Comunidad Valenciana lo hacen apenas unas décimas de milímetros al año.. No obstante, hay que tener información sobre el riesgo y las dos estaciones instaladas en Orihuela y Alicante ofrecen información sobre cómo se comportarían edificios especiales como, por ejemplo, hospitales, colegios o edificios históricos en caso de producirse un terremoto.. Zona de riesgo. Hay que tener en cuenta que en la Comunidad Valenciana se registran 500 terremotos al año, pero «afortunadamente son de baja magnitud». Por eso, precisó Alfaro, es «importante medir el riesgo, no por crear alarma entre la población, sino para que el impacto de un terremoto sea menor, en caso de que se produzca».. Con casi 400 muertos en 1829, el terremoto de Torrevieja dejó una huella que aún se recuerda en la Vega Baja. En la comarca hay dos fallas, la del Bajo Segura y la de Crevillente, cuyos movimientos se controlan. En total, en toda la Comunidad Valenciana existen una veintena de estaciones para medir el riesgo de seísmo. «Es fundamental la prevención -añadió Alfaro- porque, si se produce un seísmo, salva vidas y ahorra dinero, al evitar daños».. El seísmo del siglo XIX fue de tal impacto que condicionó el urbanismo de localidades como Almoradí, municipio en el que existe el Museo del Terremoto. «Almoradí tuvo que reconstruirse por completo y por eso su trazado es diferente al del resto de pueblos de la Vega Baja y tiene calles más anchas», agregó Alfaro.. Al instalar una de las estaciones de alerta de terremotos se controla un territorio sensible a fenómenos naturales, mejorando la capacidad de anticipación de los mismos. En esa comarca se produjo en septiembre de 2019 una que anegó pueblos enteros, y causó una víctima mortal.. Además de la Comunidad Valenciana, Murcia y el sur de Andalucía también son zonas de riesgo sísmico.
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