Hay lugares en Galicia donde el paisaje parece ordenarse alrededor de una sola silueta. En Castro Caldelas, esa presencia es inequívoca: un castillo de piedra que se alza sobre la villa, recortado contra el cielo, vigilante desde hace siglos de caminos, valles y conflictos.. No es solo el monumento más emblemático del municipio, sino una de las fortalezas medievales más relevantes del interior gallego y la gran atalaya histórica de la Ribeira Sacra; una construcción que resume como pocas la historia social, política y arquitectónica del territorio.. Situado en lo alto de la Cima de Vila, al pie de una antigua vía romana, el castillo domina visualmente el valle del Sil y las tierras de Caldelas, un enclave estratégico desde tiempos inmemoriales.. Mucho antes de que sus murallas de granito tomasen forma, este promontorio ya había sido ocupado por asentamientos prerromanos y, más tarde, por un campamento romano encargado de vigilar la Vía XVIII, que unía Bracara Augusta con Asturica Augusta. No es casualidad que, siglos después, la nobleza gallega eligiese este mismo punto para levantar una de sus fortalezas más poderosas.. De bastión medieval a símbolo del poder señorial. El castillo actual de Castro Caldelas fue construido entre 1336 y 1343 por don Pedro Fernández de Castro, señor de Lemos y Sarria, tras recibir estas tierras del rey Alfonso IX. Nacía así una fortaleza concebida para defender los nuevos dominios de la Casa de Lemos, cuyo linaje quedó grabado para siempre en los escudos que aún hoy presiden la puerta principal. Lobos, roeles, castillos y leones rampantes resumen en piedra la compleja red de alianzas nobiliarias que marcaron la Galicia medieval.. Pero si hay un episodio que define el carácter histórico del castillo es la Revuelta Irmandiña. Entre 1467 y 1469, la mayor rebelión social de la Europa del siglo XV sacudió Galicia, y Castro Caldelas fue uno de sus escenarios clave.. Las fuerzas irmandiñas tomaron y destruyeron parcialmente la fortaleza, símbolo del abuso señorial. La respuesta del conde de Lemos quedó para la historia: “Vosotros la tirasteis y vosotros la levantaréis”. La reconstrucción forzada del castillo por los propios vecinos dio lugar incluso a un pleito ante la Audiencia de Valladolid, que acabaría fallando a favor del pueblo, un hecho excepcional para la época.. Arquitectura defensiva con vocación residencial. El castillo presenta una planta poligonal irregular, perfectamente adaptada al terreno. Conserva dos líneas de muralla, de gran grosor, y un sistema defensivo complejo que incluye tres torres exteriores y un recinto interior almenado con paseo de ronda. El acceso principal conduce al patio de armas, donde aún se conservan el aljibe de recogida de agua de lluvia y un antiguo horno, testigos de la vida cotidiana dentro de la fortaleza.. Destaca especialmente la Torre del Reloj, la parte más antigua del conjunto, que conserva la maquinaria del reloj del siglo XIX y muestra distintas fases constructivas. Frente a ella se alza la Torre del Homenaje, último refugio en caso de asedio y símbolo del poder señorial, desde cuya terraza se obtiene una de las mejores panorámicas del valle del Sil.. A partir del siglo XVI, el castillo inicia su transformación en residencia palaciega. Pierde parte de su carácter estrictamente militar y se dota de un gran salón, corredores y ventanas con parladoiros, adaptándose a las nuevas formas de vida de la alta nobleza. Este cambio refleja la evolución de la propia sociedad gallega, que dejaba atrás la Edad Media para adentrarse en la modernidad.. Incendios, decadencia y renacimiento cultural. La historia del castillo también está marcada por la guerra y el abandono. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue incendiado como represalia en el contexto de los ataques de la guerrilla contra las tropas napoleónicas. A finales del siglo XVIII, el Condado de Lemos había pasado ya a la Casa de Alba, y el castillo permaneció habitado hasta mediados del siglo XIX por Sol Stuart, pariente de los duques.. El renacimiento llegaría a finales del siglo XX. En 1991, la fortaleza fue cedida en usufructo al Ayuntamiento de Castro Caldelas, que la convirtió en el gran centro cultural de la comarca. Hoy alberga la oficina de turismo, la biblioteca municipal, un salón de actos y un museo etnográfico que expone desde herramientas tradicionales hasta piezas halladas durante las obras de restauración, muchas de ellas aún en proceso.. Historia y paisaje. Más allá de su valor arquitectónico, el castillo de Castro Caldelas es un lugar cargado de símbolos. En sus muros se aprecian marcas de cantería, conchas de vieira que lo vinculan al Camino de Santiago, símbolos como la tau o incluso una estrella de cinco puntas que sugiere la antigua presencia judía en la villa. Detalles que convierten cada visita en un viaje por capas superpuestas de historia.. Hoy, la fortaleza sigue cumpliendo su función original: dominar el territorio, aunque ya no desde la guerra, sino desde la cultura. Desde lo alto de sus murallas, el visitante contempla el mismo horizonte que vigilaron romanos, nobles y campesinos rebeldes. Un horizonte que explica por qué, en Castro Caldelas, el pasado no es una reliquia, sino una presencia constante que sigue dando forma al paisaje y a la identidad de la Ribeira Sacra.
Esta fortaleza medieval se eleva en plena Ribeira Sacra con una historia marcada por revueltas, incendios y siglos de poder nobiliario
Hay lugares en Galicia donde el paisaje parece ordenarse alrededor de una sola silueta. En Castro Caldelas, esa presencia es inequívoca: un castillo de piedra que se alza sobre la villa, recortado contra el cielo, vigilante desde hace siglos de caminos, valles y conflictos.. No es solo el monumento más emblemático del municipio, sino una de las fortalezas medievales más relevantes del interior gallego y la gran atalaya histórica de la Ribeira Sacra; una construcción que resume como pocas la historia social, política y arquitectónica del territorio.. Situado en lo alto de la Cima de Vila, al pie de una antigua vía romana, el castillo domina visualmente el valle del Sil y las tierras de Caldelas, un enclave estratégico desde tiempos inmemoriales.. Mucho antes de que sus murallas de granito tomasen forma, este promontorio ya había sido ocupado por asentamientos prerromanos y, más tarde, por un campamento romano encargado de vigilar la Vía XVIII, que unía Bracara Augusta con Asturica Augusta. No es casualidad que, siglos después, la nobleza gallega eligiese este mismo punto para levantar una de sus fortalezas más poderosas.. De bastión medieval a símbolo del poder señorial. El castillo actual de Castro Caldelas fue construido entre 1336 y 1343 por don Pedro Fernández de Castro, señor de Lemos y Sarria, tras recibir estas tierras del rey Alfonso IX. Nacía así una fortaleza concebida para defender los nuevos dominios de la Casa de Lemos, cuyo linaje quedó grabado para siempre en los escudos que aún hoy presiden la puerta principal. Lobos, roeles, castillos y leones rampantes resumen en piedra la compleja red de alianzas nobiliarias que marcaron la Galicia medieval.. Pero si hay un episodio que define el carácter histórico del castillo es la Revuelta Irmandiña. Entre 1467 y 1469, la mayor rebelión social de la Europa del siglo XV sacudió Galicia, y Castro Caldelas fue uno de sus escenarios clave.. Las fuerzas irmandiñas tomaron y destruyeron parcialmente la fortaleza, símbolo del abuso señorial. La respuesta del conde de Lemos quedó para la historia: “Vosotros la tirasteis y vosotros la levantaréis”. La reconstrucción forzada del castillo por los propios vecinos dio lugar incluso a un pleito ante la Audiencia de Valladolid, que acabaría fallando a favor del pueblo, un hecho excepcional para la época.. Arquitectura defensiva con vocación residencial. El castillo presenta una planta poligonal irregular, perfectamente adaptada al terreno. Conserva dos líneas de muralla, de gran grosor, y un sistema defensivo complejo que incluye tres torres exteriores y un recinto interior almenado con paseo de ronda. El acceso principal conduce al patio de armas, donde aún se conservan el aljibe de recogida de agua de lluvia y un antiguo horno, testigos de la vida cotidiana dentro de la fortaleza.. Destaca especialmente la Torre del Reloj, la parte más antigua del conjunto, que conserva la maquinaria del reloj del siglo XIX y muestra distintas fases constructivas. Frente a ella se alza la Torre del Homenaje, último refugio en caso de asedio y símbolo del poder señorial, desde cuya terraza se obtiene una de las mejores panorámicas del valle del Sil.. A partir del siglo XVI, el castillo inicia su transformación en residencia palaciega. Pierde parte de su carácter estrictamente militar y se dota de un gran salón, corredores y ventanas con parladoiros, adaptándose a las nuevas formas de vida de la alta nobleza. Este cambio refleja la evolución de la propia sociedad gallega, que dejaba atrás la Edad Media para adentrarse en la modernidad.. Incendios, decadencia y renacimiento cultural. La historia del castillo también está marcada por la guerra y el abandono. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue incendiado como represalia en el contexto de los ataques de la guerrilla contra las tropas napoleónicas. A finales del siglo XVIII, el Condado de Lemos había pasado ya a la Casa de Alba, y el castillo permaneció habitado hasta mediados del siglo XIX por Sol Stuart, pariente de los duques.. El renacimiento llegaría a finales del siglo XX. En 1991, la fortaleza fue cedida en usufructo al Ayuntamiento de Castro Caldelas, que la convirtió en el gran centro cultural de la comarca. Hoy alberga la oficina de turismo, la biblioteca municipal, un salón de actos y un museo etnográfico que expone desde herramientas tradicionales hasta piezas halladas durante las obras de restauración, muchas de ellas aún en proceso.. Historia y paisaje. Más allá de su valor arquitectónico, el castillo de Castro Caldelas es un lugar cargado de símbolos. En sus muros se aprecian marcas de cantería, conchas de vieira que lo vinculan al Camino de Santiago, símbolos como la tau o incluso una estrella de cinco puntas que sugiere la antigua presencia judía en la villa. Detalles que convierten cada visita en un viaje por capas superpuestas de historia.. Hoy, la fortaleza sigue cumpliendo su función original: dominar el territorio, aunque ya no desde la guerra, sino desde la cultura. Desde lo alto de sus murallas, el visitante contempla el mismo horizonte que vigilaron romanos, nobles y campesinos rebeldes. Un horizonte que explica por qué, en Castro Caldelas, el pasado no es una reliquia, sino una presencia constante que sigue dando forma al paisaje y a la identidad de la Ribeira Sacra.
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