Los agricultores catalanes cogen aire. «Tenemos más margen para que pueda replantearse el marco legal del tratado», señala para LA RAZÓN la coordinadora nacional de Unió de Pagesos, Raquel Serrat. Se refiere a la decisión este miércoles del Parlamento Europeo de frenar el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur: una alianza, cuyo escrutinio queda ahora en manos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Ratificar o no ratificar: esa es la cuestión.. Entre tanto, a la espera de un proceso que puede alargarse «entre 18 y 24 meses», el sector primario rumia las posibles derivadas de la aprobación del pacto. ¿Cómo diferenciarse de un bloque de países —Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— que engloba un mercado de 750 millones de consumidores? ¿Cómo convivir con la zona de libre comercio más grande del mundo? El diagnóstico es claro: calidad frente a cantidad.. «Pérdida de competitividad». «Hemos de hacer entender al consumidor el valor añadido que tienen nuestros productos», afirma Serrat que insta al gremio a trabajar desde «el cooperativismo» ante «la competencia desleal» que, dice, promueve el convenio internacional.. Porque una de las principales preocupaciones del colectivo son los efectos de la posible entrada de alimentos extracomunitarios en Europa. Una cuestión que implicaría una «estocada importante» para la producción continental por «la presión en los precios». «Significaría una pérdida de competitividad directa», explica a este diario Carles Méndez, profesor de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en referencia al campesinado catalán.. El experto, sin embargo, ve en el pacto una posibilidad para que «la agricultura y la ganadería se reinventen» y entiende que el acuerdo traería más beneficios que perjuicios a largo plazo: «El sector servicios, sobre todo en Barcelona y Tarragona, exportaría con menos barreras comerciales», argumenta. También, subraya las ventajas en productos como el vino o el aceite de oliva. Una postura con la que no concuerda el sindicato agrario Unió de Pagesos.. La entidad defiende que «las viñas de vino en Sudamérica se están arrancando por su bajo consumo», así como que es «un producto que pueden pagar personas con un poder adquisitivo alto». «En general, ninguno de los dos saldrá beneficiado. No todo el mundo se dedica a ese tipo de exportaciones», esgrime Raquel Serrat.. En este sentido, la portavoz pone de manifiesto que se está utilizando la alimentación como «moneda de cambio» y enfatiza en que «no se aceptará comida que aquí no esté autorizada, a menos que cambie la normativa de la Unión Europea, en cuanto a la autorización de productos fitosanitarios y de bienestar animal». «La seguridad alimentaria no está en juego, pero entrarían alimentos con unos estándares de calidad y exigencia mucho más bajos que en Europa», añade. Carles Méndez, en cambio, valora que el acuerdo con Mercosur permitiría al territorio «ser más resistente frente a posibles choques económicos».. Méndez dice que el malestar agrario va más allá del acuerdo con el Mercosur: «Viene de muy atrás». Por ejemplo, apunta, ante enfermedades que ha acusado recientemente el sector agrícola catalán como la peste porcina africana (PPA) o la gripe aviar. «Tendríamos un mercado complementario», desliza el profesor. Los virus animales, de hecho, son una de las diversas razones que han incrementado la desazón del colectivo agrario en los últimos años, al igual que la excesiva burocracia, las exigencias medioambientales de la Política Agraria Común (PAC) o las consecuencias del cambio climático traducidas en sequías, olas de calor, inundaciones o granizo.. Catalizadores que han acelerado dentro del gremio la formación de un iceberg, cuya cúspide se vislumbra ahora en forma de Mercosur. «Muchos ganaderos y agricultores no están enfadados con este acuerdo. Es lo que ha provocado la explosión, pero esto viene de muy atrás. De políticas y normas que los han arruinado y los han hecho menos competitivos frente a terceros países», sentencia Méndez. Mientras, la agricultura espera la incierta —y más que probable lenta— validación del pacto comercial por parte del TJUE. Ratificar o no ratificar: esa es la cuestión.
Los agricultores defienden el «valor añadido» de sus productos y apelan al «cooperativismo», a la espera de la ratificación del pacto
Los agricultores catalanes cogen aire. «Tenemos más margen para que pueda replantearse el marco legal del tratado», señala para LA RAZÓN la coordinadora nacional de Unió de Pagesos, Raquel Serrat. Se refiere a la decisión este miércoles del Parlamento Europeo de frenar el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur: una alianza, cuyo escrutinio queda ahora en manos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Ratificar o no ratificar: esa es la cuestión.. Entre tanto, a la espera de un proceso que puede alargarse «entre 18 y 24 meses», el sector primario rumia las posibles derivadas de la aprobación del pacto. ¿Cómo diferenciarse de un bloque de países —Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— que engloba un mercado de 750 millones de consumidores? ¿Cómo convivir con la zona de libre comercio más grande del mundo? El diagnóstico es claro: calidad frente a cantidad.. «Pérdida de competitividad». «Hemos de hacer entender al consumidor el valor añadido que tienen nuestros productos», afirma Serrat que insta al gremio a trabajar desde «el cooperativismo» ante «la competencia desleal» que, dice, promueve el convenio internacional.. Porque una de las principales preocupaciones del colectivo son los efectos de la posible entrada de alimentos extracomunitarios en Europa. Una cuestión que implicaría una «estocada importante» para la producción continental por «la presión en los precios». «Significaría una pérdida de competitividad directa», explica a este diario Carles Méndez, profesor de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en referencia al campesinado catalán.. El experto, sin embargo, ve en el pacto una posibilidad para que «la agricultura y la ganadería se reinventen» y entiende que el acuerdo traería más beneficios que perjuicios a largo plazo: «El sector servicios, sobre todo en Barcelona y Tarragona, exportaría con menos barreras comerciales», argumenta. También, subraya las ventajas en productos como el vino o el aceite de oliva. Una postura con la que no concuerda el sindicato agrario Unió de Pagesos.. La entidad defiende que «las viñas de vino en Sudamérica se están arrancando por su bajo consumo», así como que es «un producto que pueden pagar personas con un poder adquisitivo alto». «En general, ninguno de los dos saldrá beneficiado. No todo el mundo se dedica a ese tipo de exportaciones», esgrime Raquel Serrat.. En este sentido, la portavoz pone de manifiesto que se está utilizando la alimentación como «moneda de cambio» y enfatiza en que «no se aceptará comida que aquí no esté autorizada, a menos que cambie la normativa de la Unión Europea, en cuanto a la autorización de productos fitosanitarios y de bienestar animal». «La seguridad alimentaria no está en juego, pero entrarían alimentos con unos estándares de calidad y exigencia mucho más bajos que en Europa», añade. Carles Méndez, en cambio, valora que el acuerdo con Mercosur permitiría al territorio «ser más resistente frente a posibles choques económicos».. Méndez dice que el malestar agrario va más allá del acuerdo con el Mercosur: «Viene de muy atrás». Por ejemplo, apunta, ante enfermedades que ha acusado recientemente el sector agrícola catalán como la peste porcina africana (PPA) o la gripe aviar. «Tendríamos un mercado complementario», desliza el profesor. Los virus animales, de hecho, son una de las diversas razones que han incrementado la desazón del colectivo agrario en los últimos años, al igual que la excesiva burocracia, las exigencias medioambientales de la Política Agraria Común (PAC) o las consecuencias del cambio climático traducidas en sequías, olas de calor, inundaciones o granizo.. Catalizadores que han acelerado dentro del gremio la formación de un iceberg, cuya cúspide se vislumbra ahora en forma de Mercosur. «Muchos ganaderos y agricultores no están enfadados con este acuerdo. Es lo que ha provocado la explosión, pero esto viene de muy atrás. De políticas y normas que los han arruinado y los han hecho menos competitivos frente a terceros países», sentencia Méndez. Mientras, la agricultura espera la incierta —y más que probable lenta— validación del pacto comercial por parte del TJUE. Ratificar o no ratificar: esa es la cuestión.
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