Como el saber no ocupa lugar, y pues no solo de actualidad (triste y trágica) vive el lector de periódicos, nos ocupamos hoy de una serie de dichos que, por contener algún nombre propio de persona, tienen todos ellos su pequeño intríngulis.. Empezamos por los que remiten a personajes históricos: “armarse la de San Quintín” (haber una riña o pelea muy violentas) alude a la batalla de San Quintín, que tuvo lugar el 10 de agosto del año 1557, en la que el ejército español de Felipe II infligió una severa derrota a los franceses; “la espada de Damocles” (en sentido figurado, amenaza persistente de un peligro), nombre de un cortesano, que, en el siglo IV a. C., dejó de envidiar las riquezas de su rey, el tirano Dionisio I de Siracusa, cuando observó que sobre la cabeza de este pendía constantemente una puntiaguda espada sostenida únicamente por una crin de caballo; “saber más que Lepe” (ser muy perspicaz y despierto), en referencia a Pedro de Lepe (1641-1700), obispo de Calahorra y hombre de gran cultura, autor de un conocido catecismo que en su época fue muy popular; “tener más cuento que Calleja” (ser alguien quejicoso o fantasioso, muy dado a falsear o exagerar lo que le afecta particularmente) alude a Saturnino Calleja, fundador, en 1875, de la editorial Calleja, muy popular en toda España por sus colecciones de cuentos, especialmente los dirigidos al público infantil, así como por los de carácter pedagógico.. Vayamos ahora con los que llevan nombres nacidos de la inventiva anónima: “las verdades de Perogrullo” (algo tan obvio y elemental que resulta una simpleza decirlo: “Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada llamaba puño”, rezaba la frase completa), personaje ficticio del folclore popular a quien tradicionalmente se ha atribuido la peculiaridad de presentar obviedades de manera sentenciosa; “más feo que Picio”, un zapatero que vivió en Granada en la primera mitad del siglo XIX: condenado a muerte, le comunicaron el indulto cuando estaba ya en capilla esperando la ejecución, y fue tal el impacto que la noticia le causó que al poco tiempo se quedó sin pelo, sin cejas, sin pestañas y con la cara deforme y llena de tumores; “más tonto que Abundio”, o “más tonto que Perico el de los palotes”, dos personajes proverbiales que simbolizan la necedad, y del primero de los cuales se decía: “Más tonto que Abundio, que iba a vendimiar y se llevaba uvas de postre”.. Y estos dos, de raigambre religiosa o literaria, según se mire: “más viejo que Matusalén”, personaje bíblico que, según se cuenta en el Génesis, vivió 969 años; “pasar las de Caín” (sufrir grandes apuros y contratiempos), un personaje bíblico también, hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel por envidia y fue condenado por Dios a vagar errante y fugitivo por la tierra.
De personajes históricos, del folclore popular y de raigambre literaria o religiosa
Como el saber no ocupa lugar, y pues no solo de actualidad (triste y trágica) vive el lector de periódicos, nos ocupamos hoy de una serie de dichos que, por contener algún nombre propio de persona, tienen todos ellos su pequeño intríngulis.. Empezamos por los que remiten a personajes históricos: “armarse la de San Quintín” (haber una riña o pelea muy violentas) alude a la batalla de San Quintín, que tuvo lugar el 10 de agosto del año 1557, en la que el ejército español de Felipe II infligió una severa derrota a los franceses; “la espada de Damocles” (en sentido figurado, amenaza persistente de un peligro), nombre de un cortesano, que, en el siglo IV a. C., dejó de envidiar las riquezas de su rey, el tirano Dionisio I de Siracusa, cuando observó que sobre la cabeza de este pendía constantemente una puntiaguda espada sostenida únicamente por una crin de caballo; “saber más que Lepe” (ser muy perspicaz y despierto), en referencia a Pedro de Lepe (1641-1700), obispo de Calahorra y hombre de gran cultura, autor de un conocido catecismo que en su época fue muy popular; “tener más cuento que Calleja” (ser alguien quejicoso o fantasioso, muy dado a falsear o exagerar lo que le afecta particularmente) alude a Saturnino Calleja, fundador, en 1875, de la editorial Calleja, muy popular en toda España por sus colecciones de cuentos, especialmente los dirigidos al público infantil, así como por los de carácter pedagógico.. Vayamos ahora con los que llevan nombres nacidos de la inventiva anónima: “las verdades de Perogrullo” (algo tan obvio y elemental que resulta una simpleza decirlo: “Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada llamaba puño”, rezaba la frase completa), personaje ficticio del folclore popular a quien tradicionalmente se ha atribuido la peculiaridad de presentar obviedades de manera sentenciosa; “más feo que Picio”, un zapatero que vivió en Granada en la primera mitad del siglo XIX: condenado a muerte, le comunicaron el indulto cuando estaba ya en capilla esperando la ejecución, y fue tal el impacto que la noticia le causó que al poco tiempo se quedó sin pelo, sin cejas, sin pestañas y con la cara deforme y llena de tumores; “más tonto que Abundio”, o “más tonto que Perico el de los palotes”, dos personajes proverbiales que simbolizan la necedad, y del primero de los cuales se decía: “Más tonto que Abundio, que iba a vendimiar y se llevaba uvas de postre”.. Y estos dos, de raigambre religiosa o literaria, según se mire: “más viejo que Matusalén”, personaje bíblico que, según se cuenta en el Génesis, vivió 969 años; “pasar las de Caín” (sufrir grandes apuros y contratiempos), un personaje bíblico también, hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel por envidia y fue condenado por Dios a vagar errante y fugitivo por la tierra.
Noticias de Cataluña en La Razón
