La Endiablada es una de las celebraciones más singulares del calendario festivo español. Esta tiene lugar cada año en Almonacid del Marquesado (Cuenca) entre el 1 y el 3 de febrero, en honor a la Virgen de la Candelaria y a San Blas. Durante esos días, alrededor de 130 vecinos, conocidos como ‘diablos’, toman las calles del municipio vestidos con indumentarias de colores muy vivos y cargando grandes cencerros a la espalda.. Al ritmo de su estruendo, acompañan en procesión a las imágenes religiosas, dedicándoles saltos, danzas y recorridos que transforman el pueblo en un escenario ritual. Por ello, no es casualidad que la fiesta esté reconocida como de Interés Turístico Nacional.. El origen exacto de esta manifestación está repleto de incógnitas. Gran parte de la documentación que podría arrojar luz sobre su nacimiento desapareció en un incendio que destruyó los archivos municipales durante la Guerra Civil. Aun así, existe una referencia clave fechada en 1633, localizada en el archivo local, en la que se describen “comedias, sermones y bailes” celebrados en honor a San Blas. A su vez, ese documento ya mencionaba la presencia de bailarines y disfraces diabólicos.. Dentro de esa escasez documental, la tradición oral ha conservado dos relatos que explican el significado de los diablos. Ambos están relacionados con los santos anteriormente mencionados. Por un lado, está la historia de la Virgen de la Candelaria, donde se sitúa el origen en el momento en que María debía presentar al niño Jesús en el templo. Según esta versión, el ruido de los cencerros y la apariencia extravagante de los diablos servirían para distraer a la multitud y evitar las miradas indiscretas hacia la Virgen, protegiendo así su honor.. Por su parte, la explicación asociada a San Blas es muy diferente. Cuenta la leyenda que unos pastores hallaron la imagen del santo enterrada en el paraje de Los Majanares, lo que provocó un conflicto con el cercano municipio de Puebla de Almenara por su posesión. El desenlace, atribuido a la intervención milagrosa del propio San Blas, favoreció a Almonacid. Para celebrar el acontecimiento, los pastores hicieron sonar los cencerros de su ganado, colgándoselos a la espalda. Además, limpiaron el rostro del santo con aguardiente, el único líquido del que disponían, un gesto simbólico que aún hoy se reproduce cada año.. Así se visten los ‘diablos’ en la Endiablada. En cuanto a su indumentaria, los ‘diablos’ de esta fiesta van vestidos con un traje en el que priman los colores llamativos y de motivos florales. Cabe destacar que todos ellos son diferentes pero, pese a ello, todos ellos mantienen una unidad de conjunto que está viva en todo momento. A su vez están los cencerros, unos objetos colgados a las espaldas con correas de cuero que forman lo denominado ‘sartas’. Con sus movimientos al andar, estos dispositivos suenan pausadamente pero, una vez se ponen a bailar, su sonido es superlativo.. El tocado es otro complemento muy visible de estos bailarines. Llevan un gorro en la cabeza que también están adornados con detalles florales. Cuando llega la tarde del 2 de febrero, el tocado se cambia por la mitra, que es de color rojo y posee unos ribetes amarillos, todo ello para conmemorar a San Blas, obispo de Sebaste. Otros accesorios que llevan son las porra, que es un cetro con un palo alargado y una cabeza o figurita en un extremo; y la careta, cuyas características hacen que los rasgos faciales de los ‘diablos’ sea horrorosos.
Se llevará a cabo los próximos 1, 2 y 3 de febrero y se conmemorará a la Virgen de la Candelaria y a San Blas
La Endiablada es una de las celebraciones más singulares del calendario festivo español. Esta tiene lugar cada año en Almonacid del Marquesado (Cuenca) entre el 1 y el 3 de febrero, en honor a la Virgen de la Candelaria y a San Blas. Durante esos días, alrededor de 130 vecinos, conocidos como ‘diablos’, toman las calles del municipio vestidos con indumentarias de colores muy vivos y cargando grandes cencerros a la espalda.. Al ritmo de su estruendo, acompañan en procesión a las imágenes religiosas, dedicándoles saltos, danzas y recorridos que transforman el pueblo en un escenario ritual. Por ello, no es casualidad que la fiesta esté reconocida como de Interés Turístico Nacional.. El origen exacto de esta manifestación está repleto de incógnitas. Gran parte de la documentación que podría arrojar luz sobre su nacimiento desapareció en un incendio que destruyó los archivos municipales durante la Guerra Civil. Aun así, existe una referencia clave fechada en 1633, localizada en el archivo local, en la que se describen “comedias, sermones y bailes” celebrados en honor a San Blas. A su vez, ese documento ya mencionaba la presencia de bailarines y disfraces diabólicos.. Dentro de esa escasez documental, la tradición oral ha conservado dos relatos que explican el significado de los diablos. Ambos están relacionados con los santos anteriormente mencionados. Por un lado, está la historia de la Virgen de la Candelaria, donde se sitúa el origen en el momento en que María debía presentar al niño Jesús en el templo. Según esta versión, el ruido de los cencerros y la apariencia extravagante de los diablos servirían para distraer a la multitud y evitar las miradas indiscretas hacia la Virgen, protegiendo así su honor.. Por su parte, la explicación asociada a San Blas es muy diferente. Cuenta la leyenda que unos pastores hallaron la imagen del santo enterrada en el paraje de Los Majanares, lo que provocó un conflicto con el cercano municipio de Puebla de Almenara por su posesión. El desenlace, atribuido a la intervención milagrosa del propio San Blas, favoreció a Almonacid. Para celebrar el acontecimiento, los pastores hicieron sonar los cencerros de su ganado, colgándoselos a la espalda. Además, limpiaron el rostro del santo con aguardiente, el único líquido del que disponían, un gesto simbólico que aún hoy se reproduce cada año.. En cuanto a su indumentaria, los ‘diablos’ de esta fiesta van vestidos con un traje en el que priman los colores llamativos y de motivos florales. Cabe destacar que todos ellos son diferentes pero, pese a ello, todos ellos mantienen una unidad de conjunto que está viva en todo momento. A su vez están los cencerros, unos objetos colgados a las espaldas con correas de cuero que forman lo denominado ‘sartas’. Con sus movimientos al andar, estos dispositivos suenan pausadamente pero, una vez se ponen a bailar, su sonido es superlativo.. El tocado es otro complemento muy visible de estos bailarines. Llevan un gorro en la cabeza que también están adornados con detalles florales. Cuando llega la tarde del 2 de febrero, el tocado se cambia por la mitra, que es de color rojo y posee unos ribetes amarillos, todo ello para conmemorar a San Blas, obispo de Sebaste. Otros accesorios que llevan son las porra, que es un cetro con un palo alargado y una cabeza o figurita en un extremo; y la careta, cuyas características hacen que los rasgos faciales de los ‘diablos’ sea horrorosos.
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