Las ciudades también se construyen con relatos. Algunos nacen de documentos y archivos; otros, de la tradición oral y de los mitos que explican un lugar antes incluso de que existiera la Historia con mayúsculas. Pontevedra, capital de provincia y corazón de las Rías Baixas, pertenece a esa rara categoría de urbes que pueden rastrear su origen no sólo en Roma, sino también en la epopeya griega. No en vano, y si se atiende a la leyenda, fue fundada por Teucro, uno de los héroes de la guerra de Troya.. El mito sitúa el nacimiento de la ciudad en el largo periplo de Teucro tras la caída de Troya. Hijo del rey Telamón de Salamina y hermanastro de Áyax, Teucro combatió junto a los aqueos en el conflicto que narran Homero y los poetas clásicos. A su regreso, sin embargo, fue desterrado por su padre, que le reprochó no haber evitado la muerte de su hermano.. Condenado al exilio, inició una travesía que lo llevó primero a Chipre y después a las costas occidentales del Mediterráneo, hasta alcanzar las rías gallegas, donde la tradición sitúa su último asentamiento: el llamado “pueblo de los helenos”, germen de la actual Pontevedra.. La huella del héroe griego permanece hoy integrada en la ciudad. No es casual que una de las plazas más emblemáticas del casco histórico lleve su nombre, la plaza de O Teucro, ni que su figura aparezca en el imaginario popular pontevedrés como fundador mítico de la urbe.. La leyenda incluso sitúa en la ría —conocida como ría de Teucro— episodios de piratas, pueblos errantes y el posterior desembarco romano, que acabaría por imponer su dominio sobre los mares del noroeste peninsular.. Historia de la urbe. Más allá del mito, la historia documentada confirma que Pontevedra fue un enclave estratégico desde la Antigüedad. Los romanos la conocieron como Ad Duos Pontes, en referencia a los pasos sobre el río Lérez, y desde entonces el mar y el comercio marcaron profundamente su carácter.. Ese pasado sigue vivo en un casco histórico que es hoy uno de los mejor conservados de Galicia. Calles empedradas, plazas porticadas y casas blasonadas dibujan un entramado urbano pensado para el peatón, donde todo queda a un paso. Tras Santiago, Pontevedra presume del segundo conjunto histórico más importante de la comunidad.. El recorrido puede comenzar en la Basílica de Santa María la Mayor, una de las joyas del gótico-renacimiento gallego, levantada en el siglo XVI por el poderoso gremio de mareantes.. Su fachada plateresca, atribuida a Cornelis de Holanda y Juan Nobre, es una de las más refinadas del arte gallego. Desde allí, el paseo conduce a la plaza de O Teucro, rodeada de pazos barrocos, y continúa por un rosario de plazas con nombres que evocan antiguos oficios: la de la Verdura, la de la Leña o la de Cinco Calles, auténticas postales de la ciudad histórica.. En pleno casco histórico, surge la plaza de A Ferrería, presidida por una fuente del siglo XVI y flanqueada por dos hitos monumentales: la iglesia de San Francisco, de estilo gótico mendicante, y el Santuario de la Virgen de la Peregrina, patrona de la ciudad y emblema del Camino Portugués a Santiago.. Este singular templo, de planta en forma de vieira, resume como pocos la vocación hospitalaria de Pontevedra, sintetizada en el dicho popular: “Pontevedra dá de beber a quen pasa”.. El Museo de Pontevedra, repartido entre varios edificios del casco antiguo y las ruinas medievales de Santo Domingo, custodia una de las colecciones más importantes de Galicia, con piezas de orfebrería únicas en Europa, arte medieval, pintura y etnografía.. A escasos minutos, el río Lérez ofrece otra cara de la ciudad: paseos fluviales, parques urbanos y la Illa das Esculturas, un espacio singular donde naturaleza y arte contemporáneo dialogan en pleno corazón urbano.. Pontevedra es, en definitiva, una ciudad donde la leyenda de la guerra de Troya convive con la piedra medieval, el urbanismo humanizado y una intensa vida cultural. Un lugar que se explica tanto desde la mitología clásica como desde su identidad marinera y hospitalaria. Quizá por eso, pasear hoy por sus plazas es también, de algún modo, seguir el rastro de aquel héroe griego que, según la tradición, encontró en esta ría el final de su viaje.
Cargada de historia y de morriña, ha crecido entre la leyenda clásica de Teucro y uno de los cascos históricos mejor conservados de Galicia
Las ciudades también se construyen con relatos. Algunos nacen de documentos y archivos; otros, de la tradición oral y de los mitos que explican un lugar antes incluso de que existiera la Historia con mayúsculas. Pontevedra, capital de provincia y corazón de las Rías Baixas, pertenece a esa rara categoría de urbes que pueden rastrear su origen no sólo en Roma, sino también en la epopeya griega. No en vano, y si se atiende a la leyenda, fue fundada por Teucro, uno de los héroes de la guerra de Troya.. El mito sitúa el nacimiento de la ciudad en el largo periplo de Teucro tras la caída de Troya. Hijo del rey Telamón de Salamina y hermanastro de Áyax, Teucro combatió junto a los aqueos en el conflicto que narran Homero y los poetas clásicos. A su regreso, sin embargo, fue desterrado por su padre, que le reprochó no haber evitado la muerte de su hermano.. Condenado al exilio, inició una travesía que lo llevó primero a Chipre y después a las costas occidentales del Mediterráneo, hasta alcanzar las rías gallegas, donde la tradición sitúa su último asentamiento: el llamado “pueblo de los helenos”, germen de la actual Pontevedra.. La huella del héroe griego permanece hoy integrada en la ciudad. No es casual que una de las plazas más emblemáticas del casco histórico lleve su nombre, la plaza de O Teucro, ni que su figura aparezca en el imaginario popular pontevedrés como fundador mítico de la urbe.. La leyenda incluso sitúa en la ría —conocida como ría de Teucro— episodios de piratas, pueblos errantes y el posterior desembarco romano, que acabaría por imponer su dominio sobre los mares del noroeste peninsular.. Más allá del mito, la historia documentada confirma que Pontevedra fue un enclave estratégico desde la Antigüedad. Los romanos la conocieron como Ad Duos Pontes, en referencia a los pasos sobre el río Lérez, y desde entonces el mar y el comercio marcaron profundamente su carácter.. Ese pasado sigue vivo en un casco histórico que es hoy uno de los mejor conservados de Galicia. Calles empedradas, plazas porticadas y casas blasonadas dibujan un entramado urbano pensado para el peatón, donde todo queda a un paso. Tras Santiago, Pontevedra presume del segundo conjunto histórico más importante de la comunidad.. El recorrido puede comenzar en la Basílica de Santa María la Mayor, una de las joyas del gótico-renacimiento gallego, levantada en el siglo XVI por el poderoso gremio de mareantes.. Su fachada plateresca, atribuida a Cornelis de Holanda y Juan Nobre, es una de las más refinadas del arte gallego. Desde allí, el paseo conduce a la plaza de O Teucro, rodeada de pazos barrocos, y continúa por un rosario de plazas con nombres que evocan antiguos oficios: la de la Verdura, la de la Leña o la de Cinco Calles, auténticas postales de la ciudad histórica.. En pleno casco histórico, surge la plaza de A Ferrería, presidida por una fuente del siglo XVI y flanqueada por dos hitos monumentales: la iglesia de San Francisco, de estilo gótico mendicante, y el Santuario de la Virgen de la Peregrina, patrona de la ciudad y emblema del Camino Portugués a Santiago.. Este singular templo, de planta en forma de vieira, resume como pocos la vocación hospitalaria de Pontevedra, sintetizada en el dicho popular: “Pontevedra dá de beber a quen pasa”.. El Museo de Pontevedra, repartido entre varios edificios del casco antiguo y las ruinas medievales de Santo Domingo, custodia una de las colecciones más importantes de Galicia, con piezas de orfebrería únicas en Europa, arte medieval, pintura y etnografía.. A escasos minutos, el río Lérez ofrece otra cara de la ciudad: paseos fluviales, parques urbanos y la Illa das Esculturas, un espacio singular donde naturaleza y arte contemporáneo dialogan en pleno corazón urbano.. Pontevedra es, en definitiva, una ciudad donde la leyenda de la guerra de Troya convive con la piedra medieval, el urbanismo humanizado y una intensa vida cultural. Un lugar que se explica tanto desde la mitología clásica como desde su identidad marinera y hospitalaria. Quizá por eso, pasear hoy por sus plazas es también, de algún modo, seguir el rastro de aquel héroe griego que, según la tradición, encontró en esta ría el final de su viaje.
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