Un avión comercial de la compañía Turkish Airlines, que cubría la ruta entre Estambul y Barcelona, se vio súbitamente flanqueado en pleno vuelo por cazas de combate. Primero fue una aeronave del ejército francés la que escoltó al vuelo TK1853 mientras surcaba su espacio aéreo. Al cruzar la frontera, el relevo lo tomaron dos cazas del Ejército del Aire español, que no se separaron del aparato hasta que este completó su aterrizaje en el aeropuerto de El Prat.. De hecho, semejante despliegue militar respondió a una señal de socorro de máxima prioridad emitida por el comandante. Ante una potencial amenaza a bordo, el piloto no dudó en lanzar un aviso «Mayday» y activar el código de emergencia 7700 en el transpondedor del avión, un protocolo reservado para las situaciones de mayor gravedad que activa de inmediato la respuesta de la defensa aérea.. Lo insólito del caso es que el origen de toda esta movilización no fue una amenaza convencional, sino el nombre de una red wifi creada por uno de los pasajeros, un acto de imprudencia que desató una operación de seguridad de gran envergadura. El aviso, detectado en pleno vuelo, obligó a activar todos los protocolos para garantizar la integridad de las 148 personas y los 7 tripulantes que viajaban en la aeronave.. La amenaza que resultó ser el nombre de una red wifi. Una vez en tierra, el avión fue dirigido a una pista secundaria y, posteriormente, a una zona remota del aeropuerto barcelonés. Allí esperaba ya un importante dispositivo de la Guardia Civil preparado para intervenir. Los agentes procedieron a realizar un exhaustivo registro del avión y de todo el equipaje, tanto el que se encontraba en la bodega como el que los viajeros llevaban en la cabina.. Asimismo, para llevar a cabo la inspección se recurrió a unidades caninas especializadas en la detección de explosivos, que peinaron cada rincón de la aeronave en busca de cualquier artefacto sospechoso. Tras una minuciosa búsqueda, los especialistas confirmaron que se trataba de una falsa alarma y que no existía ningún peligro real para los ocupantes ni para las instalaciones aeroportuarias. La compañía Turkish Airlines, por su parte, ya ha anunciado que emprenderá acciones legales contra el responsable de la irresponsable broma.
La ocurrencia de un pasajero en un vuelo a Barcelona, que activó una falsa amenaza de bomba a través de una red wifi, provocó la movilización de cazas de combate y un aterrizaje de emergencia en El Prat
Un avión comercial de la compañía Turkish Airlines, que cubría la ruta entre Estambul y Barcelona, se vio súbitamente flanqueado en pleno vuelo por cazas de combate. Primero fue una aeronave del ejército francés la que escoltó al vuelo TK1853 mientras surcaba su espacio aéreo. Al cruzar la frontera, el relevo lo tomaron dos cazas del Ejército del Aire español, que no se separaron del aparato hasta que este completó su aterrizaje en el aeropuerto de El Prat.. De hecho, semejante despliegue militar respondió a una señal de socorro de máxima prioridad emitida por el comandante. Ante una potencial amenaza a bordo, el piloto no dudó en lanzar un aviso «Mayday» y activar el código de emergencia 7700 en el transpondedor del avión, un protocolo reservado para las situaciones de mayor gravedad que activa de inmediato la respuesta de la defensa aérea.. Lo insólito del caso es que el origen de toda esta movilización no fue una amenaza convencional, sino el nombre de una red wifi creada por uno de los pasajeros, un acto de imprudencia que desató una operación de seguridad de gran envergadura. El aviso, detectado en pleno vuelo, obligó a activar todos los protocolos para garantizar la integridad de las 148 personas y los 7 tripulantes que viajaban en la aeronave.. Una vez en tierra, el avión fue dirigido a una pista secundaria y, posteriormente, a una zona remota del aeropuerto barcelonés. Allí esperaba ya un importante dispositivo de la Guardia Civil preparado para intervenir. Los agentes procedieron a realizar un exhaustivo registro del avión y de todo el equipaje, tanto el que se encontraba en la bodega como el que los viajeros llevaban en la cabina.. Asimismo, para llevar a cabo la inspección se recurrió a unidades caninas especializadas en la detección de explosivos, que peinaron cada rincón de la aeronave en busca de cualquier artefacto sospechoso. Tras una minuciosa búsqueda, los especialistas confirmaron que se trataba de una falsa alarma y que no existía ningún peligro real para los ocupantes ni para las instalaciones aeroportuarias. La compañía Turkish Airlines, por su parte, ya ha anunciado que emprenderá acciones legales contra el responsable de la irresponsable broma.
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