Dos décadas. Casi 20 años han pasado desde la presentación de lo que se considera el primer smartphone: el iPhone. Y, si bien sus cualidades han evolucionado a pasos agigantados, su tamaño se ha mantenido prácticamente inalterable. ¿Es posible mantener las prestaciones actuales y reducir el tamaño de un móvil?. Esa es la pregunta y la respuesta es una nueva tecnología capaz de generar los “terremotos más diminutos imaginables”, un avance que promete revolucionar el corazón de los teléfonos móviles y otros dispositivos inalámbricos, reduciendo su tamaño, aumentando su velocidad y mejorando su eficiencia energética. El avance, publicado en Nature, se basa en el control extremo de ondas acústicas superficiales, un fenómeno físico que conecta de forma inesperada la ingeniería de chips con la dinámica de los grandes terremotos.. La tecnología ha sido desarrollada por un equipo liderado por Matt Eichenfield, ingeniero de la Universidad de Colorado Boulder, junto con científicos de la Universidad de Arizona y los Sandia National Laboratories. Su objetivo era repensar uno de los componentes más invisibles, pero esenciales de la tecnología moderna: los dispositivos que filtran y procesan señales de radio en teléfonos móviles, GPS, radares o mandos a distancia.. “Los dispositivos basados en ondas acústicas superficiales son críticos para muchas de las tecnologías más importantes del mundo – explica Eichenfield en un comunicado -. Están en todos los teléfonos móviles modernos, en llaves electrónicas, receptores GPS, sistemas de radar y mucho más”.. Estas ondas acústicas superficiales, conocidas como SAW por sus siglas en inglés, se comportan de forma parecida a las ondas sonoras, con una diferencia crucial: no viajan por el interior de un material, sino únicamente por su superficie. En los grandes terremotos, estas ondas recorren la superficie de la Tierra y son responsables de buena parte de los daños. En un chip, en cambio, su versión microscópica sirve para convertir señales de radio en vibraciones mecánicas, filtrar el ruido no deseado y volver a transformarlas en ondas electromagnéticas limpias.. Hasta ahora, generar y controlar estas ondas requería varios chips distintos y fuentes de energía relativamente complejas. El nuevo dispositivo desarrollado por el equipo de Eichenfield, cambia ese paradigma mediante algo conceptualmente radical: un “láser de fonones”, es decir, un láser que no emite luz(fotones), sino vibraciones.. “Sería algo similar a las ondas de un terremoto, pero sobre la superficie de un chip diminuto”, resume Alexander Wendt, coautor del estudio.. La analogía con un láser convencional es clave para entender el avance. En un puntero láser, la luz rebota entre dos espejos microscópicos, amplificándose a cada paso gracias a la interacción con los átomos del material semiconductor. Aquí ocurre algo parecido, pero con vibraciones mecánicas.. “Los láseres de diodo son la piedra angular de la mayoría de las tecnologías ópticas porque pueden funcionar con una simple batería – confirma Eichenfield -. Queríamos crear un análogo de ese tipo de láser, pero para ondas acústicas superficiales”.. El dispositivo resultante mide apenas medio milímetro y está formado por una delicada pila de materiales. En la base hay silicio, el mismo material que domina la electrónica moderna. Sobre él se deposita una capa de niobato de litio, un material piezoeléctrico capaz de convertir vibraciones en campos eléctricos y viceversa. Por encima, una capa aún más fina de arseniuro de indio y galio permite acelerar electrones a gran velocidad, incluso con campos eléctricos débiles. Esta combinación hace posible que las vibraciones de la superficie interactúen directamente con los electrones, amplificándose de manera controlada.. Cuando se aplica una corriente eléctrica, las ondas comienzan a “rebotar” dentro del dispositivo, como en una piscina de olas en miniatura. En cada recorrido hacia delante ganan energía; al retroceder, casi la pierden por completo.. “Pierde casi el 99 % de su potencia al moverse hacia atrás, así que lo diseñamos para que gane suficiente energía al avanzar como para compensarlo – añade Wendt -. Tras varios rebotes, la onda se vuelve intensa y una pequeña fracción se libera, de forma muy similar a la luz que escapa de un láser”.. El equipo de Eichenfield ya ha demostrado que su “microterremoto” puede oscilar a frecuencias de alrededor de un gigahercio, miles de millones de vibraciones por segundo, y confía en poder llevarlo a decenas o incluso cientos de gigahercios. Esto supera con creces el límite típico de los dispositivos SAW actuales, que rara vez pasan de los 4 gigahercios. La consecuencia directa sería una electrónica inalámbrica más rápida, compacta y con menor consumo energético.. En un smartphone moderno, cada mensaje, llamada o conexión a internet implica que varias señales de radio se conviertan repetidamente en ondas acústicas y de vuelta a ondas electromagnéticas, pasando por múltiples chips. El sueño del equipo es simplificar radicalmente ese proceso.. “Este láser de fonones era la última ficha del dominó que necesitábamos derribar – concluye Eichenfield -. Ahora podemos fabricar literalmente todos los componentes que necesita una radio en un solo chip usando el mismo tipo de tecnología”.. El resultado es una curiosa lección de física aplicada: comprender cómo se propagan las ondas que sacuden continentes ha permitido aprender a controlarlas a escala nanométrica. Y en ese cruce entre terremotos y microchips podría estar la clave de la próxima generación de dispositivos móviles, más pequeños, más rápidos y eficientes que nunca.
“Los dispositivos basados en ondas acústicas superficiales son críticos para muchas de las tecnologías más importantes del mundo”, señalan los autores de un nuevo estudio.
Dos décadas. Casi 20 años han pasado desde la presentación de lo que se considera el primer smartphone: el iPhone. Y, si bien sus cualidades han evolucionado a pasos agigantados, su tamaño se ha mantenido prácticamente inalterable. ¿Es posible mantener las prestaciones actuales y reducir el tamaño de un móvil?. Esa es la pregunta y la respuesta es una nueva tecnología capaz de generar los “terremotos más diminutos imaginables”, un avance que promete revolucionar el corazón de los teléfonos móviles y otros dispositivos inalámbricos, reduciendo su tamaño, aumentando su velocidad y mejorando su eficiencia energética. El avance, publicado en Nature, se basa en el control extremo de ondas acústicas superficiales, un fenómeno físico que conecta de forma inesperada la ingeniería de chips con la dinámica de los grandes terremotos.. La tecnología ha sido desarrollada por un equipo liderado por Matt Eichenfield, ingeniero de la Universidad de Colorado Boulder, junto con científicos de la Universidad de Arizona y los Sandia National Laboratories. Su objetivo era repensar uno de los componentes más invisibles, pero esenciales de la tecnología moderna: los dispositivos que filtran y procesan señales de radio en teléfonos móviles, GPS, radares o mandos a distancia.. “Los dispositivos basados en ondas acústicas superficiales son críticos para muchas de las tecnologías más importantes del mundo – explica Eichenfield en un comunicado -. Están en todos los teléfonos móviles modernos, en llaves electrónicas, receptores GPS, sistemas de radar y mucho más”.. Estas ondas acústicas superficiales, conocidas como SAW por sus siglas en inglés, se comportan de forma parecida a las ondas sonoras, con una diferencia crucial: no viajan por el interior de un material, sino únicamente por su superficie. En los grandes terremotos, estas ondas recorren la superficie de la Tierra y son responsables de buena parte de los daños. En un chip, en cambio, su versión microscópica sirve para convertir señales de radio en vibraciones mecánicas, filtrar el ruido no deseado y volver a transformarlas en ondas electromagnéticas limpias.. Hasta ahora, generar y controlar estas ondas requería varios chips distintos y fuentes de energía relativamente complejas. El nuevo dispositivo desarrollado por el equipo de Eichenfield, cambia ese paradigma mediante algo conceptualmente radical: un “láser de fonones”, es decir, un láser que no emite luz(fotones), sino vibraciones.. “Sería algo similar a las ondas de un terremoto, pero sobre la superficie de un chip diminuto”, resume Alexander Wendt, coautor del estudio.. La analogía con un láser convencional es clave para entender el avance. En un puntero láser, la luz rebota entre dos espejos microscópicos, amplificándose a cada paso gracias a la interacción con los átomos del material semiconductor. Aquí ocurre algo parecido, pero con vibraciones mecánicas.. “Los láseres de diodo son la piedra angular de la mayoría de las tecnologías ópticas porque pueden funcionar con una simple batería – confirma Eichenfield -. Queríamos crear un análogo de ese tipo de láser, pero para ondas acústicas superficiales”.. El dispositivo resultante mide apenas medio milímetro y está formado por una delicada pila de materiales. En la base hay silicio, el mismo material que domina la electrónica moderna. Sobre él se deposita una capa de niobato de litio, un material piezoeléctrico capaz de convertir vibraciones en campos eléctricos y viceversa. Por encima, una capa aún más fina de arseniuro de indio y galio permite acelerar electrones a gran velocidad, incluso con campos eléctricos débiles. Esta combinación hace posible que las vibraciones de la superficie interactúen directamente con los electrones, amplificándose de manera controlada.. Cuando se aplica una corriente eléctrica, las ondas comienzan a “rebotar” dentro del dispositivo, como en una piscina de olas en miniatura. En cada recorrido hacia delante ganan energía; al retroceder, casi la pierden por completo.. “Pierde casi el 99 % de su potencia al moverse hacia atrás, así que lo diseñamos para que gane suficiente energía al avanzar como para compensarlo – añade Wendt -. Tras varios rebotes, la onda se vuelve intensa y una pequeña fracción se libera, de forma muy similar a la luz que escapa de un láser”.. El equipo de Eichenfield ya ha demostrado que su “microterremoto” puede oscilar a frecuencias de alrededor de un gigahercio, miles de millones de vibraciones por segundo, y confía en poder llevarlo a decenas o incluso cientos de gigahercios. Esto supera con creces el límite típico de los dispositivos SAW actuales, que rara vez pasan de los 4 gigahercios. La consecuencia directa sería una electrónica inalámbrica más rápida, compacta y con menor consumo energético.. En un smartphone moderno, cada mensaje, llamada o conexión a internet implica que varias señales de radio se conviertan repetidamente en ondas acústicas y de vuelta a ondas electromagnéticas, pasando por múltiples chips. El sueño del equipo es simplificar radicalmente ese proceso.. “Este láser de fonones era la última ficha del dominó que necesitábamos derribar – concluye Eichenfield -. Ahora podemos fabricar literalmente todos los componentes que necesita una radio en un solo chip usando el mismo tipo de tecnología”.. El resultado es una curiosa lección de física aplicada:comprender cómo se propagan las ondas que sacuden continentes ha permitido aprender a controlarlas a escala nanométrica.Y en ese cruce entre terremotos y microchips podría estar la clave de la próxima generación de dispositivos móviles, más pequeños, más rápidos y eficientes que nunca.
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