La historia empieza a sonar conocida, y eso no es precisamente un consuelo. A mediados de enero, la Plaza de Toros de La Misericordia sigue sin tener publicado el pliego para su gestión. Es decir, sin hoja de ruta, sin tiempo real para preparar la Feria de San Jorge —una de las grandes citas taurinas de la primavera— y sin una explicación clara por parte de la Diputación Provincial. El calendario apremia, pero en el despacho parece que no hay prisa. Otra vez.. La alerta no es infundada. Zaragoza ya perdió esta feria en 2018 por culpa de un retraso similar, con el agravante de que en 2022 el contrato apenas se firmó unas semanas antes del 23 de abril, fecha clave. Hoy, ni siquiera se ha iniciado el proceso. Y en el sector se teme lo peor: que se repita el mismo modelo fallido que convirtió la gestión del coso en una puja al alza, más preocupada por el canon que por la viabilidad taurina.. El modelo impuesto por la Diputación ha convertido a La Misericordia en un instrumento fiscal, no cultural. Un pliego redactado sin sensibilidad taurina y con exigencias económicas alejadas de la realidad del sector. Lo pagó el empresario, lo pagó el público, y lo sigue pagando la ciudad, que ve cómo su plaza pierde posición en el mapa taurino año tras año. Porque esto no es un negocio cualquiera: es una expresión artística que necesita cuidado, planificación y criterio.. Mientras tanto, ciudades como Castellón, Valencia, Sevilla o Madrid ya tienen sus carteles listos o muy avanzados. En cambio, Zaragoza se mueve tarde y mal. La falta de pliego impide cerrar ganaderías y figuras con la antelación necesaria. Y en un momento de escasez en el campo bravo, eso supone directamente quedarse fuera de las mejores combinaciones. El toro de primera se elige con meses de margen. Y Zaragoza no lo tiene.. No es menor el momento que vive la afición en la ciudad. La Misericordia ha empezado a recuperar pulso, con un público renovado, toreros jóvenes como Aarón Palacio o Cristiano Torres, y una ilusión que no se construye de la noche a la mañana. Romper ahora esa inercia positiva sería un error imperdonable. Desoír a la afición, ignorar los tiempos y repetir fórmulas fracasadas solo puede llevar al mismo resultado: el vacío.. Y el responsable de todo esto no es una figura abstracta. Tiene nombre y cargo: Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza. La gestión de lo público también consiste en saber lo que uno tiene entre manos. Y si no lo sabe, al menos, en rodearse de quien sí lo entienda. Porque Zaragoza no puede permitirse otro San Jorge fallido. Y la Administración, otra vez, parece más dispuesta a improvisar que a gobernar.
Mientras otras capitales preparan sus ferias, Zaragoza vuelve a tropezar en los mismos errores: retrasos, incertidumbre y una gestión pública que parece no entender lo que tiene entre manos
La historia empieza a sonar conocida, y eso no es precisamente un consuelo. A mediados de enero, la Plaza de Toros de La Misericordia sigue sin tener publicado el pliego para su gestión. Es decir, sin hoja de ruta, sin tiempo real para preparar la Feria de San Jorge —una de las grandes citas taurinas de la primavera— y sin una explicación clara por parte de la Diputación Provincial. El calendario apremia, pero en el despacho parece que no hay prisa. Otra vez.. La alerta no es infundada. Zaragoza ya perdió esta feria en 2018 por culpa de un retraso similar, con el agravante de que en 2022 el contrato apenas se firmó unas semanas antes del 23 de abril, fecha clave. Hoy, ni siquiera se ha iniciado el proceso. Y en el sector se teme lo peor: que se repita el mismo modelo fallido que convirtió la gestión del coso en una puja al alza, más preocupada por el canon que por la viabilidad taurina.. El modelo impuesto por la Diputación ha convertido a La Misericordia en un instrumento fiscal, no cultural. Un pliego redactado sin sensibilidad taurina y con exigencias económicas alejadas de la realidad del sector. Lo pagó el empresario, lo pagó el público, y lo sigue pagando la ciudad, que ve cómo su plaza pierde posición en el mapa taurino año tras año. Porque esto no es un negocio cualquiera: es una expresión artística que necesita cuidado, planificación y criterio.. Mientras tanto, ciudades como Castellón, Valencia, Sevilla o Madrid ya tienen sus carteles listos o muy avanzados. En cambio, Zaragoza se mueve tarde y mal. La falta de pliego impide cerrar ganaderías y figuras con la antelación necesaria. Y en un momento de escasez en el campo bravo, eso supone directamente quedarse fuera de las mejores combinaciones. El toro de primera se elige con meses de margen. Y Zaragoza no lo tiene.. No es menor el momento que vive la afición en la ciudad. La Misericordia ha empezado a recuperar pulso, con un público renovado, toreros jóvenes como Aarón Palacio o Cristiano Torres, y una ilusión que no se construye de la noche a la mañana. Romper ahora esa inercia positiva sería un error imperdonable. Desoír a la afición, ignorar los tiempos y repetir fórmulas fracasadas solo puede llevar al mismo resultado: el vacío.. Y el responsable de todo esto no es una figura abstracta. Tiene nombre y cargo: Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza. La gestión de lo público también consiste en saber lo que uno tiene entre manos. Y si no lo sabe, al menos, en rodearse de quien sí lo entienda. Porque Zaragoza no puede permitirse otro San Jorge fallido. Y la Administración, otra vez, parece más dispuesta a improvisar que a gobernar.
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