La reacción de la Unión Europea ante las pretensiones de Donald Trump sobre Groenlandia se ha movido esta semana entre la cautela diplomática y la defensa de principios básicos. Preguntada este miércoles sobre si el bloque comunitario estaría obligado a intervenir militarmente en favor de la isla en aplicación del artículo 42.7 del Tratado de la UE, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, esquivó la cuestión argumentando que «no es aplicable ahora». Eso sí, fue tajante al señalar que la soberanía del territorio solo corresponde a los groenlandeses y a Dinamarca y asegurando que pueden contar con la Unión «con actos y no solo con palabras».. Esta ambigüedad contrastó con la postura del comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, quien advirtió que una agresión de Estados Unidos contra un socio aliado supondría “el final” de la OTAN, y afirmó que la cláusula se aplicaría “definitivamente” si Estados Unidos atacara Groenlandia. También adoptó una postura crítica la ministra de Defensa española, Margarita Robles, quien denunció la pasividad de la UE y censuró que el bloque «haya permanecido en silencio ante la posible invasión de Groenlandia». Robles reclamó un liderazgo que «tiene que hacerse presente» y advirtió que la Unión «no puede ser un actor secundario».. Esta falta de determinación se refleja en un escenario especialmente complejo: la isla ártica, aunque integrada en la OTAN, no pertenece a la UE. Esto genera dudas sobre la aplicación del Artículo 42.7, que establece que si un Estado miembro es objeto de una agresión armada, el resto de socios deben prestarle ayuda con todos los medios a su alcance. Esta incertidumbre legal se suma a la del Artículo 5 de la OTAN, que aunque determina que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos, no aclara qué ocurriría si el agresor fuera un propio miembro de la Alianza. Así, la protección de la isla queda sujeta a interpretaciones legales aún bajo análisis.. La presión sobre Groenlandia ha escalado de forma drástica en las últimas semanas, mientras Trump se niega reiteradamente a descartar el uso de la fuerza militar para anexionar la isla. Este mismo miércoles, elevó el tono al calificar de “vital” el control de Groenlandia para la seguridad nacional y, específicamente, para la construcción de su proyecto de escudo antimisiles, el denominado ‘Golden Dome’. A través de sus redes sociales, el republicano insistió en que la propia OTAN sería una organización “mucho más efectiva” si el territorio pasara a manos de Estados Unidos, sentenciando que cualquier otro escenario es “inaceptable”.. En paralelo, los aliados europeos tratan de contener las presiones de Trump blindando la seguridad en el Ártico para esquivar el argumento estadounidense sobre la falta de seguridad en Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha defendido que un aumento significativo de capacidades tendría un impacto real en la estabilidad de la región, mientras que Reino Unido y Alemania exploran con otros socios un posible despliegue conjunto. Dinamarca ya ha confirmado que reforzará la seguridad en la zona en coordinación con la Alianza. El ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, avanzó este miércoles “más ejercicios y una presencia incrementada de la OTAN en el Ártico”.
La reacción de la Unión Europea ante las pretensiones de Donald Trump sobre Groenlandia se ha movido esta semana entre la cautela diplomática y la defensa de principios básicos. Preguntada este miércoles sobre si el bloque comunitario estaría obligado a intervenir militarmente en favor de la isla en aplicación del artículo 42.7 del Tratado de la UE, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, esquivó la cuestión argumentando que «no es aplicable ahora». Eso sí, fue tajante al señalar que la soberanía del territorio solo corresponde a los groenlandeses y a Dinamarca y asegurando que pueden contar con la Unión «con actos y no solo con palabras».. Esta ambigüedad contrastó con la postura del comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, quien advirtió que una agresión de Estados Unidos contra un socio aliado supondría “el final” de la OTAN, y afirmó que la cláusula se aplicaría “definitivamente” si Estados Unidos atacara Groenlandia. También adoptó una postura crítica la ministra de Defensa española, Margarita Robles, quien denunció la pasividad de la UE y censuró que el bloque «haya permanecido en silencio ante la posible invasión de Groenlandia». Robles reclamó un liderazgo que «tiene que hacerse presente» y advirtió que la Unión «no puede ser un actor secundario».. Esta falta de determinación se refleja en un escenario especialmente complejo: la isla ártica, aunque integrada en la OTAN, no pertenece a la UE. Esto genera dudas sobre la aplicación del Artículo 42.7, que establece que si un Estado miembro es objeto de una agresión armada, el resto de socios deben prestarle ayuda con todos los medios a su alcance. Esta incertidumbre legal se suma a la del Artículo 5 de la OTAN, que aunque determina que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos, no aclara qué ocurriría si el agresor fuera un propio miembro de la Alianza. Así, la protección de la isla queda sujeta a interpretaciones legales aún bajo análisis.. La presión sobre Groenlandia ha escalado de forma drástica en las últimas semanas, mientras Trump se niega reiteradamente a descartar el uso de la fuerza militar para anexionar la isla. Este mismo miércoles, elevó el tono al calificar de “vital” el control de Groenlandia para la seguridad nacional y, específicamente, para la construcción de su proyecto de escudo antimisiles, el denominado ‘Golden Dome’. A través de sus redes sociales, el republicano insistió en que la propia OTAN sería una organización “mucho más efectiva” si el territorio pasara a manos de Estados Unidos, sentenciando que cualquier otro escenario es “inaceptable”.. En paralelo, los aliados europeos tratan de contener las presiones de Trump blindando la seguridad en el Ártico para esquivar el argumento estadounidense sobre la falta de seguridad en Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha defendido que un aumento significativo de capacidades tendría un impacto real en la estabilidad de la región, mientras que Reino Unido y Alemania exploran con otros socios un posible despliegue conjunto. Dinamarca ya ha confirmado que reforzará la seguridad en la zona en coordinación con la Alianza. El ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, avanzó este miércoles “más ejercicios y una presencia incrementada de la OTAN en el Ártico”.
La presidenta de la Comisión esquivó la cuestión argumentando que «no es aplicable ahora», pero señaló que la soberanía del territorio solo corresponde a los groenlandeses y a Dinamarca
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