Buenas noticias para quienes sufren alguna patología parasitaria como la leishmaniasis o la enfermedad de Chagas de gran impacto global con millones de afectados en todo el mundo. De hecho, según la OMS, entre 700.000 y un millón de personas contraen leishmaniasis cutánea, mientras que aproximadamente 70.000 se infectan con leishmaniasis visceral (LV), la forma más agresiva de la enfermedad cada año. Una enfermedad que puede ser mortal si no se trata a tiempo.. Y es que un estudio liderado por el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y la Universidad de Salamanca (USAL), con la investigadora Esther del Olmo a la cabeza, ha demostrado la notable actividad antiparasitaria de la planta Eryngium bourgatii, conocida como cardo azul o cardo de la Magdalena, frente a los parásitos causantes de estas dos patologías.. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Journal of Ethnopharmacology, constituye el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre esta especie y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de futuros fármacos de origen natural.. “Estas enfermedades siguen siendo un reto mundial y necesitamos nuevas alternativas terapéuticas”, afirma Del Olmo, coordinadora del Grupo de Investigación en Química Farmacéutica del CIETUS de la USAL y miembro del grupo DOMOBIO (Diseño y obtención de moléculas bioactivas) del IBSAL, quien advierte de que los medicamentos actualmente disponibles para el tratamiento de estas enfermedades son muy antiguos y presentan una toxicidad elevada.. «Nuestros resultados identifican compuestos naturales con excelente actividad que podrían constituir un buen punto de partida para el desarrollo de moléculas más seguras y eficaces”, destaca.. Hallazgo inesperado. El origen del estudio se remonta al verano de 2020, en plena pandemia, cuando las limitaciones de movilidad llevaron a Del Olmo a pasar más tiempo de lo habitual en su tierra natal, el noroeste de Burgos. Durante una excursión por la Peña Amaya, un paraje calizo a casi 1.400 metros de altitud, la belleza de la planta llamó su atención.. “¿Qué puede esconder algo tan bonito?”, recuerda la investigadora, quien explica que el objeto inicial no era estudiar el cardo azul, pero su belleza le hizo fijarse en él. Cuando empezó a revisar la bibliografía se dio cuenta de que no estaba muy estudiado, salvo algunos trabajos muy antiguos. Además, los estudios indicaban la presencia de uno de los compuestos en los que estaba trabajando en aquel momento, el falcarinol, que no había sido ensayado como antiparasitario.. Esa curiosidad, y esa coincidencia, derivó en un trabajo prolongado a lo largo de varios años, que incluyó la recolección cuidadosa de raíces y partes aéreas, el aislamiento de compuestos mediante técnicas avanzadas de cromatografía y su evaluación frente a Leishmania donovani, Trypanosoma cruzi y Plasmodium falciparum, parásitos causantes de la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas y la malaria, respectivamente.. Los resultados. El equipo identificó 41 compuestos naturales, y aisló y purificó trece, entre ellos varios poliacetilenos de tipo falcarinol, conocidos por su potencial bioactivo. Destaca el aislamiento de un compuesto identificado como furanona 12, muy abundante en las raíces y cuya estructura química fue corregida respecto a las únicas publicaciones de referencia, que datan de los años 70.. “Hemos identificado compuestos que no habían sido descritos antes y corregido la estructura de una molécula que llevaba décadas transmitiéndose con un error. Desde el punto de vista químico, este estudio también es muy importante”, explica Del Olmo.. En los ensayos in vitro, los extractos y fracciones de la planta mostraron una elevada capacidad de inhibición frente a L. donovani y T. cruzi, mientras que la actividad frente a malaria fue baja. Algunos compuestos, como la furanona 12 y el falcarinol, mostraron una potencia comparable a fármacos de referencia para leishmaniasis y actividad significativa frente a Chagas.. Más allá de los resultados de laboratorio, el estudio supone también un avance significativo en el conocimiento de Eryngium bourgatii, una especie apenas explorada desde el punto de vista científico.. La investigadora recuerda que, aunque existen referencias etnobotánicas aisladas -en Cataluña se utilizan las raíces en decocción para purificar la sangre y como antídoto frente a picaduras de serpientes, y en el norte de Marruecos se emplean para aliviar los síntomas postparto, así como las partes aéreas en decocción para mejorar los trastornos digestivos-, la planta no había sido estudiada en profundidad ni sometida a ensayos antiparasitarios. De hecho, en Castilla y León, región donde se recolectó el cardo azul objeto del estudio, su presencia está asociada casi exclusivamente a usos ornamentales y decoración.. Un recorrido largo. La investigación ha contado con la colaboración internacional del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá, INDICASAT-AIP, donde se realizaron los ensayos antiparasitarios. “Llevo colaborando durante casi dos décadas con colegas de Panamá, y en particular con los investigadores del INDICASAT desde hace 8 años. Ellos son especialistas en ensayos en Leishmania, malaria y Chagas, y trabajamos juntos aportando tanto compuestos naturales como de síntesis que ellos ensayan”, señala Del Olmo.. En el trabajo también destaca el papel clave de investigadores de la Universidad de Salamanca. “Las contribuciones del Dr. Alfonso Alejo-Armijo en el estudio fitoquímico de la planta, así como las del Dr. López-Pérez en los estudios computacionales del compuesto 12, han sido fundamentales para el desarrollo del proyecto”, subraya. “Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a mis amigos Feli y Manolo por organizar la excursión que me llevó a descubrir el cardo azul, y por su ayuda en la recolección de la planta”, afirma.. Mirar a la naturaleza. Del Olmo insiste en que recuperar el estudio de productos naturales es esencial: “Hoy en día buscamos opciones terapéuticas que sean compatibles con la preservación del medio ambiente. Este tipo de trabajos ofrecen nuevas alternativas y ayudan a entender mejor qué puede aportar nuestra biodiversidad”.. Aunque se trata de resultados preliminares, la investigadora considera que representan un paso importante hacia nuevas estrategias terapéuticas: “Los ensayos son in vitro; el siguiente paso serían estudios en modelos animales. No es fácil, pero es un comienzo esperanzador. Necesitamos nuevas herramientas para combatir estas enfermedades”.. El avance cobra especial relevancia en un contexto global donde los vectores se desplazan y las enfermedades parasitarias, tradicionalmente lejanas, se acercan. “La gente se mueve más y cada vez vemos estos problemas más cerca. Tenemos que estar preparados”, concluye.
Así lo revela el estudio del Ibsal y la Universdad de Salamanca dirigido por la invetsigadora Esther del Olmo revela que los compuestos extraídos de esta plantal podrían contribuir al desarrollo de nuevas terapias frente a la leishmaniasis o la enfermedad de Chagas
Buenas noticias para quienes sufren alguna patología parasitaria como la leishmaniasis o la enfermedad de Chagas de gran impacto global con millones de afectados en todo el mundo. De hecho, según la OMS, entre 700.000 y un millón de personas contraen leishmaniasis cutánea, mientras que aproximadamente 70.000 se infectan con leishmaniasis visceral (LV), la forma más agresiva de la enfermedad cada año. Una enfermedad que puede ser mortal si no se trata a tiempo.. Y es que un estudio liderado por el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y la Universidad de Salamanca (USAL), con la investigadora Esther del Olmo a la cabeza, ha demostrado la notable actividad antiparasitaria de la planta Eryngium bourgatii, conocida como cardo azul o cardo de la Magdalena, frente a los parásitos causantes de estas dos patologías.. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Journal of Ethnopharmacology, constituye el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre esta especie y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de futuros fármacos de origen natural.. “Estas enfermedades siguen siendo un reto mundial y necesitamos nuevas alternativas terapéuticas”, afirma Del Olmo, coordinadora del Grupo de Investigación en Química Farmacéutica del CIETUS de la USAL y miembro del grupo DOMOBIO (Diseño y obtención de moléculas bioactivas) del IBSAL, quien advierte de que los medicamentos actualmente disponibles para el tratamiento de estas enfermedades son muy antiguos y presentan una toxicidad elevada.. «Nuestros resultados identifican compuestos naturales con excelente actividad que podrían constituir un buen punto de partida para el desarrollo de moléculas más seguras y eficaces”, destaca.. Hallazgo inesperado. El origen del estudio se remonta al verano de 2020, en plena pandemia, cuando las limitaciones de movilidad llevaron a Del Olmo a pasar más tiempo de lo habitual en su tierra natal, el noroeste de Burgos. Durante una excursión por la Peña Amaya, un paraje calizo a casi 1.400 metros de altitud, la belleza de la planta llamó su atención.. “¿Qué puede esconder algo tan bonito?”, recuerda la investigadora, quien explica que el objeto inicial no era estudiar el cardo azul, pero su belleza le hizo fijarse en él. Cuando empezó a revisar la bibliografía se dio cuenta de que no estaba muy estudiado, salvo algunos trabajos muy antiguos. Además, los estudios indicaban la presencia de uno de los compuestos en los que estaba trabajando en aquel momento, el falcarinol, que no había sido ensayado como antiparasitario.. Esa curiosidad, y esa coincidencia, derivó en un trabajo prolongado a lo largo de varios años, que incluyó la recolección cuidadosa de raíces y partes aéreas, el aislamiento de compuestos mediante técnicas avanzadas de cromatografía y su evaluación frente a Leishmania donovani, Trypanosoma cruzi y Plasmodium falciparum, parásitos causantes de la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas y la malaria, respectivamente.. Los resultados. El equipo identificó 41 compuestos naturales, y aisló y purificó trece, entre ellos varios poliacetilenos de tipo falcarinol, conocidos por su potencial bioactivo. Destaca el aislamiento de un compuesto identificado como furanona 12, muy abundante en las raíces y cuya estructura química fue corregida respecto a las únicas publicaciones de referencia, que datan de los años 70.. “Hemos identificado compuestos que no habían sido descritos antes y corregido la estructura de una molécula que llevaba décadas transmitiéndose con un error. Desde el punto de vista químico, este estudio también es muy importante”, explica Del Olmo.. En los ensayos in vitro, los extractos y fracciones de la planta mostraron una elevada capacidad de inhibición frente a L. donovani y T. cruzi, mientras que la actividad frente a malaria fue baja. Algunos compuestos, como la furanona 12 y el falcarinol, mostraron una potencia comparable a fármacos de referencia para leishmaniasis y actividad significativa frente a Chagas.. Más allá de los resultados de laboratorio, el estudio supone también un avance significativo en el conocimiento de Eryngium bourgatii, una especie apenas explorada desde el punto de vista científico.. La investigadora recuerda que, aunque existen referencias etnobotánicas aisladas -en Cataluña se utilizan las raíces en decocción para purificar la sangre y como antídoto frente a picaduras de serpientes, y en el norte de Marruecos se emplean para aliviar los síntomas postparto, así como las partes aéreas en decocción para mejorar los trastornos digestivos-, la planta no había sido estudiada en profundidad ni sometida a ensayos antiparasitarios. De hecho, en Castilla y León, región donde se recolectó el cardo azul objeto del estudio, su presencia está asociada casi exclusivamente a usos ornamentales y decoración.. Un recorrido largo. La investigación ha contado con la colaboración internacional del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá, INDICASAT-AIP, donde se realizaron los ensayos antiparasitarios. “Llevo colaborando durante casi dos décadas con colegas de Panamá, y en particular con los investigadores del INDICASAT desde hace 8 años. Ellos son especialistas en ensayos en Leishmania, malaria y Chagas, y trabajamos juntos aportando tanto compuestos naturales como de síntesis que ellos ensayan”, señala Del Olmo.. En el trabajo también destaca el papel clave de investigadores de la Universidad de Salamanca. “Las contribuciones del Dr. Alfonso Alejo-Armijo en el estudio fitoquímico de la planta, así como las del Dr. López-Pérez en los estudios computacionales del compuesto 12, han sido fundamentales para el desarrollo del proyecto”, subraya. “Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a mis amigos Feli y Manolo por organizar la excursión que me llevó a descubrir el cardo azul, y por su ayuda en la recolección de la planta”, afirma.. Mirar a la naturaleza. Del Olmo insiste en que recuperar el estudio de productos naturales es esencial: “Hoy en día buscamos opciones terapéuticas que sean compatibles con la preservación del medio ambiente. Este tipo de trabajos ofrecen nuevas alternativas y ayudan a entender mejor qué puede aportar nuestra biodiversidad”.. Aunque se trata de resultados preliminares, la investigadora considera que representan un paso importante hacia nuevas estrategias terapéuticas: “Los ensayos son in vitro; el siguiente paso serían estudios en modelos animales. No es fácil, pero es un comienzo esperanzador. Necesitamos nuevas herramientas para combatir estas enfermedades”.. El avance cobra especial relevancia en un contexto global donde los vectores se desplazan y las enfermedades parasitarias, tradicionalmente lejanas, se acercan. “La gente se mueve más y cada vez vemos estos problemas más cerca. Tenemos que estar preparados”, concluye.
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