Durante siglos, el delta del Nilo ha sido un territorio clave para comprender la superposición de culturas que marcaron la historia del Mediterráneo oriental. Sin embargo, gran parte de ese pasado permanece aún oculto bajo capas de sedimentos y arena. Las excavaciones arqueológicas recientes demuestran que incluso zonas aparentemente bien estudiadas siguen ofreciendo sorpresas capaces de redefinir lo que sabemos sobre las sociedades antiguas y su organización cotidiana.. Un equipo conjunto del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y la Universidad de Padua ha sacado a la luz restos enterrados de una comunidad asentada en el delta occidental del Nilo hace unos 2.500 años. Los trabajos se han centrado en las áreas de Kom el-Ahmar y Kom Wasit, donde han aparecido estructuras funerarias y espacios destinados a actividades productivas, fechados entre el periodo tardío egipcio y la época de influencia grecorromana.. Una necrópolis que revela prácticas funerarias diversas. Uno de los hallazgos más significativos es una necrópolis que ha permitido documentar diferentes formas de enterramiento. Los arqueólogos identificaron sepulturas correspondientes a al menos 23 individuos, con prácticas que variaban según la edad y, probablemente, el estatus social. Algunos cuerpos fueron depositados directamente en el suelo, mientras que otros se enterraron en ataúdes de cerámica.. Especialmente llamativo es el caso de los enterramientos infantiles, donde los restos aparecieron dentro de grandes ánforas alargadas, una costumbre documentada en otras regiones del Mediterráneo antiguo. Los fragmentos de lino, así como los retratos funerarios realizados en yeso pintado, evidencian una convivencia de tradiciones egipcias con elementos romanos, reflejo de una sociedad culturalmente híbrida.. Aunque la momificación seguía formando parte del imaginario funerario, en este caso no se han encontrado momias completas. Los restos óseos no muestran señales claras de violencia ni de epidemias, lo que sugiere una comunidad relativamente estable. Los análisis bioarqueológicos en curso permitirán profundizar en aspectos como la dieta, la esperanza de vida y el estado de salud de sus habitantes.. Un complejo industrial ligado al comercio. Junto a la necrópolis, los investigadores han identificado un amplio complejo industrial compuesto por al menos seis salas. La función principal de este espacio estaba relacionada con el procesamiento de pescado salado, una actividad de gran importancia económica en el mundo antiguo. El hallazgo de cerca de 9.700 espinas de pescado apunta a una producción intensiva, destinada no solo al consumo local, sino también al comercio a larga distancia.. El pescado salado era un producto clave en las redes comerciales del Mediterráneo, y su elaboración requería conocimientos técnicos, organización laboral y acceso a rutas de distribución. Este complejo sugiere que la comunidad no era marginal, sino que participaba activamente en circuitos económicos más amplios.. Otras estancias del complejo estaban dedicadas a la fabricación de herramientas de piedra y metal, así como de amuletos de loza. Estos objetos, con formas de escarabajos, animales o divinidades, cumplían una doble función: protectora en la vida diaria y simbólica en el ámbito funerario. Su presencia en las tumbas responde a creencias religiosas profundamente arraigadas en la tradición egipcia, como el uso del escarabajo para garantizar el juicio favorable del difunto en el más allá.. Entre los materiales recuperados destacan también figuras inacabadas de piedra caliza, cerámicas griegas y ánforas procedentes de distintos puntos del Mediterráneo. Estos objetos confirman la intensa interacción cultural de la región, donde influencias egipcias, griegas y romanas coexistían en la vida cotidiana.. Algunos hallazgos, como un par de pendientes de oro atribuidos probablemente a una mujer, han sido considerados especialmente relevantes y ya forman parte de las colecciones del Museo Egipcio de El Cairo.. El descubrimiento de estos restos en el delta occidental del Nilo aporta una visión más matizada del Egipto romano, alejándose de los grandes monumentos para centrarse en comunidades locales, su economía y sus creencias. Más allá de los objetos, el yacimiento permite reconstruir cómo vivían, trabajaban y enterraban a sus muertos en un entorno marcado por la mezcla cultural y la actividad comercial.
El hallazgo de una necrópolis y un antiguo complejo productivo en el delta del Nilo occidental abre una nueva ventana al modo de vida, la economía y las creencias de una comunidad del mundo romano antiguo
Durante siglos, el delta del Nilo ha sido un territorio clave para comprender la superposición de culturas que marcaron la historia del Mediterráneo oriental. Sin embargo, gran parte de ese pasado permanece aún oculto bajo capas de sedimentos y arena. Las excavaciones arqueológicas recientes demuestran que incluso zonas aparentemente bien estudiadas siguen ofreciendo sorpresas capaces de redefinir lo que sabemos sobre las sociedades antiguas y su organización cotidiana.. Un equipo conjunto del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y la Universidad de Padua ha sacado a la luz restos enterrados de una comunidad asentada en el delta occidental del Nilo hace unos 2.500 años. Los trabajos se han centrado en las áreas de Kom el-Ahmar y Kom Wasit, donde han aparecido estructuras funerarias y espacios destinados a actividades productivas, fechados entre el periodo tardío egipcio y la época de influencia grecorromana.. Una necrópolis que revela prácticas funerarias diversas. Uno de los hallazgos más significativos es una necrópolis que ha permitido documentar diferentes formas de enterramiento. Los arqueólogos identificaron sepulturas correspondientes a al menos 23 individuos, con prácticas que variaban según la edad y, probablemente, el estatus social. Algunos cuerpos fueron depositados directamente en el suelo, mientras que otros se enterraron en ataúdes de cerámica.. Especialmente llamativo es el caso de los enterramientos infantiles, donde los restos aparecieron dentro de grandes ánforas alargadas, una costumbre documentada en otras regiones del Mediterráneo antiguo. Los fragmentos de lino, así como los retratos funerarios realizados en yeso pintado, evidencian una convivencia de tradiciones egipcias con elementos romanos, reflejo de una sociedad culturalmente híbrida.. Aunque la momificación seguía formando parte del imaginario funerario, en este caso no se han encontrado momias completas. Los restos óseos no muestran señales claras de violencia ni de epidemias, lo que sugiere una comunidad relativamente estable. Los análisis bioarqueológicos en curso permitirán profundizar en aspectos como la dieta, la esperanza de vida y el estado de salud de sus habitantes.. Un complejo industrial ligado al comercio. Junto a la necrópolis, los investigadores han identificado un amplio complejo industrial compuesto por al menos seis salas. La función principal de este espacio estaba relacionada con el procesamiento de pescado salado, una actividad de gran importancia económica en el mundo antiguo. El hallazgo de cerca de 9.700 espinas de pescado apunta a una producción intensiva, destinada no solo al consumo local, sino también al comercio a larga distancia.. El pescado salado era un producto clave en las redes comerciales del Mediterráneo, y su elaboración requería conocimientos técnicos, organización laboral y acceso a rutas de distribución. Este complejo sugiere que la comunidad no era marginal, sino que participaba activamente en circuitos económicos más amplios.. Otras estancias del complejo estaban dedicadas a la fabricación de herramientas de piedra y metal, así como de amuletos de loza. Estos objetos, con formas de escarabajos, animales o divinidades, cumplían una doble función: protectora en la vida diaria y simbólica en el ámbito funerario. Su presencia en las tumbas responde a creencias religiosas profundamente arraigadas en la tradición egipcia, como el uso del escarabajo para garantizar el juicio favorable del difunto en el más allá.. Entre los materiales recuperados destacan también figuras inacabadas de piedra caliza, cerámicas griegas y ánforas procedentes de distintos puntos del Mediterráneo. Estos objetos confirman la intensa interacción cultural de la región, donde influencias egipcias, griegas y romanas coexistían en la vida cotidiana.. Algunos hallazgos, como un par de pendientes de oro atribuidos probablemente a una mujer, han sido considerados especialmente relevantes y ya forman parte de las colecciones del Museo Egipcio de El Cairo.. El descubrimiento de estos restos en el delta occidental del Nilo aporta una visión más matizada del Egipto romano, alejándose de los grandes monumentos para centrarse en comunidades locales, su economía y sus creencias. Más allá de los objetos, el yacimiento permite reconstruir cómo vivían, trabajaban y enterraban a sus muertos en un entorno marcado por la mezcla cultural y la actividad comercial.
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