En Cataluña, cerca del 6% de la población sufre depresión moderada o grave, una cifra que denota una importante prevalencia de la misma, la cual ha experimentado un crecimiento desde la pandemia.. Y si ello puede ser reflejo de una situación preocupante, resulta especialmente alarmante que en entre un 35% y un 37% de los casos, esa depresión es resistente, es decir que no responde al tratamiento convencional con farmacoterapia y psicoterapia o con dos fármacos antidepresivos.. Es en este contexto donde adquiere especial relevancia la labor de las Unidades de Depresión Resistente, como la del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, que se puso en marcha en abril de 2025, pero empezó a funcionar como piloto en 2023.. Tratamientos avanzados. Hay que tener en cuenta que en los pacientes crónicos no basta con un tratamiento farmacológico dirigido a subsanar la falta de neurotransmisores característica de la depresión, sino que en estos casos también está alterada la conexión entre neuronas, por lo que es necesario recurrir a terapias que favorezcan el restablecimiento de esas conectividad.. Estas unidades tienen la capacidad y experiencia suficiente como para administrar tratamientos avanzados que estimulan la neuroplasticidad cerebral, como la esketamina intranasal, la terapia electroconvulsiva o la estimulación magnética transcraneal, pero es clave seleccionar el que mejor se adecúa a las condiciones y características de cada paciente porque cada caso es diferente.. «Hay que hacer una abordaje personalizado, de precisión, un traje a medida para cada paciente y todas las decisiones acerca del tratamiento a seguir se han de tomar de forma compartida con la persona que tiene depresión y su familia», explica Salvatore Aguilar, referente de la Unidad de Depresión Resistente en el Parc Sanitari Sant Joan de Déu, quien señala además que esa «atención debe ser siempre integral».. Atención integral. «No basta solo con el tratamiento farmacológico, sino que este debe ir de la mano de la terapia psicológica, que es fundamental, del acompañamiento de los trabajadores sociales y de los profesionales de enfermería y del apoyo familiar.. Y con todo ello, es posible mejorar la calidad de vida de los pacientes con depresión resistente, lo cual es clave para evitar la cronificación de la enfermedad. Tal y como señala Aguilar, «la presencia de episodios que no se resuelven por completo y de aquellos de larga duración predisponen a una depresión resistente», explica, así como también destaca que «con un menor tiempo de evolución de la enfermedad, los pacientes responden más rápidamente a los tratamientos».. Por lo tanto, indica el experto, «hay una necesidad emergente de diseñar Unidades de Depresión Resistente en las que se tenga en cuenta todas las dimensiones de la enfermedad: biológica, psicológica y social» y se pueda tratar a los pacientes con terapias avanzadas para restablecer la conectividad neuronal, algo de lo que no tienen capacidad en la Atención Primaria.. Una mejora en la atención. Con este enfoque, la unidad del Parc Sanitari Sant Joan de Déu ha tratado ya a 165 personas, de las que 130 ya han recibido el alta tras una estancia media de 6 meses. Sin embargo, tal y como alerta Aguilar «no hay los recursos suficientes para la alta demanda existente».. A su entender, «faltan políticas de prevención y autoconocimiento, porque si la gente fuera consciente de lo que es una depresión no nos ocuparía tanto tiempo el discernir los casos en los que esta existe y aquellos en los que no, así como también es imprescindible generar conciencia social para la detección de la enfermedad y la protección de los pacientes en el entorno laboral».. Asimismo, el experto considera que «es clave que existan estrategias de seguimiento para aquellos pacientes que han recibido el alta en la unidad con el fin de evitar la regresión». «A los seis meses, de media, salen de la unidad, pero han de seguir con el proceso de recuperación en un centro de salud para detectar posibles recaídas de forma precoz», indica Aguilar, quien señala que «sin embargo, faltan recursos para poder llevar a cabo esta labor».. «La red de salud comunitaria es muy potente, pero sin recursos y dado el gran volumen de pacientes que gestionan, la frecuencia de las visitas no es buena», comenta para a continuación recordar que «cada episodio de depresión, cada recaída, es un factor de riesgo para sufrir nuevos episodios».. En este sentido, también resulta clave la psicoeducación que se lleva a cabo con los pacientes en la unidad. Es importante que estos conozcan su enfermedad, los síntomas cardinales de la misma y sepan cómo actuar o dónde acudir ante la sospecha de una regresión.. Además, estos continúan con el tratamiento farmacológico tras su alta, cuya dosis se va modificando en función de su estado, por lo cual es de vital importancia garantizar su adherencia al mismo una vez han dejado la unidad y eso se logra mediante esa psicoeducación.. Vuelta a la vida. En cualquier caso, la unidad ha demostrado grandes resultados en la gestión de estos pacientes. «El objetivo es la máxima remisión posible de los síntomas, porque que estas personas mantengan síntomas residuales es un factor de riesgo de recaídas y en estas enfermedades cónicas hay que prevenir la recurrencia».. «Se trata de mejorar su funcionalidad para que puedan reengancharse a la vida», como es el caso de Joaquim Gómez, usuario de 55 años de la Unidad de Depresión Resistente del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, quien confiesa que «después de muchos años sin mejora, ahora me siento más funcional».. «Este tratamiento me ha dado esperanza. De repente, hay un día que te levantas notando el sol en la cara. Ahora estoy a punto de volver a trabajar», comenta.
Entre un 35% y un 37% de las personas que tienen depresión no responde al tratamiento convencional y en estos casos, un abordaje integral, especializado y personalizado es clave para la mejora de su funcionalidad
En Cataluña, cerca del 6% de la población sufre depresión moderada o grave, una cifra que denota una importante prevalencia de la misma, la cual ha experimentado un crecimiento desde la pandemia.. Y si ello puede ser reflejo de una situación preocupante, resulta especialmente alarmante que en entre un 35% y un 37% de los casos, esa depresión es resistente, es decir que no responde al tratamiento convencional con farmacoterapia y psicoterapia o con dos fármacos antidepresivos.. Es en este contexto donde adquiere especial relevancia la labor de las Unidades de Depresión Resistente, como la del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, que se puso en marcha en abril de 2025, pero empezó a funcionar como piloto en 2023.. Tratamientos avanzados. Hay que tener en cuenta que en los pacientes crónicos no basta con un tratamiento farmacológico dirigido a subsanar la falta de neurotransmisores característica de la depresión, sino que en estos casos también está alterada la conexión entre neuronas, por lo que es necesario recurrir a terapias que favorezcan el restablecimiento de esas conectividad.. Estas unidades tienen la capacidad y experiencia suficiente como para administrar tratamientos avanzados que estimulan la neuroplasticidad cerebral, como la esketamina intranasal, la terapia electroconvulsiva o la estimulación magnética transcraneal, pero es clave seleccionar el que mejor se adecúa a las condiciones y características de cada paciente porque cada caso es diferente.. «Hay que hacer una abordaje personalizado, de precisión, un traje a medida para cada paciente y todas las decisiones acerca del tratamiento a seguir se han de tomar de forma compartida con la persona que tiene depresión y su familia», explica Salvatore Aguilar, referente de la Unidad de Depresión Resistente en el Parc Sanitari Sant Joan de Déu, quien señala además que esa «atención debe ser siempre integral».. Atención integral. «No basta solo con el tratamiento farmacológico, sino que este debe ir de la mano de la terapia psicológica, que es fundamental, del acompañamiento de los trabajadores sociales y de los profesionales de enfermería y del apoyo familiar.. Y con todo ello, es posible mejorar la calidad de vida de los pacientes con depresión resistente, lo cual es clave para evitar la cronificación de la enfermedad. Tal y como señala Aguilar, «la presencia de episodios que no se resuelven por completo y de aquellos de larga duración predisponen a una depresión resistente», explica, así como también destaca que «con un menor tiempo de evolución de la enfermedad, los pacientes responden más rápidamente a los tratamientos».. Por lo tanto, indica el experto, «hay una necesidad emergente de diseñar Unidades de Depresión Resistente en las que se tenga en cuenta todas las dimensiones de la enfermedad: biológica, psicológica y social» y se pueda tratar a los pacientes con terapias avanzadas para restablecer la conectividad neuronal, algo de lo que no tienen capacidad en la Atención Primaria.. Una mejora en la atención. Con este enfoque, la unidad del Parc Sanitari Sant Joan de Déu ha tratado ya a 165 personas, de las que 130 ya han recibido el alta tras una estancia media de 6 meses. Sin embargo, tal y como alerta Aguilar «no hay los recursos suficientes para la alta demanda existente».. A su entender, «faltan políticas de prevención y autoconocimiento, porque si la gente fuera consciente de lo que es una depresión no nos ocuparía tanto tiempo el discernir los casos en los que esta existe y aquellos en los que no, así como también es imprescindible generar conciencia social para la detección de la enfermedad y la protección de los pacientes en el entorno laboral».. Asimismo, el experto considera que «es clave que existan estrategias de seguimiento para aquellos pacientes que han recibido el alta en la unidad con el fin de evitar la regresión». «A los seis meses, de media, salen de la unidad, pero han de seguir con el proceso de recuperación en un centro de salud para detectar posibles recaídas de forma precoz», indica Aguilar, quien señala que «sin embargo, faltan recursos para poder llevar a cabo esta labor».. «La red de salud comunitaria es muy potente, pero sin recursos y dado el gran volumen de pacientes que gestionan, la frecuencia de las visitas no es buena», comenta para a continuación recordar que «cada episodio de depresión, cada recaída, es un factor de riesgo para sufrir nuevos episodios».. En este sentido, también resulta clave la psicoeducación que se lleva a cabo con los pacientes en la unidad. Es importante que estos conozcan su enfermedad, los síntomas cardinales de la misma y sepan cómo actuar o dónde acudir ante la sospecha de una regresión.. Además, estos continúan con el tratamiento farmacológico tras su alta, cuya dosis se va modificando en función de su estado, por lo cual es de vital importancia garantizar su adherencia al mismo una vez han dejado la unidad y eso se logra mediante esa psicoeducación.. Vuelta a la vida. En cualquier caso, la unidad ha demostrado grandes resultados en la gestión de estos pacientes. «El objetivo es la máxima remisión posible de los síntomas, porque que estas personas mantengan síntomas residuales es un factor de riesgo de recaídas y en estas enfermedades cónicas hay que prevenir la recurrencia».. «Se trata de mejorar su funcionalidad para que puedan reengancharse a la vida», como es el caso de Joaquim Gómez, usuario de 55 años de la Unidad de Depresión Resistente del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, quien confiesa que «después de muchos años sin mejora, ahora me siento más funcional».. «Este tratamiento me ha dado esperanza. De repente, hay un día que te levantas notando el sol en la cara. Ahora estoy a punto de volver a trabajar», comenta.
Noticias de Cataluña en La Razón
