Algo curioso sobre la vida de Chenoa ha sido su relación con los medios y la información sobre su vida privada. En cuanto a sus relaciones, no ha tenido problema en hablar en público sobre ellas y, en ocasiones, incluso bromear, pasado un tiempo, sobre los momentos más comentados, en especial en las redes, de su pasado, como pueden ser su salida en chándal a pedir privacidad o la supuesta «cobra» de Bisbal. Además, gracias a una resiliencia feroz, la imagen que popularmente se tiene de ella es la de una mujer fuerte, autosuficiente y capaz de afrontar cualquier contratiempo.. Y, sin embargo, como recuerdan desde Vanitatis, hay un episodio del que casi toda su vida ha preferido guardar silencio, no darle pábulo, dejar que sea el tema el que, por su propio peso caiga en el olvido: la relación, inexistente, roto, imposible ya de subsanar, con su padre biológico, José Carlos Corradini. Y hay que darle la razón en que, si no fuera por los titulares que de vez en vez protagoniza él, esa parte de la vida íntima de la cantante no aparecería jamás en las secciones, programas y revistas del corazón. Para ella, ese vínculo paternofilial está roto y así ha de quedarse para siempre.. Pero Corradini, por su parte, encuentra cada cierto tiempo la excusa perfecta para, de nuevo, criticar a su hija. Lo último ha sido el hecho de que su hija ha despedido el 2025 en la Puerta del Sol de Madrid junto a Estopa, presentando las campanadas y las doce uvas para RTVE. «Con lo que ha costado ese traje [el vestido que llevaba la artista] yo podría vivir sin problemas un año entero», ha declarado a La Razón Corradini, quien a sus 72 años vive en un geriátrico, reclamándole a María Laura Corradini Falomir, el verdadero nombre de Chenoa, y esgrimiendo una precaria situación económica, una ayuda mensual de «cien o doscientos euros», algo que, según él, no le costaría en absoluto.. Según él, y en mitad de una entrevista, no ha tenido todavía la posibilidad de dar «su versión de la historia», si bien ha añadido que sigue queriendo a su hija «a pesar de la distancia». Pero Chenoa no parece que vaya siquiera a entrar al trapo. Básicamente, porque uno de sus mayores apoyos siempre ha sido su madre, a quien Corradini por su parte acusa de haber puesto a la artista en su contra. Pero Chenoa, desde que alcanzó la fama, ha mantenido la misma historia.. Ella nació en Mar de Plata en junio de 1975, fruto de un romance adolescente entre su madre, que tenía 15 años, y su padre, de 17. Su historia de amor duró muy poco, pues al cabo la joven laura apenas si tenía un año de vida cuando sus padres rompieron. Entre otras cosas, porque José Carlos ni se hizo cargo de la pequeña ni asumió responsabilidad alguna, obligando a Patricia Falomir, su madre, a emigrar a España —en concreto a Mallorca— cuando, además, ya tenía otro hijo más en el mundo, Sebastián, quien hoy es el representante de su hermana.. Ambos solo vieron a su padre, que reharía su vida y tendría otros cuatro hijos con dos mujeres distintas, otra vez más, durante la adolescencia, sin que jamás ocupase un lugar como figura paterna en su crianza. La distancia, tanto física como emocional, acabó siendo crucial en la crianza de Chenoa y en la decisión que tomó de guardar silencio, tanto para con su padre biológico como para, más tarde, con los medios. Porque poco después saltaría a la fama tras su paso por Operación Triunfo, momento en el que Corradini volvió a aparecer en su vida.. En la suya, y en la de los medios, dado que no cesaba de pedir una reciprocidad en la relación paternofilial, aduciendo que su hija no se ocupaba de él y justificando su ausencia en su crianza bajo la excusa de que era «un joven de 18 años que no sabía nada de la vida». Chenoa, con su silencio, dejó intuir que para ella, este retorno de su padre solo respondía a su recién adquirido estatus de celebrity y que, por tanto, era un oportunista que quería aprovecharse, lo que enervó de alguna forma a Corradini, que comenzó a tachar a Chenoa de mala hija y que su imagen de «niña buena» era una mentira, dado que no solo se negaba a darle dinero sino también a procurarle un trabajo a su lado.. Pero la cantante de éxitos como Cuando tú vas, Soy humana, Atrévete o Soy lo que me das no se achantó. Siquiera en 2017, cuando Corradini decidió agregar a la ecuación una disputa legal, iniciando los trámites para reclamar una ayuda económica por la vía judicial, alegando la pobreza de Argentina y dificultades para encontrar trabajo por la mala imagen que se tenía de él. Llegó a viajar a España y en los medios insistía en que llevaba 25 años sin verla. Sus abogados no llegaron a ningún acuerdo extrajudicial, pero no se supo más del tema.. Probablemente, porque su equipo legal esgrimió que ella no le debía absolutamente nada y que, como muestra del relato coherente que ha mantenido toda su vida, su infancia estuvo marcada por la escasez, fruto de una madre emigrante que vivía únicamente para sacar adelante a sus dos hijos, y dificultades en la escuela, pues ella apenas tenía para un táper y con los compañeros metiéndose con su acento. Aun así, ni al narrar aquellos episodios le ha dedicado un mero pensamiento o palabra a su padre biológico, lo que da cuenta de la importancia que le da en su vida.. «He decidido ser feliz en defensa propia» es de las pocas frases que le ha dedicado. Y fue en una publicación en redes en la que ni le mencionó ni alargó. Quizá porque, en su mente, Chenoa tiene claro quién es su padre: Juan Antonio Marino, la pareja de su madre durante décadas. A él es a quien considera su padre real y a quien le ha dedicado algún que otro post que sintetiza a la perfección su posición. «Mi padre me eligió, me cuidó y me ama con todo su amor. Mi alma es suya», escribió por el Día del Padre. Y eso, para ella, pesa más que cualquier declaración de quien nunca estuvo a su lado.
Algo curioso sobre la vida de Chenoa ha sido su relación con los medios y la información sobre su vida privada. En cuanto a sus relaciones, no ha tenido problema en hablar en público sobre ellas y, en ocasiones, incluso bromear, pasado un tiempo, sobre los momentos más comentados, en especial en las redes, de su pasado, como pueden ser su salida en chándal a pedir privacidad o la supuesta «cobra» de Bisbal. Además, gracias a una resiliencia feroz, la imagen que popularmente se tiene de ella es la de una mujer fuerte, autosuficiente y capaz de afrontar cualquier contratiempo.. Y, sin embargo, como recuerdan desde Vanitatis, hay un episodio del que casi toda su vida ha preferido guardar silencio, no darle pábulo, dejar que sea el tema el que, por su propio peso caiga en el olvido: la relación, inexistente, roto, imposible ya de subsanar, con su padre biológico, José Carlos Corradini. Y hay que darle la razón en que, si no fuera por los titulares que de vez en vez protagoniza él, esa parte de la vida íntima de la cantante no aparecería jamás en las secciones, programas y revistas del corazón. Para ella, ese vínculo paternofilial está roto y así ha de quedarse para siempre.. Pero Corradini, por su parte, encuentra cada cierto tiempo la excusa perfecta para, de nuevo, criticar a su hija. Lo último ha sido el hecho de que su hija ha despedido el 2025 en la Puerta del Sol de Madrid junto a Estopa, presentando las campanadas y las doce uvas para RTVE. «Con lo que ha costado ese traje [el vestido que llevaba la artista] yo podría vivir sin problemas un año entero», ha declarado a La Razón Corradini, quien a sus 72 años vive en un geriátrico, reclamándole a María Laura Corradini Falomir, el verdadero nombre de Chenoa, y esgrimiendo una precaria situación económica, una ayuda mensual de «cien o doscientos euros», algo que, según él, no le costaría en absoluto.. Según él, y en mitad de una entrevista, no ha tenido todavía la posibilidad de dar «su versión de la historia», si bien ha añadido que sigue queriendo a su hija «a pesar de la distancia». Pero Chenoa no parece que vaya siquiera a entrar al trapo. Básicamente, porque uno de sus mayores apoyos siempre ha sido su madre, a quien Corradini por su parte acusa de haber puesto a la artista en su contra. Pero Chenoa, desde que alcanzó la fama, ha mantenido la misma historia.. Ella nació en Mar de Plata en junio de 1975, fruto de un romance adolescente entre su madre, que tenía 15 años, y su padre, de 17. Su historia de amor duró muy poco, pues al cabo la joven laura apenas si tenía un año de vida cuando sus padres rompieron. Entre otras cosas, porque José Carlos ni se hizo cargo de la pequeña ni asumió responsabilidad alguna, obligando a Patricia Falomir, su madre, a emigrar a España —en concreto a Mallorca— cuando, además, ya tenía otro hijo más en el mundo, Sebastián, quien hoy es el representante de su hermana.. Ambos solo vieron a su padre, que reharía su vida y tendría otros cuatro hijos con dos mujeres distintas, otra vez más, durante la adolescencia, sin que jamás ocupase un lugar como figura paterna en su crianza. La distancia, tanto física como emocional, acabó siendo crucial en la crianza de Chenoa y en la decisión que tomó de guardar silencio, tanto para con su padre biológico como para, más tarde, con los medios. Porque poco después saltaría a la fama tras su paso por Operación Triunfo, momento en el que Corradini volvió a aparecer en su vida.. En la suya, y en la de los medios, dado que no cesaba de pedir una reciprocidad en la relación paternofilial, aduciendo que su hija no se ocupaba de él y justificando su ausencia en su crianza bajo la excusa de que era «un joven de 18 años que no sabía nada de la vida». Chenoa, con su silencio, dejó intuir que para ella, este retorno de su padre solo respondía a su recién adquirido estatus de celebrity y que, por tanto, era un oportunista que quería aprovecharse, lo que enervó de alguna forma a Corradini, que comenzó a tachar a Chenoa de mala hija y que su imagen de «niña buena» era una mentira, dado que no solo se negaba a darle dinero sino también a procurarle un trabajo a su lado.. Pero la cantante de éxitos como Cuando tú vas, Soy humana, Atrévete o Soy lo que me das no se achantó. Siquiera en 2017, cuando Corradini decidió agregar a la ecuación una disputa legal, iniciando los trámites para reclamar una ayuda económica por la vía judicial, alegando la pobreza de Argentina y dificultades para encontrar trabajo por la mala imagen que se tenía de él. Llegó a viajar a España y en los medios insistía en que llevaba 25 años sin verla. Sus abogados no llegaron a ningún acuerdo extrajudicial, pero no se supo más del tema.. Probablemente, porque su equipo legal esgrimió que ella no le debía absolutamente nada y que, como muestra del relato coherente que ha mantenido toda su vida, su infancia estuvo marcada por la escasez, fruto de una madre emigrante que vivía únicamente para sacar adelante a sus dos hijos, y dificultades en la escuela, pues ella apenas tenía para un táper y con los compañeros metiéndose con su acento. Aun así, ni al narrar aquellos episodios le ha dedicado un mero pensamiento o palabra a su padre biológico, lo que da cuenta de la importancia que le da en su vida.. «He decidido ser feliz en defensa propia» es de las pocas frases que le ha dedicado. Y fue en una publicación en redes en la que ni le mencionó ni alargó. Quizá porque, en su mente, Chenoa tiene claro quién es su padre: Juan Antonio Marino, la pareja de su madre durante décadas. A él es a quien considera su padre real y a quien le ha dedicado algún que otro post que sintetiza a la perfección su posición. «Mi padre me eligió, me cuidó y me ama con todo su amor. Mi alma es suya», escribió por el Día del Padre. Y eso, para ella, pesa más que cualquier declaración de quien nunca estuvo a su lado.
