Pensaba en una imagen para cerrar el año 2025 que se ahoga en estas playas de buenas voluntades que son la Navidad y la Nochevieja. Difícil seleccionar en el catálogo de estos doce meses. Podría haberme quedado con las mujeres protestando ante el SAS, con los miles de turistas que ahogan el centro de las grandes ciudades, quizás destacar la soledad parlamentaria en la que se ha quedado el PSOE andaluz descabezado. No lo tengo claro, pero sí me ha impactado la reciente aparición de cientos de bidones de gasolina sobre la arena de Doñana. No uno ni dos, sino bastantes, como una suerte de performance ecológica para poner en alerta al poder. No lo ha hecho ningún grupo ecologista, no se les ocurrió a los amigos de Greenpeace. El narcotráfico ha desovado, como los grandes peces, parte de su sucia maquinaria en las narices del espacio protegido más importante de nuestro país y uno de los más relevantes de Europa. Pienso que cómo puede suceder, que una mañana el mar devuelva estas botellas de plástico que sirven para llenar de gasolina los motores de las gomas. No se trata de un hecho aislado, el narcotráfico ya es una industria más, ilegal, pero industria de la que viven miles de andaluces. Como otras, sus desechos alcanzan la naturaleza, mientras las administraciones miran a un lado y a otro. Estos restos demuestran el nivel que este negocio disfruta y las pocas probabilidades de acabar con esta actividad. Mientras los partidos se dediquen a tirarse los trastos a la cabeza, la realidad se impondrá para bien y para mal, como en este caso. Que Doñana amanezca así demuestra el fracaso, uno más, de nuestra sociedad. Quiero pensar en eso y no que forma ya parte de los largos tentáculos del Estado, donde los niveles de corrupción superan las siglas. El poder no entiende de sedes ni de consignas, supera cualquier estructura, incluyendo la del silencio cómplice de quienes miran para otro lado ante situaciones tan graves como ésta.
«El narcotráfico ya es una industria más, ilegal, pero industria de la que viven miles de andaluces»
Pensaba en una imagen para cerrar el año 2025 que se ahoga en estas playas de buenas voluntades que son la Navidad y la Nochevieja. Difícil seleccionar en el catálogo de estos doce meses. Podría haberme quedado con las mujeres protestando ante el SAS, con los miles de turistas que ahogan el centro de las grandes ciudades, quizás destacar la soledad parlamentaria en la que se ha quedado el PSOE andaluz descabezado. No lo tengo claro, pero sí me ha impactado la reciente aparición de cientos de bidones de gasolina sobre la arena de Doñana. No uno ni dos, sino bastantes, como una suerte de performance ecológica para poner en alerta al poder. No lo ha hecho ningún grupo ecologista, no se les ocurrió a los amigos de Greenpeace. El narcotráfico ha desovado, como los grandes peces, parte de su sucia maquinaria en las narices del espacio protegido más importante de nuestro país y uno de los más relevantes de Europa. Pienso que cómo puede suceder, que una mañana el mar devuelva estas botellas de plástico que sirven para llenar de gasolina los motores de las gomas. No se trata de un hecho aislado, el narcotráfico ya es una industria más, ilegal, pero industria de la que viven miles de andaluces. Como otras, sus desechos alcanzan la naturaleza, mientras las administraciones miran a un lado y a otro. Estos restos demuestran el nivel que este negocio disfruta y las pocas probabilidades de acabar con esta actividad. Mientras los partidos se dediquen a tirarse los trastos a la cabeza, la realidad se impondrá para bien y para mal, como en este caso. Que Doñana amanezca así demuestra el fracaso, uno más, de nuestra sociedad. Quiero pensar en eso y no que forma ya parte de los largos tentáculos del Estado, donde los niveles de corrupción superan las siglas. El poder no entiende de sedes ni de consignas, supera cualquier estructura, incluyendo la del silencio cómplice de quienes miran para otro lado ante situaciones tan graves como ésta.
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