El protagonista es la nueva generación de submarinos nucleares de la clase Columbia, cuyo primer ejemplar, el USS District of Columbia, avanza hacia su entrega prevista en 2028. Con unas 21.000 toneladas de desplazamiento sumergido, será el mayor submarino jamás construido por Estados Unidos. Y el más silencioso. Para entender la escala, basta con imaginar un cilindro de acero de más de 170 metros de largo, capaz de permanecer oculto bajo el océano durante meses, sin necesidad de repostar combustible durante toda su vida útil. Su reactor nuclear está diseñado para durar toda la vida del submarino, eliminando las paradas para recarga que sí necesitaban generaciones anteriores. Pero el tamaño no es lo más importante.. Lo que define a estos submarinos es su función. Son submarinos balísticos, es decir, forman parte del llamado “triángulo nuclear”: tierra, aire y mar. Su misión no es atacar primero, sino garantizar que, incluso en el peor escenario imaginable, Estados Unidos pueda responder. Cada unidad estará equipada con 16 misiles Trident II, capaces de recorrer más de 11.000 kilómetros a velocidades que rozan los 30.000 km/h y portar múltiples cabezas nucleares.. El programa, sin embargo, no está exento de presión. La urgencia por tener listo el primer submarino es tal que, en palabras del vicealmirante Rob Gaucher, responsable del programa, su entrega es poco menos que crítica. “La entrega a tiempo es una cuestión de vida o muerte”, afirmó recientemente Gaucher. La frase puede sonar exagerada, pero refleja una realidad: estos submarinos deben sustituir progresivamente a la actual flota de clase Ohio, que empieza a retirarse a partir de esta década.. El desafío técnico tampoco es menor. Construir un submarino de estas características implica coordinar miles de proveedores, tecnologías avanzadas de propulsión silenciosa y sistemas de armas de altísima precisión.. De hecho, el propio programa ha sufrido retrasos en los últimos años, aunque ahora parece estabilizarse. Según responsables del proyecto, el primer submarino está ya alrededor del 65 % de su construcción y avanza hacia su entrega en 2028.. “Será un esfuerzo enorme”, reconocen desde el Pentágono, subrayando la complejidad industrial del proyecto. Hay un detalle especialmente revelador: la Marina estadounidense ha definido este programa como su máxima prioridad de adquisición. Eso significa que, en términos presupuestarios y estratégicos, está por encima de muchos otros sistemas de defensa.
Para EEUU su llegada es prioritaria: “La entrega a tiempo es una cuestión de vida o muerte”, señala el vicealmirante Rob Gaucher.
El protagonista es la nueva generación de submarinos nucleares de la clase Columbia, cuyo primer ejemplar, el USS District of Columbia, avanza hacia su entrega prevista en 2028. Con unas 21.000 toneladas de desplazamiento sumergido, será el mayor submarino jamás construido por Estados Unidos. Y el más silencioso. Para entender la escala, basta con imaginar un cilindro de acero de más de 170 metros de largo, capaz de permanecer oculto bajo el océano durante meses, sin necesidad de repostar combustible durante toda su vida útil. Su reactor nuclear está diseñado para durar toda la vida del submarino, eliminando las paradas para recarga que sí necesitaban generaciones anteriores. Pero el tamaño no es lo más importante.. Lo que define a estos submarinos es su función. Son submarinos balísticos, es decir, forman parte del llamado “triángulo nuclear”: tierra, aire y mar. Su misión no es atacar primero, sino garantizar que, incluso en el peor escenario imaginable, Estados Unidos pueda responder. Cada unidad estará equipada con 16 misiles Trident II, capaces de recorrer más de 11.000 kilómetros a velocidades que rozan los 30.000 km/h y portar múltiples cabezas nucleares.. El programa, sin embargo, no está exento de presión. La urgencia por tener listo el primer submarino es tal que, en palabras del vicealmirante Rob Gaucher, responsable del programa, su entrega es poco menos que crítica. “La entrega a tiempo es una cuestión de vida o muerte”, afirmó recientemente Gaucher. La frase puede sonar exagerada, pero refleja una realidad: estos submarinos deben sustituir progresivamente a la actual flota de clase Ohio, que empieza a retirarse a partir de esta década.. El desafío técnico tampoco es menor. Construir un submarino de estas características implica coordinar miles de proveedores, tecnologías avanzadas de propulsión silenciosa y sistemas de armas de altísima precisión.. De hecho, el propio programa ha sufrido retrasos en los últimos años, aunque ahora parece estabilizarse. Según responsables del proyecto, el primer submarino está ya alrededor del 65 % de su construcción y avanza hacia su entrega en 2028.. “Será un esfuerzo enorme”, reconocen desde el Pentágono, subrayando la complejidad industrial del proyecto. Hay un detalle especialmente revelador: la Marina estadounidense ha definido este programa como su máxima prioridad de adquisición. Eso significa que, en términos presupuestarios y estratégicos, está por encima de muchos otros sistemas de defensa.
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