Desesperación, rabia, dolor e impotencia son las palabras del año para la zona dana. Volver a empezar de cero no es fácil. En ocasiones resulta imposible, sobre todo cuando la pérdida es irreparable. 230 víctimas mortales pesan sobre la provincia de Valencia, que se ha levantado muchos días de este 2025 desconfiando de que volviera a salir el sol. Más de 300.000 personas resultaron directamente afectadas por la riada del 29 de octubre de 2024, detrás de cada ellas hay una historia de superación porque en eso están todas ellas.. La vida ya no es igual. En lo emocional hay heridas todavía abiertas, en lo material, pese a la celeridad de las administraciones para reparar las infraestructuras dañadas o en hacer efectivas las ayudas, aún queda camino por recorrer. Sirve de ejemplo la lentitud en la reparación de los ascensores. Rodrigo, vecino de Massanassa (Valencia), sigue esperando la reparación del ascensor de su finca.. «Lo peor es la incertidumbre. Nos dijeron que empezarían en el último trimestre del año, pero está a punto de finalizar el año y no sabemos. Cuando nos cruzamos por la escalara siempre está el comentario de que el trimestre ya se acaba. Te ríes cuando bajas, pero cuando subes, pesa», afirma Rodrigo a LA RAZÓN. «No tener ascensor te destronca la vida cotidiana».. La Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunitat Valenciana (Ascencoval) calcula que quedan «unos 600» ascensores por reparar en la zona cero de la dana. Todos ellos son los contratos firmados tras el verano, algunos por el retraso en el cobro del Consorcio de Compensación de Seguros y otros porque son necesarias decisiones por parte de la comunidad, como adaptarlo a cota cero y otras necesidades. Instalar un ascensor completo tarda alrededor de seis meses, explica Emilio Carbonell, presidente de Ascencoval, quien lamenta que no haber cumplido con el objetivo de tener las reparaciones terminadas antes de que acabase el año.. El pasado 18 de noviembre la Generalitat valenciana destinó una línea de 10 millones de ayudas a comunidades de propietarios para acelerar la reconstrucción en aquellos edificios con personas con dependencia o movilidad reducida, pero los ascensoristas creen que «aunque todo suma, se queda corto» y ya no es solo cosa de dinero, sino de medios materiales. «Falta mucha mano de obra llevamos lidiando con eso desde el minuto cero».. Y si los ascensores son un problema en la zona cero de la dana, no es menor el de aquellas personas que vivían en plantas bajas, en esas envidiadas casas de pueblo. Cientos de ellas quedaron arrasadas. Para su reforma han tenido problemas que ni siquiera podían llegar a imaginar. Desde la dificultad las primeras semanas para conseguir suministros, hasta la imposibilidad durante meses de lograr mano de obra para emprender unas reformas que, a la fuerza, eran integrales.. Es el caso de Joaquín, un vecino de La Torre a quien la providencia encarnada en un cerrajero que trabajaba en su finca ese día salvó in extremis al avisarle de la barrancada y apremiarle para que subiera al segundo piso, a casa de una vecina.. Cuando al día siguiente pudo bajar a su casa, solo encontró desolación y destrucción: no le quedaba nada. Los primeros meses ha vivido en casa de familiares en la ciudad de Valencia y pese a que bien pronto encontró quien le reformara su vivienda, las obras no comenzaron hasta verano porque las paredes rezumaban humedad y no había nada que hacer salvo dejar pasar tiempo, ese que ya no sobra a las personas, mayoritariamente mayores, de estas pedanías.. El verano fue el punto de inflexión. Durante meses la casa permaneció todo lo abierta y aireada que se pudo y el calor del estío hizo el resto. Los albañiles doblaron tabiques, rehicieron los baños e instalaron una cocina totalmente nueva porque todo lo anterior había sido arrasado. También cambiaron puertas y lograron llevar al sitio el portalón de la entrada.. Pero su casa ya no era su casa, los muebles no llevaban las cicatrices de la vida y sobre la mesa del comedor no se había celebrado ninguna comida de Navidad, ni el sofá del salón había recibido de madrugada los regalos de los Reyes Magos. La cocina, moderna y funcional, no había visto a su mujer preparar miles de guisos, y en las paredes ya no colgaban las fotos de ella, fallecida apenas un año antes de la dana. Los recuerdos son irremplazables y la dana también arrasó con todo ello.. La recuperación emocional de la dana es el reto que tienen por delante varias generaciones. Y más allá de la ayuda psicológica o la superación personal a la que cada uno pueda hacer frente, los vecinos siguen sintiendo miedo cuando llueve.. Los plazos tampoco han permitido levantar los centros escolares que quedaron arrasados por la dana. 3.000 alumnos empezarán y acabarán este curso escolar en aulas prefabricadas, eso sí, al menos en sus municipios.. Quince meses después de que todo fallara, de que una dana despiadada se llevase por delante el presente de todo un pueblo, siguen temblando cuando se anuncian lluvias. ¿Puede volver a ocurrir algo similar? Seguramente no, pero tampoco han visto poner ni una sola piedra para poner en marcha aquellas infraestructuras guardadas en un cajón que podrían haber salvado vidas. Los Ayuntamientos han revisado sus propios protocolos y Protección Civil lanza, es caso de duda, esa alarma que tanto costó enviar el 29 de octubre.. 2025 ha sido el año en que la fatalidad puso a prueba al pueblo valenciano, una región que ha llorado más de lo normal y que también ha trabajado sin descanso para salir de esta. Para volver a mostrar su mejor cara, para poner en marcha empresas, negocios y vidas que quedaron sepultadas bajo el barro.
La normalidad se ha ido recuperando en la zona cero sobre cicatrices emocionales y materiales que tardarán años en cerrarse
Desesperación, rabia, dolor e impotencia son las palabras del año para la zona dana. Volver a empezar de cero no es fácil. En ocasiones resulta imposible, sobre todo cuando la pérdida es irreparable. 230 víctimas mortales pesan sobre la provincia de Valencia, que se ha levantado muchos días de este 2025 desconfiando de que volviera a salir el sol. Más de 300.000 personas resultaron directamente afectadas por la riada del 29 de octubre de 2024, detrás de cada ellas hay una historia de superación porque en eso están todas ellas.. La vida ya no es igual. En lo emocional hay heridas todavía abiertas, en lo material, pese a la celeridad de las administraciones para reparar las infraestructuras dañadas o en hacer efectivas las ayudas, aún queda camino por recorrer. Sirve de ejemplo la lentitud en la reparación de los ascensores. Rodrigo, vecino de Massanassa (Valencia), sigue esperando la reparación del ascensor de su finca.. «Lo peor es la incertidumbre. Nos dijeron que empezarían en el último trimestre del año, pero está a punto de finalizar el año y no sabemos. Cuando nos cruzamos por la escalara siempre está el comentario de que el trimestre ya se acaba. Te ríes cuando bajas, pero cuando subes, pesa», afirma Rodrigo a LA RAZÓN. «No tener ascensor te destronca la vida cotidiana».. La Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunitat Valenciana (Ascencoval) calcula que quedan «unos 600» ascensores por reparar en la zona cero de la dana. Todos ellos son los contratos firmados tras el verano, algunos por el retraso en el cobro del Consorcio de Compensación de Seguros y otros porque son necesarias decisiones por parte de la comunidad, como adaptarlo a cota cero y otras necesidades. Instalar un ascensor completo tarda alrededor de seis meses, explica Emilio Carbonell, presidente de Ascencoval, quien lamenta que no haber cumplido con el objetivo de tener las reparaciones terminadas antes de que acabase el año.. El pasado 18 de noviembre la Generalitat valenciana destinó una línea de 10 millones de ayudas a comunidades de propietarios para acelerar la reconstrucción en aquellos edificios con personas con dependencia o movilidad reducida, pero los ascensoristas creen que «aunque todo suma, se queda corto» y ya no es solo cosa de dinero, sino de medios materiales. «Falta mucha mano de obra llevamos lidiando con eso desde el minuto cero».. Y si los ascensores son un problema en la zona cero de la dana, no es menor el de aquellas personas que vivían en plantas bajas, en esas envidiadas casas de pueblo. Cientos de ellas quedaron arrasadas. Para su reforma han tenido problemas que ni siquiera podían llegar a imaginar. Desde la dificultad las primeras semanas para conseguir suministros, hasta la imposibilidad durante meses de lograr mano de obra para emprender unas reformas que, a la fuerza, eran integrales.. Es el caso de Joaquín, un vecino de La Torre a quien la providencia encarnada en un cerrajero que trabajaba en su finca ese día salvó in extremis al avisarle de la barrancada y apremiarle para que subiera al segundo piso, a casa de una vecina.. Cuando al día siguiente pudo bajar a su casa, solo encontró desolación y destrucción: no le quedaba nada. Los primeros meses ha vivido en casa de familiares en la ciudad de Valencia y pese a que bien pronto encontró quien le reformara su vivienda, las obras no comenzaron hasta verano porque las paredes rezumaban humedad y no había nada que hacer salvo dejar pasar tiempo, ese que ya no sobra a las personas, mayoritariamente mayores, de estas pedanías.. El verano fue el punto de inflexión. Durante meses la casa permaneció todo lo abierta y aireada que se pudo y el calor del estío hizo el resto. Los albañiles doblaron tabiques, rehicieron los baños e instalaron una cocina totalmente nueva porque todo lo anterior había sido arrasado. También cambiaron puertas y lograron llevar al sitio el portalón de la entrada.. Pero su casa ya no era su casa, los muebles no llevaban las cicatrices de la vida y sobre la mesa del comedor no se había celebrado ninguna comida de Navidad, ni el sofá del salón había recibido de madrugada los regalos de los Reyes Magos. La cocina, moderna y funcional, no había visto a su mujer preparar miles de guisos, y en las paredes ya no colgaban las fotos de ella, fallecida apenas un año antes de la dana. Los recuerdos son irremplazables y la dana también arrasó con todo ello.. La recuperación emocional de la dana es el reto que tienen por delante varias generaciones. Y más allá de la ayuda psicológica o la superación personal a la que cada uno pueda hacer frente, los vecinos siguen sintiendo miedo cuando llueve.. Los plazos tampoco han permitido levantar los centros escolares que quedaron arrasados por la dana. 3.000 alumnos empezarán y acabarán este curso escolar en aulas prefabricadas, eso sí, al menos en sus municipios.. Quince meses después de que todo fallara, de que una dana despiadada se llevase por delante el presente de todo un pueblo, siguen temblando cuando se anuncian lluvias. ¿Puede volver a ocurrir algo similar? Seguramente no, pero tampoco han visto poner ni una sola piedra para poner en marcha aquellas infraestructuras guardadas en un cajón que podrían haber salvado vidas. Los Ayuntamientos han revisado sus propios protocolos y Protección Civil lanza, es caso de duda, esa alarma que tanto costó enviar el 29 de octubre.. 2025 ha sido el año en que la fatalidad puso a prueba al pueblo valenciano, una región que ha llorado más de lo normal y que también ha trabajado sin descanso para salir de esta. Para volver a mostrar su mejor cara, para poner en marcha empresas, negocios y vidas que quedaron sepultadas bajo el barro.
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